La soledad y el estrés social, nuevos factores clave en el aumento de enfermedades cardiovasculares
La falta de actividad física, una alimentación desequilibrada y el aumento del tiempo frente a pantallas son factores que potencian la obesidad, la diabetes y la hipertensión
La contaminación ambiental es otro factor clave, responsable de hasta el 25% de las muertes por cardiopatía isquémica, detalla la doctora Alicia Serrano, cardióloga del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre

Doctora Alicia Serrano, cardióloga de la Unidad de Cardiología del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre. / Vithas
Sara Rodriguez Val
Profesionales del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre alertan del impacto creciente que factores sociales como la soledad, el estrés crónico, el sedentarismo y la contaminación están teniendo sobre la salud cardiovascular. Según la doctora Alicia Serrano, cardióloga de la Unidad de Cardiología del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre integrada en el Instituto Cardiovascular Vithas, “estos elementos, cada vez más presentes en la vida moderna, contribuyen a un aumento significativo de infartos, ictus y otras patologías cardiacas”.
Según una declaración oficial de la American Heart Association, la soledad y el aislamiento social aumentan en torno a un 30% el riesgo de infarto o ictus. Este dato se ve reforzado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que alerta de que la desconexión social está implicada en más de 871.000 muertes anuales a nivel global, asociadas a cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades graves.
La profesional afirma que “estamos viendo un aumento progresivo de pacientes cuyo corazón no solo se ve afectado por la hipertensión o la diabetes, sino por el contexto emocional y social. La soledad, en particular, se ha convertido en un elemento de riesgo tan relevante como los factores clínicos tradicionales”. La doctora Serrano añade que “la soledad actúa de forma fisiológica sobre el sistema cardiovascular puesto que la falta de interacción social incrementa la inflamación basal del organismo, eleva la presión arterial y potencia los efectos del estrés crónico. Todos estos mecanismos, sumados, explican por qué la soledad incrementa de manera tan clara el riesgo de infarto o ictus”.
A la soledad se suma el aumento sostenido del estrés emocional y laboral. La activación continua del sistema de alerta del organismo provoca hipertensión, alteraciones del ritmo cardíaco y un deterioro progresivo de la función del corazón. La doctora Serrano insiste, “el estilo de vida actual —con jornadas extensas, dificultad para conciliar, presión laboral y escaso tiempo de descanso real— está generando un terreno fértil para la aparición de enfermedad cardiometabólica. Las consultas se llenan de personas jóvenes con síntomas derivados del estrés sostenido”.
Sedentarismo y contaminación
Según la especialista, “la falta de actividad física, la alimentación desequilibrada y el aumento del tiempo frente a pantallas son factores que, combinados con la soledad, potencian la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Estas patologías son la base de gran parte de las enfermedades cardiovasculares diagnosticadas en la actualidad”
“Por otra parte, -señala la profesional-, la contaminación ambiental es otro factor clave, responsable de hasta el 25% de las muertes por cardiopatía isquémica. La exposición prolongada a partículas contaminantes puede desencadenar inflamación sistémica, aumentar la viscosidad sanguínea y favorecer la formación de trombos”. “Además, la contaminación añade una carga adicional a un sistema cardiovascular ya estresado por factores sociales y emocionales. En pacientes vulnerables, este impacto puede precipitar eventos agudos”, añade la doctora Serrano.
Por todo ello, dentro de las recomendaciones del equipo de cardiología se proponen actuaciones clave para reducir el riesgo como favorecer el contacto social regular con familiares, amigos o actividades comunitarias; identificar y gestionar el estrés mediante técnicas de relajación, apoyo profesional o hábitos de autocuidado y mantener una actividad física continuada de al menos 150 minutos semanales y una dieta equilibrada.
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