Al hilo del concurso que se está dirimiendo estos días en Valencia para la adjudicación de la plaza de toros, es curioso observar el tono que están empleando algunos de los agentes que conforman el mundo del toro, respecto a la valoración de las empresas que han concurrido y quienes las integran. Y llama más la atención porque, curiosa y sorprendentemente, está siendo la crítica la que está cuestionando con mayor énfasis la capacidad de quienes se han presentado. Una crítica a la que el aficionado lee porque la cataloga de independiente y acertada.

A nosotros se nos antoja que es lamentable, inoportuno y contraproducente que se sustancien así las cosas desde la crítica, porque se hace un daño importante e injustificado a gentes que han apostado por un negocio cuyo principal objetivo no es ganar dinero a manos llenas, sino el de intentar hacer la labor que no han sido capaces de hacer quienes ahora son puestos como ejemplo y paradigma de buenos empresarios. Eso invita a recordar las tropelías e insuficiencias de algunos de los echados en falta, pero creemos que no es necesario porque ya dejaron en su momento la hoja de servicios manchada.

Ahora lo que nos debe preocupar y ocupar es pedirle a la empresa que sea elegida, que la misma decisión que han puesto para rellenar el pliego de dinero y promesas, la pongan en cumplir y dejen, por compromiso y eficacia demostrados, en mal lugar a quienes les están tildando de caprichosos o atrevidos, y eso que entre los concurrentes hay apellidos tan limpios por su gestión como pueden ser Dols-Abellán, Bernal o Miranda, por orden de oferta económica, al margen de otros apartados que tendrán que valorar los expertos a la hora de buscar méritos, porque los tres nos merecen el máximo respeto. De la cuarta opción, poco conocemos y poco decimos, porque cuando hemos requerido información no se nos ha facilitado correctamente.

Si todo el énfasis que algunos, supongo que por el interés, ponen ahora en cuestionar a estos empresarios lo hubieran puesto en sacarle los colores a los que en su día lo hicieron mal, incluida la propia diputación, le hubieran hecho el mejor de los regalos a la plaza de Valencia, esa que ahora les preocupa tanto... a unos desde la distancia y a otros con la boca chica. ¡Qué cómodo y qué artero es componer la figura a toro pasado!

Ahora a esperar a que se termine la temporada y a que la mesa de contratación haga las cosas con decencia, esa que faltó en anteriores concesiones y que tanto dinero le ha costado ya a la propia diputación y por extensión a los contribuyentes y también a los aficionados.