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Tu piel en primavera: más luz, más exposición y mayor riesgo, según IMR

El Instituto Médico Ricart advierte del aumento de patologías cutáneas en esta época y destaca la importancia de la fotoprotección y la prevención para llegar al verano con una piel sana

IMR aconseja cómo cuidar nuestra piel durante la primavera.

IMR aconseja cómo cuidar nuestra piel durante la primavera. / ED

Sara Rodríguez

València

Con la llegada de la primavera, los cambios en la exposición solar, la temperatura y las horas de luz tienen un impacto directo en la salud de la piel. Desde el Instituto Médico Ricart, señalan que este cambio de estación no solo altera el equilibrio cutáneo, sino que también puede agravar patologías existentes y favorecer la aparición de nuevas afecciones.

Uno de los factores clave es el aumento progresivo —y muchas veces inadvertido— de la exposición a la radiación ultravioleta. Esta exposición acumulada no solo acelera el fotoenvejecimiento, sino que también puede empeorar enfermedades cutáneas preexistentes, favorecer la aparición de dermatosis fotoinducidas e incluso, a largo plazo, provocar daño en el ADN celular con el consiguiente riesgo de cáncer de piel.

Además, la subida de las temperaturas trae consigo problemas típicos de esta época, como irritaciones en pliegues, foliculitis o infecciones como la pitiriasis versicolor.

Patologías más frecuentes en primavera

Según la especialista de IMR Marta González, durante estos meses es habitual observar un empeoramiento de patologías como la rosácea o el melasma, así como de enfermedades fotosensibles como el lupus. A ello se suma la aparición de cuadros característicos de la estación, como la erupción polimorfa lumínica, conocida popularmente como “alergia al sol”.

La primavera es clave para preparar la piel antes del verano y reforzar la protección solar desde dentro y fuera

La primavera es clave para preparar la piel antes del verano y reforzar la protección solar desde dentro y fuera / ED

La protección solar, el pilar clave

Frente a este escenario, la dermatóloga insiste en que no es necesario modificar por completo la rutina de cuidado de la piel, siempre que esta esté bien adaptada. Sin embargo, sí subraya la importancia de reforzar la fotoprotección diaria.

“El fotoprotector es el mejor antiedad que existe. Se recomienda utilizar un fotoprotector solar de amplio espectro con un factor de protección solar de al menos 50 y con luz visible (y luz azul) para prevenir aún más la aparición de manchas”, destaca.

Asimismo, la introducción de antioxidantes en la rutina matinal —como la vitamina C, la vitamina E, la niacinamida o el resveratrol— ayuda a combatir el estrés oxidativo generado por la exposición solar.

Primavera: el momento estratégico para preparar la piel

Lejos de ser solo una época de transición, la primavera se presenta como un momento clave para preparar la piel de cara al verano. Iniciar cuidados con dos o tres meses de antelación permite optimizar la función barrera, introducir activos específicos y realizar tratamientos de forma progresiva y segura.

En algunos casos, también puede ser recomendable complementar la protección con fotoprotectores orales, especialmente en pieles con tendencia a manchas o alta fotosensibilidad, aunque siempre como complemento —nunca sustituto— de la protección tópica.

Tratamientos médico-estéticos: naturalidad y prevención

En consulta, el objetivo en esta época es recuperar la luminosidad, mejorar la textura y reforzar la calidad cutánea sin agredir la piel. Entre los tratamientos más habituales destacan Hydrafacial, Carbon peel, Mesoterapia con exosomas o Polinucleótidos y Neuromoduladores, que además de suavizar arrugas, mejoran la textura y aportan un aspecto más descansado.

Para tratar pieles con manchas o signos de fotoenvejecimiento, tecnologías como la Luz pulsada intensa (IPL) o los láseres de picosegundos permiten mejorar el tono y estimular la producción de colágeno.

No obstante, la doctora advierte: “En primavera solemos optar por peelings superficiales y controlados, especialmente cuando queremos mejorar tono, textura o pigmentación leve, minimizando la inflamación y el riesgo de hiperpigmentación postinflamatoria”.

Tratamientos que requieren precaución

Aunque no existen tratamientos prohibidos, algunos procedimientos más agresivos —como ciertos láseres ablativos o el CO₂— pueden provocar inflamación y aumentar el riesgo de manchas si hay exposición solar posterior, por lo que suelen posponerse.

En cambio, otras tecnologías como los láseres no ablativos o la radiofrecuencia con microagujas pueden realizarse durante todo el año, siempre bajo supervisión médica.

Una piel bonita empieza por una piel sana

Desde IMR insisten en que no existe una combinación universal de tratamientos, ya que cada piel requiere un diagnóstico personalizado. La clave está en combinar una rutina cosmética adecuada con tratamientos médicos bien indicados. “El objetivo no es solo mejorar el aspecto de la piel, sino también prevenir el daño solar y mantenerla equilibrada y saludable”, concluyen.

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