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El fin de las caras clónicas: la cirugía estética ya no quiere cambiarte, sino devolverte a ti mismo

El Dr. Roberto Moltó analiza el cambio de paradigma en la cirugía estética facial: de buscar un rostro nuevo a recuperar una versión reconocible, descansada y natural de uno mismo.

Resultado natural de una paciente tras realizarse una blefaroplastia con el doctor Moltó.

Resultado natural de una paciente tras realizarse una blefaroplastia con el doctor Moltó. / D. M.

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Sara Rodriguez Val

València

Una revolución silenciosa se ha ido produciendo en las consultas de las clínicas Dr. Moltó. Hace un tiempo era habitual que los pacientes llegaran con la foto de una influencer del momento, queriendo parecerse a ella. Hoy ese perfil es casi la excepción. Según el Dr. Roberto Moltó, lo que se encuentran ahora son pacientes que sacan el móvil con una foto suya de hace diez años y le dicen: ya no me veo así, me veo envejecido, cambiado, quiero volver a parecerme a este.

En el fondo quieren mejorar, pero sin que el resultado parezca artificial. Quieren seguir siendo ellos mismos -esa persona con la que se encontraban a gusto y que el paso del tiempo ha ido deformando-. Según explica, lo que quieren es salir del quirófano sin que su cara grite a los cuatro vientos: ¡miradme, me he operado!

Vivimos una época en la que la cirugía estética corre el riesgo de presentarse como un producto de consumo más: técnicas de moda promocionadas en redes, paquetes cerrados, promociones y soluciones aparentemente válidas para todos. Pero el cuerpo humano no funciona con modelos estándar. Cuando se pierde la valoración individual, aparecen resultados poco armónicos: narices que se parecen demasiado entre sí, rasgos artificiales, cambios que no encajan con la identidad del paciente. En definitiva, resultados que no armonizan contigo.

El Dr. Roberto Moltó.

El Dr. Roberto Moltó. / D. M.

Rejuvenecimiento facial natural: respetar la identidad

Por ello, para Roberto Moltó el objetivo final no debe ser transformar al paciente en otra persona, sino ayudarle a mejorar respetando su anatomía, su expresión y su identidad. Y no hay ejemplo más claro de esto que la blefaroplastia, la cirugía de los párpados.

La mirada como eje del rostro

El doctor detalla que nada nos identifica y nos representa tanto como la mirada. Al analizar la de otra persona, nuestro cerebro decide en segundos si esa persona es joven, está cansada o tiene esa chispa de vitalidad que llamamos "brillo en la mirada". Y nada hunde tanto, visualmente, como unos ojos semiocultos por piel sobrante, arrugas y bolsas que dan un aspecto cansado y envejecido.

"Por mucho que por dentro nos sintamos jóvenes y activos, para quien nos mira es difícil pasar ese filtro. La cirugía no podía quedarse al margen de esta demanda, y en los últimos años ha vivido una auténtica revolución, doble: de concepto y de tecnología", manifiesta Moltó.

Entre todos los procedimientos que reflejan este cambio de mentalidad, la cirugía de párpados es probablemente uno de los más claros: porque los resultados de la blefaroplastia no cambian la identidad del rostro, sino la forma en que esa identidad se expresa a través de la mirada.

Ojos de una paciente antes de realizarse una blefaroplastia.

Ojos de una paciente antes de realizarse una blefaroplastia. / D. M.

La misma paciente anterior, pero tras la blefaroplastia.

La misma paciente anterior, pero tras la blefaroplastia. / D. M.

Cinco claves de la blefaroplastia actual

Para Moltó, considera clave solicitar cinco novedades concretas a la hora de exigir una blefaroplastia. "Durante muchos años la blefaroplastia consistió, básicamente, en quitar: cuanta más piel y más grasa se retirara, mejor resultado se consideraba. El problema es que esto producía ojos muy abiertos, sí, pero también vacíos, redondos, sin expresividad", confiesa el doctor. En contraposición, hoy en día se sabe que el párpado necesita volumen para verse joven, no ausencia de él. Por ello, "la cirugía actual no resta sin más: reordena".

Reposicionar la grasa en lugar de eliminarla

Una de las claves de ese cambio es el reposicionamiento de la grasa orbitaria para tratar el surco lagrimal, en vez de limitarse a "quitar bolsas". Moltó lo deja claro: "Esa misma grasa que antes se desechaba, convenientemente desplegada, rellena el surco que se forma bajo el ojo y que tanto rechazamos: esa sombra oscura que nos hace parecer agotados aunque hayamos dormido bien. Es, literalmente, usar lo propio del paciente para devolverle su propia cara, sin añadir nada extraño".

Sin cicatriz visible

El abordaje transconjuntival en el párpado inferior —es decir, operar por dentro del párpado, sin incisión en la piel— permite tratar las bolsas sin dejar cicatriz cutánea y reduciendo el riesgo de retracciones, esa apariencia de "ojo tirado hacia abajo" que tanto suelen temer estos pacientes. Cuando no hay exceso de piel y el problema es solo la bolsa, este abordaje deja la musculatura perfectamente funcional y cero cicatriz visible.

Sostener el párpado, no solo estirarlo

En la actualidad, Moltó recuerda que la blefaroplastia inferior ya no se entiende sin valorar el soporte del propio párpado, mediante técnicas de canthopexia o canthoplastia preventiva. "Esos ojos redondos, con el párpado caído en forma de "ojo de pez", ya no tienen justificación cuando se puede reforzar profilácticamente ese soporte", alega. El resultado es una mirada que mantiene su forma con el tiempo y permite esa forma rasgada y elegante que tanto se busca.

Una unidad, no piezas sueltas

El último gran cambio de enfoque es tratar la zona periocular como una sola unidad estética —párpado, ceja, canto lateral, surco lagrimal y la unión entre párpado y mejilla— en lugar de operar cada elemento por separado. "Combinando esto con rellenos mediante lipofilling o micropeelings nutritivos con vitaminas y péptidos, se consigue realzar el conjunto sin que ninguna zona quede descompensada respecto a las demás", expone.

Y, además, con anestesia local

Pero si hay algo que de verdad sorprende a la mayoría de los pacientes es que casi todos estos procedimientos se realizan con anestesia local, de forma ambulatoria. El doctor confirma que el paciente entra, se opera y en cuestión de minutos puede volver a su casa, sin las molestias ni los riesgos de una anestesia general, con un postoperatorio sencillo y breve: cinco días, como máximo, con gafas oscuras.

"Esa es la mejor síntesis de hacia dónde se dirige hoy la cirugía estética de alto nivel: menos invasiva, más precisa y, sobre todo, más respetuosa con quién es cada paciente", concluye Moltó. Porque la paciente que llega con la foto de hace diez años no busca inventarse una cara nueva ni transformarse por transformar. Busca, simplemente, que la ciencia y el criterio médico de un profesional experimentado le ayuden a volver a reconocerse en el espejo. Y esa es la verdadera revolución.

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Mapa de la Clínica de Cirugía Estética en Valencia Dr. Moltó.
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