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Una OPEP de médicos

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JUAN SIMÓ Este verano (el pasado 25 de julio), en estas mismas páginas, concluía que la actual falta de médicos esconde una evidente mala gestión de la sanidad pública. Una gestión facilona basada en la existencia de un petróleo barato al que se despreció por abundante durante años. Por petróleo barato entendía la supuesta sobreabundancia de médicos que teníamos en España (aquella famosa bolsa de 20.000 médicos en paro) que beneficiaba al principal contratador (la sanidad pública) pues la ley de la oferta y la demanda favorecía a éste, el cual se permitía ofrecer los peores puestos, condiciones laborales y remuneraciones, precisamente, a esta bolsa de médicos. Ese pan para hoy de entonces nos ha traído el hambre de ahora.
Hace pocos días supimos por Addeco que la sanidad pública tiene un déficit de 9.000 médicos. Casi al mismo tiempo también supimos, por CESM y la UAM, que más de 8.500 médicos han emigrado de España al extranjero durante los últimos años. Por lo tanto, parece que las previsiones sobre la necesidad de médicos se hicieron bien: nos faltan 9.000 médicos, prácticamente el mismo contingente que ha emigrado (más de 8.500). El problema es que los que hacían esas previsiones no contaban con que muchos de nuestros médicos, maltratados laboral (indigna precariedad en el empleo), educacional (escasas plazas MIR durante muchísimos años) y salarialmente (los, todavía hoy, peor pagados de la Europa desarrollada), decidirían atravesar nuestras fronteras y emigrar para poder ganarse la vida o especializarse. Por no hablar de aquellos que no emigraron pero que, al no poder incorporarse al sistema para especializarse ni para ejercer con continuidad y dignidad su profesión, la abandonaron y se dedicaron a otra cosa.
Quienes durante años, décadas, decidieron cuántas plazas MIR sacar del total de acreditadas, cuántas plazas cubrir con estabilidad en el empleo del contingente total y cuánto sueldo pagar a los médicos de la sanidad pública, son los responsables de todo esto. Los políticos, los políticos gestores y los gestores políticos que han decidido todo esto se han equivocado (¿a sabiendas?) año tras año. ¿Alguno de ellos ha reconocido este error arrastrado durante tres décadas o pagado por él? Porque, claro, ¿qué se le puede decir ahora a todos esos licenciados (miles) que durante muchos años no pudieron acceder a una especialidad porque los sucesivos responsables no sacaron más plazas MIR que las que sacaban? ¿Qué se le puede decir ahora a todos esos jóvenes (miles) que pretendieron estudiar Medicina y cuya nota media (elevada, por cierto) de bachiller y selectividad no superaba por pocas centésimas el más elevado corte del numerus clausus? ¿Qué se le puede decir a todos esos médicos (¿cientos? ¿miles?) que, sobrepasando ahora la cincuentena, no pudieron hace unos años dedicarse a su profesión y la abandonaron para dedicarse a otra cosa? ¿Qué se le puede decir ahora a nuestros médicos que tuvieron que emigrar? En definitiva, ¿qué se le puede decir ahora a todos estos españoles cuya única pretensión consistía en llegar algún día a ejercer como médicos en nuestra sanidad pública tan carente ahora de ellos y cuyos gestores viajan a países extra-comunitarios a contratar médicos?
Pues bien, en vez de intentar que vuelvan nuestros médicos emigrados o reincorporar a los que abandonaron la profesión mejorando las condiciones laborales, salariales y de conciliación con la vida familiar, nuestros políticos-gestores (los mismos que durante 30 años decidieron equivocadamente lo que decidieron), acaban de decidir aumentar en un 40% las plazas universitarias de medicina. En cinco años, saldrán anualmente de nuestras facultades 7.000 médicos en vez de los 4.000 actuales. Pero, como muy pronto, esta inyección de médicos la tendremos en la calle dentro de 10-11 años, pues a los 6 años de carrera hay que sumar los 4 ó 5 más de especialización. ¿De nuevo se equivocan nuestros gestores-políticos? ¿Previeron hace tan sólo diez años la situación actual? Evidentemente no, y muchos de los maltratados médicos españoles emigraron o abandonaron la profesión. Es probable que, de nuevo, unas fronteras más permeables que nunca conviertan en equivocada también esta decisión pues la importación de médicos en España no ha hecho más que empezar.
Sabemos (también lo saben los políticos-gestores) que la homologación de títulos de medicina ha crecido mucho durante los últimos años. Anualmente se homologan casi 3.000 títulos de medicina a médicos extranjeros extra-comunitarios pues los comunitarios (que algún despistado viene) no la precisan. Más de 8.300 títulos se han homologado los últimos tres años, lo que supone el 10% del total de títulos universitarios homologados por Educación durante el mismo período. En diez años, a este ritmo, vamos a tener homologados casi 30.000 médicos extranjeros no comunitarios más que los que actualmente tenemos. ¿Qué pasará cuando, dentro diez años, acabe su especialidad esta inyección de médicos españoles decidida ahora? ¿Les habrán pillado la silla estos 30.000? ¿Volverán a emigrar nuestros jóvenes médicos? ¿Volveremos a tener nuevamente petróleo barato (originario e importado)? ¿Se pretende que España sea la OPEP mundial de médicos... baratos?
*«Plataforma 10 minutos» en la Comunitat Valenciana.

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