13 de junio de 2010
13.06.2010

Novillos y novilleros cumplieron

Enrique Amat

13.06.2010 | 07:30

Tras el fiasco de la feria de San Isidro, donde tan solo la torería de Morante de la Puebla y la espeluznante cogida de Julio Aparicio fueron capaces de sacar del letargo a los aficionados, la novillada anunciada ayer en Castelló suponía una autentica bocanada de aire fresco. Con la posibilidad de acudir a su centenaria plaza al reclamo de tres novilleros incipientes, con la ilusión de comprobar sus capacidades y atisbar sus posibilidades en esta profesión. En busca de la renovación y de algo esperanzador que echarse al coleto.
El coso castellonense registró una nada desdeñable afluencia de público, a pesar de que la amenaza de lluvia en las horas previas no ayudaba a que la gente se animase a ir a los toros.

Un entretenido espectáculo
Y lo cierto es que quienes fueron no se lo perdieron, porque a la postre la novillada tuvo muchos momentos de interés.
El éxito en gran medida hay que ponerlo en el haber de los erales del ganadero local Manuel Beltrán a quien, aplicando la terminología estudiantil de junio, habría que darle casi un sobresaliente.
Y es que sus astados estuvieron muy bien presentados para este tipo de festejos, en general con cuajo suficiente y destacando por su raza e incansable movilidad.
Tuvo nobleza, calidad y excelente tranco el colorado primero, y no paró de moverse aunque renegó más de la cuenta el segundo. Embistió con temperamento y largos viajes el tercero, y repitió y humilló con clase y calidad el cuarto. Tampoco paró de embestir el quinto y fue y vino el sexto, que siempre quiso pelea aunque se defendió.
El notable fue para el venezolano Fabio Castañeda, alumno de la Escuela de Madrid, quien no alcanzó mayor nota por su deficiente manejo de las armas toricidas. Pero exhibió formas de buen torero. Variado con el capote, espectacular en banderillas y con un gran sentido del temple, firmó dos trabajos de gran fondo y muy solventes. En ambos muleteó firme y muy acompasado, con hondura, sometimiento y llevando muy enganchados en los vuelos de la muleta a sus oponentes. Se abrió un amplio crédito.
El ya veterano Luca Ruffo, quien en la actualidad es alumno de la Escuela de Castelló, se llevó un excelente lote, con el que logró un aprobado alto por su sentido de la ligazón, su voluntad, el oficio que exhibió y su contundente estilo estoqueador. Y quedó para septiembre Jorge Cordones, de la Escuela de Albacete, a quien costó un mundo cruzarse y quedarse quieto.

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