NEFROLOGÍA
El calor extremo también afecta al corazón y los riñones: los nefrólogos alertan de estas señales
Las altas temperaturas pueden desequilibrar la relación entre corazón y riñones, dificultando la filtración de sangre y la respuesta del organismo ante la bajada de presión arterial

Borja Quiroga, nefrólogo del Hospital Universitario La Princesa de Madrid, explica cómo responde el eje corazón-riñón ante las altas temperaturas / Cedida
El calor extremo no afecta de la misma manera a todo el organismo. La deshidratación y la bajada de la presión arterial pueden poner especialmente a prueba la relación entre el corazón y los riñones, dos órganos cuyo funcionamiento está estrechamente conectado. En las personas que ya tienen una enfermedad cardíaca o renal, además, la capacidad de respuesta ante estas situaciones puede ser menor.
Borja Quiroga, nefrólogo del Hospital Universitario La Princesa de Madrid y coordinador del grupo de Medicina Cardiorrenal, explica cómo responde el organismo ante las altas temperaturas y cuáles son las señales que pueden advertir de que el calor está afectando a esta relación.
¿Cómo afecta el calor extremo al corazón y riñón?
"En el organismo, el corazón y el riñón están conectados por los vasos sanguíneos. Para que un órgano funcione, el otro debe hacerlo correctamente también", explica el nefrólogo. Cuando las temperaturas suben y no existe una hidratación adecuada, "nos baja la presión arterial".
En el caso del riñón, esta situación puede dificultar su capacidad para filtrar sangre. “Cuando esta sangre alcanza el riñón, que para depurar necesita que la sangre que le llega tenga una presión mínima, este no es capaz de filtrar y el eje con el corazón entra en una peligrosa rueda”, señala Quiroga.
A esto se suma la dilatación de los vasos sanguíneos, un mecanismo que permite disipar el calor. "Esta vasodilatación hace que la presión arterial baje lo que automáticamente genera la puesta en marcha de sistemas que denominamos presores y que lo pretenden es mantener el tono vascular lo más normal posible". Si estos mecanismos se mantienen, añade, "el riñón es incapaz de mantener la presión arterial y se produce un fallo de dicho órgano".
Los pacientes crónicos tienen menos margen de respuesta
Las personas con enfermedades crónicas, especialmente aquellas que afectan al corazón o a los riñones, deben prestar especial atención durante los episodios de calor extremo. “Las enfermedades crónicas, como la enfermedad renal, hace que dispongamos de menos tejido sano para mantener las funciones orgánicas”, apunta Quiroga.
También las personas mayores forman parte de los grupos más vulnerables. El especialista explica que “el mecanismo de activación de la sed se va perdiendo con la edad y por eso en la población mayor hay que insistir en la hidratación antes situaciones de calor extremo”.
Las consecuencias pueden ir más allá de un episodio puntual. “Las olas de calor limitan la cantidad de sangre que alcanza los órganos, lo que puede producir isquemia, es decir, cese del riego y por tanto de la oxigenación”, explica. Cuando existe una enfermedad previa, la recuperación puede resultar más complicada: “Sin embargo, si disponemos de poca reserva orgánica porque estos están lesionados, entonces la recuperación ante este tipo de agresiones puede ser más lenta o ser irreversible”.
La presión arterial, una de las señales de alerta
Entre los síntomas a los que prestar atención, el especialista destaca especialmente el descenso de la presión arterial respecto a las cifras habituales de cada persona.
En general, apunta que “las cifras de presión arterial deberían situarse entre 100 y 130 mmHg de sistólica (la alta)”, aunque matiza que cada paciente puede tener unas cifras habituales diferentes.
“Si disminuye por debajo de 100 mmHg, entonces debemos ponernos en alerta salvo que la persona acostumbre a tener esas presiones de forma habitual”, explica.
A este indicador se suman otras señales que pueden servir como aviso:
- presentar intensa sed
- sentir mareo o inestabilidad
- dejar de orinar durante muchas horas seguidas
Son síntomas que, en pleno verano y especialmente entre quienes cuentan con una función cardíaca o renal alterada, pueden indicar que el organismo está teniendo dificultades para responder al calor.
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