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Iñaki Piñuel

"Un jefe psicópata hostiga y difama para "matar" a sus víctimas"

«Por muy duro que sea el paro, ni de lejos es comparable al acoso laboral»

"Un jefe psicópata hostiga y difama para "matar" a sus víctimas"

"Un jefe psicópata hostiga y difama para "matar" a sus víctimas"

La etimología de «jerarquía» remite al orden que nace del sacrificio. ¿La víctima de la jerarquía es el trabajador y la máxima crueldad en el sacrificio es el acoso laboral?

En ese orden sacrificial conviene que un hombre muera para que todo siga funcionando igual, y es un mecanismo que acaba convirtiéndose en crónico. En todos los lugares donde las cosas no funcionan y hay guerras internas, ineficacia, improductividad o jefes tóxicos, es muy saludable que haya un mecanismo de recurso al chivo expiatorio: alguien al que se le impute ser el responsable de todo lo que va mal. Así se distrae la atención de aquello que realmente no va bien.

¿Qué es un jefe psicópata?

Un psicópata que tiene poder en una jerarquía organizativa. Son personas a las que casi lo único que les motiva es alcanzar el poder y son muy expertos en, una vez lo han alcanzado, mantenerse en él a través de un doble mecanismo: o bien comprar al adversario o bien eliminarlo. Esa eliminación puede hacerse a través de una campaña de difamación u hostigamiento con la que persiguen matar psicológicamente a su víctima. A veces, porque es la víctima la que les estorba (puede que conozca sus desmanes). Otras veces, porque es alguien al que se victimiza para dar un escarmiento o ejemplo público de lo que podría ocurrirle a aquel que no siga la línea marcada.

Un efecto ejemplarizante…

Exactamente. Es el caso habitual del mobbing maternal, el acoso laboral a las mujeres embarazadas. No se hace tanto por destruir a la persona que se ha quedado embarazada como para que otras mujeres, que ven lo que sufre quien se atreve a ejercer su derecho de quedarse embarazada o pedir una conciliación, ni se les ocurra hacer ninguna de las dos cosas. Es una forma de coaccionar al resto.

¿Está desterrado el anacrónico “mi jefe me acosa lo normal”?

No, está completamente en vigor y más aún con la crisis, que ha hecho aumentar más de un 40 % los casos de mobbing. El mecanismo habitual ante los casos de maltrato es la trivialización y la banalización del maltrato. Igual que funcionaba lo de «mi marido me pega lo normal», los trabajadores siguen pensando que ser acosado va en el sueldo, que en todos los lugares ocurre algo parecido, que ir a trabajar es ir a sufrir humillaciones y vejaciones… Es decir: ser hostigado, vejado, arrinconado, humillado y a veces insultado forma parte de un panorama tan habitual que llega a considerarse como normal.

Surrealismo en estado puro.

Sí, y eso provoca en ocasiones que la víctima de mobbing tienda a pensar que el culpable de lo que le ocurre es él mismo.

¿Qué perfil tiene la víctima de acoso?

Hay un rasgo que comparten todos: son personas que resultan amenazantes para el instigador del proceso de acoso. A veces amenaza el trabajador más brillante a un jefe más mediocre; a veces es el trabajador más creativo en un entorno de gente gris; a veces es el que viene pegando fuerte en un desarrollo de carrera profesional muy rápido; a veces es la mujer que se atreve a quedarse embarazada en un lugar donde eso se considera una amenaza.

No es la persona débil que uno tendría en mente…

Al revés: la víctima de mobbing es tan valiosa y brillante que no se la puede despedir sin crear una falsa acusación con la que podérsela cargar limpiamente. Consiste a veces en exagerar pequeños errores suyos, imputarle incumplimientos profesionales falsos, envenenar a los compañeros contra la víctima, ir dejando sin nada que hacer a la persona para luego imputarle que es vaga o perezosa, ir minando la imagen pública de la víctima mediante bulos y rumores… El mobbing es un crimen perfecto porque hace aparecer a la persona expulsada como digna de ser apartada por el bien de la organización.

¿Cómo se puede escapar de la espiral de acoso laboral?

Es muy difícil. Por lo general, en las empresas privadas las víctimas acaban marchándose porque no aguantan más, cogen una baja de la que no se recuperan o salen mediante un despido. El acoso se acaba al salir la víctima del entorno. Porque por muy dura y dolorosa que sea una situación de paro, ni de lejos es comparable a una situación de hostigamiento y acoso laboral continuado. El problema está en las Administraciones públicas, donde el despido es casi imposible y también es muy difícil que la víctima renuncia al puesto de trabajo. Ahí, los acosados permanecen en una especie de horno crematorio en el que se van consumiendo poco a poco. Los sectores con más casos de mobbing son la función pública, los medios de comunicación, la educación, la sanidad.

En las aulas avanza el acoso.

En un estudio de 2007 identificamos que el acoso escolar alcanzaba la tasa del 24 %. No es un fenómeno marginal: uno de cada cuatro escolares va cada día a su centro escolar en medio de sufrimiento.

Sostiene que el daño del acoso laboral tiene efectos a largo plazo.

Esta violencia psicológica deja un rastro poco visible pero con graves secuelas. El daño en general del mobbing es invisible: propicia cuadros de estrés post-traumático que se acaban haciendo crónicos y son capaces de convertir una persona normal en alguien completamente destruido durante años o para el resto de su vida. Hasta tal extremo que hay personas que se quitan la vida porque han perdido la ilusión de vivir.

¿Y cuáles son los síntomas?

La irritabilidad, la pérdida de experimentar alegría y emociones positivas, la inclinación suicida, despertarse en medio de la noche y ya no poder dormir, la sensación de futuro personal y profesional cerrado y, sobre todo, revivir mentalmente las humillaciones, las vejaciones, el hostigamiento o el maltrato sufrido en su entorno laboral. Eso les hace recordar su drama a diario.

Con las nuevas tecnologías se han ampliado las opciones de acoso. Destaque dos.

Primero, la extensión del proceso de acoso a las redes sociales. Lo llamamos remobbing y consiste en la persecución ulterior más allá del lugar de trabajo, incluso cuando se ha salido de la empresa. Segundo, y más enfocado al ámbito educativo, está la posibilidad de usar las redes sociales para amplificar el daño. Ese acoso queda registrado y publicado en internet, con lo que la víctima sufre no sólo por lo que le han hecho, sino por ver expuesta a la luz pública su humillación.

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