20 de noviembre de 2013
20.11.2013

Francisco se desata

J. R. Seguí

20.11.2013 | 11:38

Francisco, el cantante, afirma que «las colas en los comedores sociales» le dan muchas tristeza y que el Gobierno tendría que recorrer en autobús todos esos escenarios para ver lo que está pasando en la calle. Además, bromeaba el lunes en Madrid que le encantaría ser alcalde de Valencia para «hacer una buena labor de amor y apoyo a los ciudadanos. Iba a dejar Valencia como los chorros del oro porque a la política hay que meterse por amor», agregaba para rematar: «Los chorizos se refugian en el Congreso y usan los coches oficiales que les pagamos todos».
Francisco es una voz discrepante más de lo que nos está trayendo esta casta política que cualquier día se autoindulta o prohíbe que nos manifestemos. Esta vez no se ha callado. Debe estar muy harto. Su suerte es que los ayuntamientos ya no contratan a artistas, que si no.

El cantante piensa lo que muchos, pero él tiene un altavoz privilegiado. Conociéndole uno sí lo ve algún día saltando al ruedo para encabezar o apoyar una alternativa. Igual está tentado. No sería el primer hombre o mujer de la cultura y el espectáculo que pone la cara. Y en este momento en el que la sociedad civil está agazapada, otras voces son necesarias. Además, tendría tirón este "latino" que está de vuelta de muchas cosas, como lo estuvo en cierto momento el actor José Sancho.

Toni Cantó se fue con UPyD y no con el PP que antes le dio un sueldo. Ferran Torrent se presentó con el Bloc a las europeas. Cicciolina dio el salto en Italia y sacó las vergüenzas de sus señorías. Beppe Grillo casi da un susto en el país transalpino. Su homónimo británico, Jeremy Paxman, llama a las barricadas y moviliza a las islas.

Pero hay muchos más que han decidido asumir un compromiso. García Asensio se alistó a los populares y Sinde, Semprún y Molina llegaron a un ministerio, como lo hizo el poeta Luis Alberto de Cuenca. Eran otros tiempos. Vargas Llosa intentó quitar a Fujimori del poder corrupto de Perú. El dramaturgo Václav Havel llegó a la presidencia de Checoslovaquia; Rubén Blades optó a las presidenciales panameñas y continúa vinculado a la vida política. Su voz se escucha mucho más que la de cualquier alto cargo de su República. Youssou N'Dour es ministro de Senegal y Gilberto Gil lo fue de Brasil.

Lo mejor de muchos de estos nombres es que tras su éxito o fracaso volvieron a sus ocupaciones habituales, algo imposible de concebir hoy en un país donde los nombres se perpetúan, los cargos se intercambian y las tropelías se comparten.

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