La salmonella, según la Organización Mundial de la Salud, es una de las cuatro principales causas de enfermedades diarreicas.

Y aunque la mayoría de las infecciones que provoca son leves, la gravedad de la enfermedad "depende de factores propios del huésped y del serotipo de Salmonella".

La Salmonella es un género bacteriano de la familia Enterobacteriaceae.

Esta enfermedad bacteriana se produce por la ingesta de alimentos crudos o mal cocinados, o por contacto con animales portadores de esta bacteria. Y en los meses más calurosos, la rotura de la cadena del frío de alimentos como el huevo es el principal causante de esta infección gastrointestinal.

¿Sólo se transmite por el huevo?

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición también aclara que la transmisión de una persona a otra es posible y tiene su origen en la deficiencia en la higiene de las manos.

Y es bueno saber que los asintomáticos y las personas enfermas también pueden ser fuente de infección.

Pero aunque tradicionalmente la salmonelosis se ha asociado al consumo de huevo y productos a base de huevo crudo o poco cocinados (como, por ejemplo, mayonesa), no son las únicas causas.

La carne cruda o poco cocinada, la leche y los productos lácteos también pueden ser causantes de esta enfermedad.

Esta infección es la segunda enfermedad que se transmite de animales al hombre más notificada en la Unión Europea. Y la primera causa de brotes alimentarios en el mundo.

Los datos hablan por sí solos: 52.702 casos confirmados en 2020. Solo en España (y en plena pandemia del coronavirus) se declararon 3.526 casos en humanos.

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¿Qué síntomas provoca la salmonelosis?

Es importante aclarar que los síntomas aparecen entre 6 y 72 horas después de la ingesta de los alimentos contaminados con Salmonella.

La enfermedad, que tiene una duración estimada entre 2 y 7 días y causa los siguientes síntomas:

  • Fiebre (que aparece bruscamente).
  • Dolor abdominal.
  • Diarrea.
  • Vómitos.
  • Mialgias.
  • Cefalea.

El principal riesgo de la salmonelosis es la deshidratación, sobre todo en niños pequeños y ancianos, que causa la enfermedad y que puede poner en riesgo de la vida de estos grupos de edad.

La AESAN también señala que un 5% de los pacientes (la mayoría inmunodeprimidos) con esta enfermedad sufren infección sistémica que puede derivar en meningitis, encefalopatía, endocarditis (cuando los gérmenes entran en el corazón) o neumonía.

¿Cómo saber si un huevo está en mal estado?

Aunque siempre puede haber alguna bacteria en el envase o en el propio huevo, se pueden utilizar trucos caseros para saber si un huevo está en perfecto estado o, por el contrario, podría estar contaminado con Salmonella.

Sumergir el huevo en agua

Es el truco más sencillo. Para ello solo necesitas un recipiente con agua para sumergir el huevo, con el que obtendremos tres escenarios.

  • Si el huevo se hunde rápidamente, está en perfecto estado para su consumo. Sin embargo,
  • Si se hunde lentamente hasta el fondo debe consumirse lo más rápido posible y,
  • Si flota, está en mal estado.

Cocer el huevo

Una vez hayas cocido el huevo, tenemos que cortarlo por la mitad para analizar su interior. Si la yema está centrada, podemos comer el huevo con toda tranquilidad, ya que es apto para su consumo.

No obstante, si la yema no está centrada, todo indica a que no está en buen estado y podría estar contaminado.

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¿Por qué nunca deberías cascar el huevo en la sartén?

Romper el huevo en el mismo recipiente (ya sea en la sartén o en el mismo bol) es una práctica que todos hacemos, pero que puede contraer riesgos para nuestra salud.

La razón es que se podría producir contaminación cruzada. Si la cáscara está contaminada con alguna bacteria, entrará en contacto a través de estos utensilios de cocina.

¿Debemos lavar los huevos?

No. Ni siquiera cuando tienen restos de suciedad como plumas, pajas o excrementos.

Si se lavan antes de guardar en el frigorífico se elimina la película protectora natural que tiene la cáscara, que es porosa, y con ello les daríamos a las bacterias “vía libre” para acceder al alimento y contaminarlo.

Además, es recomendable almacenarlos en la nevera en una huevera, aislada del resto de alimentos, para evitar en la medida de lo posible la proliferación de bacterias y la contaminación cruzada.