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Eso no son cooperativas

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VICENT COMES Días atrás asistimos tristemente a la muerte por accidente laboral de un trabajador de una empresa cárnica de Paterna. A raíz de tan fatal suceso, algunas organizaciones sindicales, en el ejercicio lícito y lógico de sus funciones como defensores de los derechos de los trabajadores, han alzado la voz para denunciar la carencia de una formación suficiente en los centros de trabajo, sobre todo para los jóvenes con falta de experiencia, y la falta de medios con la que trabaja la inspección de trabajo. Ciertamente, esto es una realidad que todos deberíamos denunciar y, más aún, exigir que se le pusiera solución efectiva para que se eviten accidentes que, de otro modo, no se producirían. Pero, además, los sindicatos se han referido en este caso concreto a la situación laboral en la que, según publicaba este mismo diario, trabajaba el fallecido y han denunciado la contratación encubierta de autónomos a través de cooperativas que, al parecer, se produce en el sector cárnico con cierta recurrencia.
La cosa va más o menos así: un empresario se dedica a una actividad concreta, la que sea, debe cumplir con unos pedidos, en unos plazos determinados y con las condiciones que sean. Para ello, necesita contar con una plantilla suficiente o que crezca o se reduzca, en función de los flujos de actividad. Sin embargo, dicho empresario, en lugar de aumentar y aumentar el número de trabajadores, prefiere reducir su masa laboral y lo que ello conlleva (contrataciones fijas, cargas sociales, etc.), pero, obviamente, sin reducir su actividad y los beneficios que ello le reporte. ¿Qué hace entonces? Externaliza parte de su actividad a través de otra empresa que trabaja para varios proveedores (más o menos, según los casos, y la propia fortaleza de la empresa). Y, ¿qué es lo reprobable en este caso? Pues bien, la empresa subcontratada ha resultado ser una cooperativa integrada por personas que, obviamente, poco o nada sabían de lo que significa formar parte de una cooperativa. En definitiva, que se trataría de una sociedad instrumental de la que se ha hecho un uso fraudulento.
Las cooperativas nacen para proporcionar a sus socios trabajo en las mejores condiciones posibles, según los principios que han regido su cultura empresarial desde el mismo momento de su nacimiento allá por 1848. Principios que, lejos de convertirse en una cuestión de voluntariedad o buenas intenciones, tienen su trascendencia y plasmación en la legislación que regula en nuestro país y en nuestra comunidad a las cooperativas de trabajo. Por tanto, el hecho de que una cooperativa acabe convirtiéndose en una sociedad instrumental de otra empresa con el propósito de maximizar beneficios de esta última a costa de anular los derechos laborales de los socios cooperativistas supone, en realidad, un fraude.
Por lo que ha trascendido, los socios de esta cooperativa eran en la práctica un grupo de autónomos que trabajaban bajo el paraguas de una entidad jurídica, la cooperativa, que permite a sus socios cotizar bien en Régimen General bien en el Régimen Especial de los Trabajadores Autónomos. Y aquí querría hacer una aclaración para todos aquellos que desconozcan la legislación cooperativa. A los socios cooperativistas les son reconocidos por ley una serie de derechos y deberes. Entre los primeros, el de participar en la actividad económica y social de la cooperativa sin ninguna discriminación y según lo regulen los estatutos sociales, asistir con voz y voto a las asambleas generales, recibir la parte correspondiente del excedente de la actividad que al final del ejercicio sea repartible, elegir y ser elegido para los cargos sociales y, entre otros más, ser informado de manera precisa y suficiente para poder participar en la toma de decisiones de su empresa.
Por otro lado, entre las obligaciones podría citar la de desembolsar las aportaciones necesarias para el desarrollo de la actividad, participar en las actividades de la cooperativa, según establezcan los estatutos y los acuerdos de la asamblea y demás órganos sociales, o participar en las actividades de formación y reciclaje necesarios.
En definitiva, que los socios de una cooperativa, coticen bajo el régimen de la Seguridad Social que coticen, han de ser conscientes de que son dueños de su trabajo, partícipes de manera democrática en la toma de decisiones que afectan a la estrategia de la entidad o que pueden comprometer su futuro y pervivencia de un modo u otro, son capaces y responsables para organizar su trabajo, a través de un reglamento de régimen interno, en la manera que puedan mejor cumplir con el principio antes citado de proporcionar las mejores condiciones laborales posibles. Pues bien, si esto no se cumple, no hay cooperativa. Se trata de un auténtico fraude que desde el sector somos los más interesados en que se persiga para evitar que se perjudique injustamente la imagen del sector cooperativo valenciano, el que genera empleo estable y riqueza en su entorno a través de un patrimonio irrepartible destinado al desarrollo y cohesión de las comunidades de partencia, el de verdad.
*Presidente de la Federación Valenciana de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (Fevecta)

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