Hace unos días una pareja de navegantes se vio sorprendida por un curioso acontecimiento mientras surcaban el océano Pacífico. Según su versión, el mar se convirtió en tierra. ¿La causa? La aparición de una enorme isla flotante de piedra pómez que forzó la detención de su embarcación y que, poco después, los satélites de la NASA detectaron a la deriva en dirección hacia Australia. La enorme masa, con un tamaño similar al de Manhattan (150 kilómetros cuadrados) se formó, según las primeras teorías, tras la erupción de un volcán submarino en la región de la Polinesia. Y este curioso náufrago comenzó a viajar. Las mareas lo desplazaron progresivamente y, según los estudios realizados por la Universidad de Tasmania, creen que podría llegar a la Gran Barrera de Coral australiana dentro de un año, pasando previamente por las islas Fiyi o la región de Nueva Caledonia. Pero también corre el riesgo de ir separándose durante este tiempo, por lo que no es seguro que llegue hasta el destino final tan deseado por la comunidad científica. Una de las principales características de este espectacular fenómeno es la cantidad de vida que está comenzando a albergar. Vida que, según creen los expertos, de llegar hasta el ecosistema australiano le beneficiaría de forma notable debido a que reabastecería con nuevos corales y nuevos habitantes a uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta. De ahí el deseo de que este particular ecosistema consiga atravesar el océano y reabastecer de vida algunos de los espacios naturales más valiosos de la Tierra. Nadie sabe si lo conseguirá, pero, lo haga o no, es sin duda uno de los fenómenos más particulares que han ocurrido en la naturaleza desde hace tiempo.