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uy anterior a sus conocidos retratos de Yves Saint Laurent y otros personajes de la moda, la implicación de Andy Warhol en este terreno se remonta a los años 50 del pasado siglo, sus primeros tiempos en Nueva York, cuando se dio a conocer como ilustrador en revistas como Glamour, Vogue, Mademoiselle o Harper's Bazaar, a la vez que realizador de displays y escaparates de grandes almacenes.

Tuvo una exitosa carrera de "artista comercial" epíteto que no desdeñaba, sino que asumía plenamente, índice de su deseo de que el arte abandonase las esferas elitistas para ser disfrutado por todos los públicos, sin fronteras. Así, mientras otros artistas como Jasper Johns y Robert Rauschenberg se ocultaban bajo el seudónimo Matson-Jones para sus trabajos de escaparatismo, él exhibía orgullosamente su nombre, al que fue entonces cuando recortó la a final de su originario apellido checo, Warhola, quedando como el Warhol de todos conocido.

Premiado en 1957 por sus diseños de zapatos, tan abundantes como anticipativos, abarcó, también los de bolsos, sombreros, guantes, joyas y, por supuesto, las siluetas femeninas tratadas con delicadeza y colorido. Warhol fue incluído en el capítulo fashion en un libro publicado por aquellas fechas con el título "A thousand New York names". Él era consciente de que ese período le abría camino a la siguiente etapa en la que exploraría todas las posibilidades creativas, incluído el cine y la fundación de revistas, desde su particular enfoque indagador y crítico, que le hizo a la larga uno de los autores más reconocibles de la mitología visual en la segunda mitad del siglo XX, sin engañarse respecto a su propia actitud y capacidades. "Si bien se piensa -decía- los grandes almacenes son como museos. Y los museos se convertirán en grandes almacenes".

En 1925 publicó un libro, "The philosophy of Andy Warhol", en el que desgrana una serie de reflexiones sobre los más dispares asuntos, aliando el sarcasmo con la diversión, sin dejar de traslucir una sinceridad desarmante. "Cuando hacía dibujos de zapatos para las revistas -escribe- me pagaban un dinero por cada zapato, de modo que tenía que contar mis zapatos para saber cuánto cobraría. Viví según el número de dibujos de zapatos". Desliza también alguna confesión en torno a su visión de artista: "Cuando miro las cosas, siempre veo el espacio que ocupan. Siempre deseo que reaparezca, porque es un espacio perdido cuando algo hay en él".

Del llamado Padre del pop-art se ha dicho que él mismo era un objeto "pop". Admirado por unos, rechazado por otros, creo que lo peor de Andy Warhol ha sido el warholismo, como fue el sorollismo, apabullante legión de gregarios, imitadores y epígonos.