20 de septiembre de 2013
20.09.2013

La Gran Hermana

20.09.2013 | 01:43

Susana Golf

El streaming (transmisión en vivo y en directo) es un invento del tipo Gran Hermano, uno de esos ojos (múltiples, como los de un insecto) que todo lo ven. Un prodigio de la tecnología que permite sentarse (de forma virtual) a ver los desfiles, penetrar en la (inexistente) intimidad de los vestuarios, perseguir a tipos extravagantes o bucear entre las gradas en busca de algún conocido a lo Wally.
El streaming (transmisión en vivo y en directo) es la joya de la corona de la XV edición de Valencia Fashion Week, los zapatos nuevos que se calza el niño bonito de la moda. Una empresa puntera en estas cosas, Multistream Internacional „que suena muy ídem pero es más valenciana que las naranjas„ ha instalado seis cámaras por todo el recinto de El Ágora. Así que con un dedo y un dispositivo con acceso a internet uno „desde cualquier rincón del mundo„ puede abrirse una, dos, tres y hasta seis ventanas a la VFW. A elegir: los desfiles propiamente dichos, las actividades complementarias, los vestuarios y la sala de maquillaje y peluquería o las inmediaciones por donde deambulan profesionales, aficionados, devotos y curiosos. Un escuadrón de blogueros y blogueras, además, por amor al arte (de la moda) recorre las nervaduras blancas de Calatrava a la caza y captura de modernos, retro, hipsters, fashionistas y toda criatura interesante viviente para darles sus cinco minutos de fama. Es decir, la casa de GH pero „en principio„ sin edredoning.
De cualquier modo, la realidad, vista desde la realidad real, no virtual, tiene otros matices. Por ejemplo, puede admirarse el gesto con la cámara del histórico fotógrafo valenciano Zaibi, que ha fotografiado a lo más granado de Hollywood. Pueden saborearse los helados de yogur que se sirven en su carrito. Puede aspirarse el fabuloso perfume que rodea, como un aura, a la igualmente fabulosa Laura Fitera, celebridad local, ella sí hecha una mujer de rompe y rasga en negro reventón a lo D&G.
O puede sufrir los destellos de sol que se cuelan por el esqueleto arquitectónico del edificio incordiando a los responsables de iluminación o a los periodistas acreditados. Hasta puede palpar los rudos palés con los que (el hambre aguza el ingenio) se erige la pasarela. La tableta siempre tiene el mismo tacto.

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