El útero es un órgano fundamental en la reproducción femenina, ya que en él ocurre la gestación del bebé durante los 9 meses de embarazo.

En este sentido, cualquier alteración en el útero puede afectar al embarazo en mayor o menor medida, llegando a aumentar las tasas de aborto u ocasionar alteraciones en el crecimiento fetal. En los casos más complejos -y excepcionales-, pueden llegar a imposibilitar la gestación.

La prevalencia de alteraciones uterinas en la población general es del 3 %. No obstante, “la prevalencia de las alteraciones anatómicas uterinas es mayor en pacientes que acuden a centros de fertilidad por trastornos reproductivos”, explica el doctor Norman Gómez, ginecólogo del hospital Quirónsalud Valencia.

Así pues, esta puede llegar a ser el doble de frecuente en pacientes con imposibilidad de concepción tras un año de mantener relaciones sexuales periódicas (infertilidad); el triple de frecuente cuando la paciente acude por abortos de repetición (dos o más abortos); o hasta cinco veces más frecuente en los casos en los que a la paciente le cuesta quedarse embarazada y, además, al ocurrir la gestación esta acaba en un aborto.

Tipos de útero

Actualmente, existen muchas clasificaciones propuestas por sociedades científicas a nivel mundial para tratar de unificar criterios a la hora de definir un tipo de útero en particular.

Existen seis grandes grupos de úteros. ED

Sin embargo, en base a la clasificación europea propuestas por la Sociedad Europea de Reproducción Asistida entendemos que existen seis grandes grupos de úteros:

- El útero normal posee ciertas propiedades anatómicas que lo definen como tal.

- El útero dismórfico es el que se conoce como “útero en T”, porque su cavidad tiene esta particular forma y no la típica forma triangular de una cavidad de útero normal.

- El útero septo posee un tabique en el centro de la cavidad que la divide en dos partes iguales.

- El útero bicorne representa aquellos tipos en los que el útero está dividido por completo.

- El útero unicorne es aquel que supone solo el desarrollo de la mitad del útero; por tanto son útero muy pequeños en comparación con el normal (aproximadamente la mitad de tamaño).

- Por último, existen mujeres que nacen sin útero porque este no se llega a desarrollar. Estos casos se conocen como agenesias o ausencia de desarrollo.

Síntomas y consecuencias

Habitualmente, la gran mayoría de alteraciones anatómicas del útero no suelen dar síntomas hasta que la mujer alcanza una edad en la que se plantea la maternidad. En este punto es cuando se pone en evidencia la alteración en el útero, ya que dificulta en muchas ocasiones la gestación y conlleva un incremento en las tasas de aborto.

“Solo en aquellos casos de alteraciones anatómicas complejas, como la ausencia de útero o hemiuteros no comunicantes -aquellos que no conectan con la vagina-, suele manifestarse la ausencia de menstruación durante la pubertad”, advierte el doctor Gómez. Sin embargo, estos representan la minoría de casos que se suelen presentar.

Por otro lado, muchas de las alteraciones anatómicas uterinas desde el nacimiento se relacionan a largo plazo con el desarrollo de endometriosis. Además, debido a que el desarrollo embriológico del útero comparte ciertos procesos con el sistema urinario, “las alteraciones anatómicas del útero suelen ir asociadas a alteraciones renales y/o genitourinarias”, por lo que es recomendable estudiar las vías urinarias ante la presencia de alteraciones uterinas.

Por último, debido a que el útero representa el órgano reproductor femenino por excelencia, es lógico pensar que sus alteraciones conllevan a repercusiones negativas en el ámbito reproductivo. “Todas las malformaciones uterinas pueden afectar el embarazo, dependiendo del tipo de alteración que tenga la paciente”, señala el ginecólogo del hospital Quirónsalud Valencia. Así pues, estas pueden llegar a ocasionar abortos, alterar el crecimiento fetal o imposibilitar la gestación.

¿Cómo detectar las malformaciones uterinas?

Tradicionalmente, muchas de las alteraciones se diagnosticaban durante un acto quirúrgico por visualización directa, como una laparoscopia; en esta, se inspecciona la cavidad pélvica con una cámara que se introduce a través del ombligo.

Diferentes formas de malformaciones uterinas. ED

Sin embargo, los avances tecnológicos han permitido impulsar nuevas técnicas de imagen como la resonancia magnética y la ecografía 3D, como los Gold estándar para el diagnóstico de anomalías uterinas. “Con este tipo de técnicas, es posible hacer una representación tridimensional del útero y su cavidad para diagnosticar el tipo de anomalía anatómica que posee”, reconoce el doctor Norman Gómez.

En este sentido, la ecografía está muy difundida en la mayoría de las consultas ginecológicas rutinarias, especialmente en los centros de fertilidad; por su parte, la resonancia magnética tiene la peculiaridad de que permite valorar simultáneamente las vías urinarias y riñones que, en ocasiones, pueden estar alterados ante anomalías del desarrollo uterino.

Son técnicas inocuas y muy bien toleradas por el paciente”, añade el doctor Gómez. Al respecto de esto, el ginecólogo del hospital Quirónsalud Valencia subraya que existe otro tipo de prueba que podría tener alguna relevancia: “La histerosalpingografia es la aplicación de un medio de contraste (radiopaco) a través del cuello del útero para dibujar la silueta de la cavidad uterina y las trompas de Falopio”; no obstante, esta técnica requiere la confirmación del hallazgo con los estudios de imagen antes mencionados.

Posibles terapias y tratamientos

El grueso de las alteraciones uterinas que se suelen ver en los centros de reproducción asistida suelen ser susceptibles de corrección quirúrgica. “Con los avances tecnológicos de hoy en día, los procedimientos de corrección suelen ser relativamente sencillos”, confiesa el doctor Norman Gómez.

Habitualmente, la vía de abordaje para corregir este tipo de alteraciones es mediante una histeroscopia, que implica la introducción de una cámara con un canal de trabajo a través del cuello del útero para acceder a la cavidad uterina y corregir la anomalía que presente la paciente. “Hablamos de equipos de entre cuatro y siete milímetros de diámetro -explica el doctor-. Suele ser un procedimiento que, en la mayoría de los casos, es ambulatorio”.

De esta forma, el paciente recibe el alta pocas horas después de la operación y puede reanudar su actividad física o laboral al día siguiente de la intervención.

Sin embargo, desafortunadamente existen malformaciones uterinas que no pueden corregirse de ninguna manera. Según el doctor Gómez, estas son “las menos frecuentes y se presentan en muy raras ocasiones”. 

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