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La Comunitat se rompe por su sanidad

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GREGORIO MARTÍN Aunque España sabe de diferencias económicas, culturales y de servicios entre sus tierras y sus gentes, desde nuestra transición democrática nunca había vivido una desigualdad tan lacerante como la que vivimos en el cuidado sanitario, que en estos momentos colocan a la Comunitat Valenciana como la autonomía más pobre en este terreno. Para evitar equívocos, lo que sigue es una reflexión de un defensor de la sanidad pública; en términos televisivos, un adversario de House, muestra de una medicina para minorías que gasta el 16% de su PIB, con una vida media en EE UU bastante menor que la española y que sólo tiene un gasto sanitario del 9%.
Escribo lo que sigue como resumen de informes acerca de posibles soluciones informáticas al problema que aquí vivimos. Me sería fácil recurrir sólo a lo último publicado (Levante-EMV del 21 de enero pasado), según lo cual, en este año un riojano dispondrá de 1.525.57 euros en salud y un valenciano tendrá un 44% menos, hasta el promedio de 1.058.68 euros por persona (¡una cifra incluso inferior a los últimos datos consolidados del año 2004!). Desgraciadamente, los números que me salen son peores, por lo que con toda la modestia, quizás sea bueno que los ciudadanos sepan cómo se va a afrontar su derecho a la salud en esta tierra.
Las estimaciones anteriores son el resultado de dividir el presupuesto autonómico del 2007 por la última cifra de habitantes del Instituto Nacional de Estadística, que razonablemente lleva un año de retraso (el pasado 2 de enero supimos que a finales de 2005 éramos 44.708.964 los censados en España, de los cuales 4.806.908 lo estaban en la Comunitat Valenciana).
Sin embargo, los números son otros; la conselleria habla de 5, 2 millones de personas como receptoras de sus servicios sanitarios, de las que 4,5 millones serían españoles (a la cifra de censados hay que descontar los más de 200.000 ciudadanos con asistencia sanitaria a través de mutuas) y el resto, unas 700.000, proceden del extranjero. Sin querer marear con cifras, quédense con que si se divide el presupuesto de la conselleria (a pesar de su notable incremento) por los usuarios potenciales, la cifra no llega a los 1.000 euros por persona para 2007 y con esta cantidad es difícil pensar que nuestra salud vaya a estar razonablemente cuidada.
Desgraciadamente para los valencianos, haber dado la gestión de la sanidad a las comunidades autónomas puede incidir sobre nuestra esperanza de vida. Asumiendo que 2003 es el primer ejercicio consolidado tras esta asunción de competencias por parte de todas las autonomías en España, se observan diferencias regionales que no se corresponden con los factores demográficos: en 2005, los que vivíamos en la Comunitat Valencana éramos el 10,9% de los españoles, mientras que nuestro gasto sanitario sólo alcanzaba el 9,5 % del total.
La descentralización no está funcionando como debía. Lo acaba de decir una persona tan poco sospechosa de centralismo co-mo la consellera catalana, que reclama que las comunidades autónomas al menos den los mismos datos al Ministerio de Sanidad, ya que no hay rigor en la presentación de los mismos (la Comunidad de Madrid simplemente hace una estadística por su cuenta), mientras que lo único que hace el ministerio es colgar lo que recibe en su web, sin hacer el seguimiento de las garantías de igualdad entre españoles, vivamos donde vivamos.
Aunque me consta el esfuerzo que está haciendo parte del equipo de la actual conselleria, el agujero valenciano tiene difícil solución, al tener que convivir, por un lado, con las locuras de una serie de irresponsabilidades (Canal 9, Terra Mítica, aeropuerto de Castellón, etcétera) propiciadas desde la propia Generalitat (que poco a poco se están convirtiendo en materia de Código Penal), y por otro, con incapacidades técnicas tan graves y vergonzosas como los episodios médico-informáticos que sufren nuestros facultativos.
Algunas reivindicaciones que ahora surgen desde la Comunitat Valenciana pueden tener sentido y hará bien el PSPV tratando de ayudar en la búsqueda de soluciones. Sin embargo, la dura realidad es que nuestra asistencia sanitaria está en grave riesgo. Una degradación que es responsabilidad de distintos equipos de la consellería en estos últimos años. Pero esta aseveración es un flaco consuelo para el que sufre una noche en un pasillo de urgencias.
Aunque decirlo a cuatro meses de unas elecciones suene a voluntarismo decimonónico hay que decir que si no se encuentra un marco de acuerdo en las próximas semanas, son muchos los valencianos (o que viven en la Comunitat Valenciana) cuyo riesgo de muerte se va a incrementar. Desgraciadamente, la sanidad pública precisa de unos recursos, humanos y técnicos, para los que no se tiene presupuesto aquí y ahora. Blasco, Camps, Pla? ¿van a hablar?
*Catedrático de Ciencias de la Computación. Universitat de València.

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