Verónica Blume es un fruto armonioso de mezclas sabias: padre alemán y madre uruguaya, residencia sucesiva en países varios y afincamiento en Barcelona desde los nueve años. A los quince, un comienzo fulminante con el premio de la célebre agencia de modelos Ford y su lanzamiento instantáneo. La conocí de adolescente, cuando iniciaba en el mundo de la moda un recorrido que le auguré largo. La reencuentro ahora, convertida en una mujer segura, afable y cercana.

Vivir personalmente aquel "boom" de las "top models", ¿qué recuerdos deja?

Fue una época divertida. Pero es mejor que nuestra tarea se considere como lo que realmente es: un trabajo, entre tantos otros. Hay que primar la profesionalidad.

¿Desfiles o imagen gráfica?

Lo segundo, desde luego. La pasarela me pone nerviosa, y no me gusta el ambiente caótico de su interior. Las sesiones fotográficas, en cambio, son un apasionante proceso hasta lograr ambientes y momentos adecuados. Es auténtica creación, en la que una se implica a fondo.

¿Fotógrafos favoritos?

Bueno... A mí me atrae la naturalidad, las fotos en las que me reconozco, y esto me sucede con varios profesionales. Me fascinó empezar con Ferrater, del que aprendí mucho.

Llegar no fue difícil, en su caso. ¿Y mantenerse?

La clave es saber vender la propia imagen. No hay que perder de vista que, en este oficio, el producto eres tú; es a ti misma a quien hay que gestionar. Y no tomárselo demasiado en serio. En lo que a mí respecta, mi hijo Liam, que ahora tiene nueve años, me ha enseñado a valorarlo todo más equilibradamente.

También Liam fue el origen involuntario de otra actividad, ¿no?

En efecto. Durante el embarazo comencé a practicar yoga. Seguí perfeccionándome a través del tiempo, y en la actualidad soy profesora. Además, escribo en un blog sobre temas relacionados con el yoga y la maternidad.

Veinte años de experiencia dan autoridad para enjuiciar los cambios de la moda a lo largo de dos décadas.

Lo más importante es la evolución, desde aquella imposición de las tendencias marcadas, hasta la diversidad actual, las inmensas posibilidades de elección que ayudan a afirmar la personalidad.

¿A qué diseñadores elige?

En primer lugar, a Josep Font. Conecto mucho con él, personal y profesionalmente. Es un artista, un verdadero artista.

{No olvida, sin embargo, a otros. El estricto vestido anaranjado que delinea su silueta como una segunda piel lleva la firma de Ángel Schlesser. Pausada, serena, Verónica Blume se reconoce como una asociación de la vitalidad española y el espíritu metódico de su raíz germana. A fin de cuentas, un buen cóctel}.