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Alimentación

La comida basura entorpece la mente

Un estudio siguió a 10.700 adultos durante ocho años | Aquellos con mayor ingesta de este tipo de alimentos presentaron un empeoramiento un 28% más rápido

Artículos de bollería industrial en un supermercado. PABLO SOLARES

Un mayor porcentaje de consumo diario de alimentos ultraprocesados se asocia con un deterioro cognitivo más rápido, por lo que limitar su consumo podría vincularse a un menor empeoramiento de esta función en adultos de mediana edad y mayores. Esta es la principal conclusión de un estudio de científicos de la Universidad de Sao Paulo, de otras facultades de Medicina brasileñas y de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard (Boston, EE UU), publicado ayer en la revista médica “AMA Neurology”. La investigación realizó un seguimiento a 10.775 adultos durante una media de ocho años.

Aunque el consumo de alimentos ultraprocesados –como la bollería industrial, embutidos, sopas de sobre, patatas fritas...– se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico y obesidad, hasta ahora se conocía poco sobre la asociación de la ingesta de este tipo de productos con el deterioro cognitivo. Este es el primer estudio que los relaciona.

El trabajo, cuya primera autora es Natalia Gomes Gonçalves, del departamento de Patología de la Escuela Médica de la Universidad de Sao Paulo, analizó a la cohorte en tres olas, separadas aproximadamente por cuatro años, de 2008 a 2017.

Los participantes fueron funcionarios públicos de 35 a 74 años reclutados en seis ciudades brasileñas. Se excluyeron los participantes que informaron de una ingesta calórica extrema (menos de 600 o más de 6.000 kilocalorías al día) y aquellos que tomaban medicamentos que podrían interferir negativamente con el rendimiento cognitivo. Se midió el consumo diario de alimentos ultraprocesados como porcentaje de la energía total dividido en cuartiles.

Los cambios en el rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo –entre 6 y 10 años– fueron evaluados mediante pruebas de recuerdo inmediato y diferido de palabras, reconocimiento de palabras y fluidez verbal, entre otros métodos. Se midió el empeoramiento de la memoria y de las funciones ejecutivas. Las personas con mayor consumo de ultraprocesados presentaron un deterioro cognitivo más rápido a lo largo del tiempo. En concreto, registraron una tasa de deterioro un 28% más rápida en comparación con aquellos que consumían una menor cantidad de alimentos ultraprocesados.

“Este estudio es, sin duda, un avance más en el conocimiento del efecto negativo de los ultraprocesados en la salud, en este caso en aspectos cognitivos”, apunta Carmen Romero Ferreiro, bióloga y bioestadística de la Unidad de Investigación y Soporte Científico del Instituto de Investigación Hospital 12 de Octubre.

“Es el primer estudio que relaciona el consumo de ultraprocesados con el deterioro cognitivo”, señala la también profesora del Grado en Nutrición en la Universidad Francisco de Vitoria, que añade que el trabajo es “original” y “se basa en una muestra grande pero no completamente representativa de la población, puesto que solo incluye funcionarios públicos de edad adulta”. “La metodología empleada es buena –precisa– y tiene en cuenta los principales factores de confusión”, apunta a SMC.

Jordi Júlvez: "El estudio es muy bueno, de una muestra muy grande y con un diseño correcto"

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Como otra de las posibles limitaciones del estudio, Romero Ferreiro señala que “solo se recogieron datos de dieta al inicio del estudio y no a lo largo del seguimiento, ignorándose así los posibles cambios en los hábitos alimentarios que pudieron tener los sujetos”.

Por su parte, Jordi Júlvez, jefe de grupo del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV), declara a SMC que “el estudio es muy bueno, de una muestra muy grande y con un diseño correcto”. “No hay limitaciones importantes. Las variables de confusión son correctas”. Júlvez, investigador asociado del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), destaca el carácter “novedoso” de esta investigación, porque “hay muy pocos estudios sobre los efectos de los ultraprocesados en cognición”.

Ultraprocesados y depresión

Aunque este trabajo es pionero en el estudio de la relación entre el consumo de comida ultraprocesada y cognición, ya se han investigado los efectos de estos productos en la salud mental. Hace tres años, un estudio de la Universidad de Navarra e investigadores del Ciberobn, Centro de Investigación Biomédica en Red, concluyó que ingerir más de cuatro raciones diarias de productos ultraprocesados –por ejemplo, un refresco, tres galletas industriales y un bol de pseudocereales– puede incrementar un 33% el riesgo de desarrollar depresión. El estudio se realizó durante más de diez años en 14.000 estudiantes universitarios voluntarios procedentes de toda España.

Como señaló entonces a FARO la participante en el estudio Clara Gómez Donoso, cierto tipo de ingredientes de los alimentos ultraprocesados pueden incidir en la microbiota intestinal. “Al parecer, hay un eje intestino-cerebro que puede explicar por qué afecta a la depresión”, detalló la investigadora. Es posible que ese mismo mecanismo explique también el vínculo entre alimentos ultraprocesados y deterioro cognitivo.

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