01 de marzo de 2011
01.03.2011

Medio millón de personas sufre el síndrome de la "chica burbuja"

Los médicos lamentan que la OMS no haya reconocido el síndrome de Sensibilidad Química Múltiple

01.03.2011 | 01:00
La vallisoletana Jennifer Sausa, afectada de Sensibilidad Química Múltiple.

Medio millón de españoles puede padecer algún grado de Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple (SQM) la enfermedad de la denominada "chica burbuja", una patología aún no reconocida plenamente por la Organización Mundial de la Salud y cuyos enfermos suelen sufrir, además, la incomprensión o escepticismo de muchos médicos que desconocen su existencia.
Así lo exponen los doctores Joaquim Fernández-Solà y Santiago Nogué, del Hospital Clínico de Barcelona, en el libro "Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple" (Viena Ediciones), donde recogen los aspectos generales de la enfermedad, las manifestaciones clínicas, posibles tratamientos o recomendaciones prácticas para los pacientes.
Nogué define la SQM como una enfermedad que se caracteriza por la pérdida progresiva de tolerancia a la presencia, en el medio ambiente, de agentes químicos diversos, como productos de limpieza, perfumes, pinturas, disolventes o hidrocarburos, aunque muchos extienden también esta hipersensibilidad a bebidas alcohólicas, alimentos y fármacos que antes toleraban, e incluso a las ondas electromagnéticas.
El desencadenante puede ser la exposición única o reiterada a uno o varios productos tóxicos -insecticidas, gases y vapores irritantes, derivados del petróleo, edificios enfermos, aunque no siempre se constata.

Un 1% de usuarios afectados
Por su parte, Fernández-Solà señala que los cálculos aproximados indicarían que hasta un 1 % de la población podría estar afectada por algún problema crónico de SQM, aunque sólo en un 10 % de estos afectados tendría una trascendencia grave.
El especialista indica que algunas de estas personas simplemente notan dolor de cabeza o irritaciones cuando, por ejemplo, acuden a un centro comercial y entran en contacto con el ambientador, y se les pasa cuando marchan, pero en otros casos se trata de trabajadores de industrias que están continuamente expuestos a productos que les provocan malestar y hacia los que desarrollan esta sensibilidad.

Análisis sin alteraciones
Así, al inhalar estos productos, estas personas sufren ahogo, dolor de cabeza, náuseas, fatiga extrema y mal estado general que les impide seguir en este ambiente. Al separarse del desencadenante mejoran progresivamente en horas o pocos días, pero en general los pacientes graves pierden gran de calidad de vida debido a la SQM.
El problema para diagnosticar la enfermedad es que no se producen alteraciones significativas en las pruebas analíticas de sangre u orina que permitan confirmar el diagnóstico: "no hay marcadores específicos, pese a lo cual el cuadro clínico es muy claro y característico", indica el doctor Fernández-Solà.
Santiago Nogué, que en 2009 coordinó la primera Reunión Nacional sobre SQM, advierte que "muchos de estos pacientes son injustamente etiquetados de una enfermedad psicosomática, de un síndrome ansioso-depresivo o de absentistas laborales", y que la incredulidad por la existencia real de la enfermedad suele abarcar desde los familiares, a su entorno laboral e incluso a los médicos de cabecera y otros especialistas.

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