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Entrevista | Pedro García Aguado

Pedro G. Aguado: "Lo tenía todo y me sentía una mierda"

Los chavales se quedan impactados. Pedro García Aguado les habla de tú a tú. "Se sienten identificados porque más de uno, con 13 años, ya ha pillado un 'amarillo', un chungo. Quiero que entiendan que la adicción es muy pilla"

Pedro García Aguado, ayer, en el auditorio de Teulada.

Pedro García Aguado, ayer, en el auditorio de Teulada. alfons padilla

¿Cómo se distingue la rebeldía adolescente de la mala educación?

La rebeldía es más equilibrada y natural. Los padres deben ser conscientes de que sus hijos, a partir de los 12 años, se van a posicionar en su contra. Y es normal porque empiezan a tener juicio crítico. Pero los portazos y la agresión verbal y física es otra cosa. Es mal comportamiento y responde a la baja tolerancia a la frustración y, a menudo, a una educación laxa y, sobre todo, demasiado permisiva.

Tu experiencia personal es clave en estas charlas con adolescentes. ¿Qué les transmites?

A ellos les ocurre un poco lo que me pasó a mi. Son prepotentes y creen que pueden con todo. Quiero desmitificar esa idea de los jóvenes de que controlamos cuando nos acercamos a las primeras drogas, que son el alcohol, generalmente, a los 13 años, y luego la marihuana, que está haciendo estragos entre la juventud. No demonizo las sustancias. Pero sí aviso de que cuando estamos, aparentemente, triunfando, estamos ya fracasando. La adicción es muy pilla. Llega un momento en que la necesidad de consumir puede más que las actividades de cada día.

Y ahí les cuentas tu historia.

Sí. Y no es una historia de éxito, de decir mira este tío todo lo que se ha metido y donde ha llegado. Es lo contrario. Les explico que yo llegue a ser campeón olímpico de waterpolo, que lo tenía todo, y que, en realidad, me sentía como una mierda. Eso es lo que quiero que entiendan. Algunos de los chavales que están hoy aquí [en una charla a los estudiantes del instituto de Teulada] ya empiezan a tomar sustancias para sentirse importantes y aceptados en el grupo. Quiero que mi experiencia se les quede grabada, pero sin dogmatismos. Fui una persona que lo tenía todo, pero que no tenía nada.

¿Y cómo fue ese «viaje de aprendizaje» que ahora le relatas a los jóvenes?

Les hablo de que empecé a tomar con 14 años, de como jugar al waterpolo, que era algo que hacía muy bien, terminó por convertirse en un infierno. Pensaba que consumir no era un peligro, porque yo era un triunfador. Y les cuento que un 3 de abril de 2003 visité a un psiquiatra que me derivó a un centro de drogodependencia.

¿Los chavales se sienten identificados?

Más de uno de los que hoy están aquí ya ha pillado con 13 años un amarillo, un chungo, y se van a sentir identificados. Cuando llegue el fin de semana, se van a ir igual de botellón, pero ya es importante que sepan que cuando les ponen un vaso un tanto por ciento muy alto es de etanol, una droga. Y también deben saber que la marihuana puede provocarles brotes psicóticos y depresión.

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