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El obispo y la violencia de género

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MARINA CALATAYUD CUESTA El obispo de Orihuela-Alicante nos agrió el desayuno del domingo a muchas personas con sus declaraciones, publicadas por el diario Levante-EMV. Hay para mucho, yo quiero manifestar mi postura respecto a lo que dijo sobre la violencia de género, que considero absolutamente intolerable viniendo de una persona con capacidad para influir en otras personas.
A estas alturas, decir que los malos tratos se producen porque las mujeres no tenemos paciencia, ni tolerancia, ni espíritu de sacrificio es legitimar el uso de la violencia por parte de los hombres. Sin paliativos. ¡Ojalá las mujeres y la sociedad no tuviesen ninguna paciencia y ninguna tolerancia! Se ahorrarían vidas y sufrimiento. Pero para el señor obispo parece más sagrada la vida prenatal que la femenina
Calificar los primeros episodios de malos tratos de «problemillas iniciales, que se solucionaban con diálogo y comprensión mutua» no es ya quedarse en la superficie, es contribuir a que las mujeres se sientan culpables y toleren y asuman lo intolerable, solas. Es cargar a lo personal un problema que es social.
Apelar al sacramento y a la gracia de Dios es ya la gota que colma el rebosante vaso de despropósitos. ¿Cuántas veces es ese sacramento la mordaza? ¿Van a reconocer la calidad de mártires a las mujeres muertas en gracia de Dios o es la gracia de Dios un escudo protector?
El diálogo sí puede evitar la violencia de género, pero no los muertos de ETA. O será que las muertas los son menos.
Esto es sólo una parte de lo que manifestó. También calificó de enfermedad la homosexualidad (ahí no distingue entre hombres y mujeres), justificó las declaraciones del obispo de Tenerife respecto de la incitación a la pederastia atribuible a algunos menores (¡se le había interpretado mal!, ¿será la palabra de una mujer maltratada tan incuestionable para el obispo?) y opinó sobre la Educación para la Ciudadanía, considerándola una potestad de los padres y madres (no como la Religión, por cuya protección ha de velar el Estado).
He de darle la razón, algunas mujeres ya hemos perdido la paciencia por completo, nos resulta intolerable que la jerarquía católica siga usando su poder para intentar mantenernos sojuzgadas, faltando al respeto sistemáticamente a quienes no comparten su credo. Hemos comprobado ya con qué flojos mimbres teje sus argumentos, en cuantas contradicciones cae, cómo se pliega ante las injusticias y las justifica.

* Jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer. Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana

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