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Análisis

Cuando el miedo a la soledad se convierte en tu peor enemigo

La psicóloga Silvia Congost publica 'A Solas', un manual en el que da las claves para no depender de la pareja: "Tener una relación no es una necesidad, es una opción"

La soledad es uno de los mayores temores del ser humano.

La soledad es uno de los mayores temores del ser humano. SHUTTERSTOCK

Es uno de los mayores miedos del ser humano y así se refleja en el diccionario de la Real Academia Española. Según la organización, soledad es el pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo. Un sentimiento vivido por todos y que puede llegar a provocar un gran sufrimiento. Algo de lo que la psicóloga Silvia Congost está más que versada. Especialista en dependencia emocional, terapia de pareja, autoestima y separación consciente lanza un nuevo libro, 'A solas', en el que desgrana las claves para disfrutar de la soledad y no depender de una relación amorosa. Porque según la psicóloga, "son más los que mantienen relaciones por miedo a quedarse solos que por amor".

A SOLAS

Deseada, buscada, provocada, inadvertida, la soledad puede adoptar muchas formas, pero en la mayoría de casos es una situación que nos da miedo, nos genera rechazo y tratamos de evitar a toda costa. En el mundo actual y especialmente a partir de una cierta edad, parece que la soledad se entiende como un fracaso: estar soltero, divorciado o separado es algo que debe superarse a toda costa. Sin embargo, saber estar solo es en realidad un signo de madurez, de autonomía, de riqueza personal (P.V.P. 15.95€ - Págs. 296).

"El miedo al abandono es uno de los más primarios que tenemos los seres humanos. Cuando somos bebés, necesitamos para sobrevivir a un adulto que nos de alimento y afecto. Así entramos en la infancia, cruzamos la adolescencia queriendo que nos dejen solos y llegamos a la adultez con un profundo pánico a la soledad. ¿Qué ha sucedido?", se pregunta Congost, que además hace hincapié en que "todos tenemos miedo a la soledad. Tiene un origen biológico y un origen social. El biológico, si lo pensamos, lo vemos en las cavernas hace millones de años donde ser expulsados de la tribu podía significar peligro de muerte. Hay una parte del cerebro reptiliano que sigue reaccionando, conectando con unos miedos ante determinadas situaciones para protegernos y evitar nuestra muerte y asociamos ser abandonados por nuestra pareja con ese peligro ancestral".

Pero el miedo a la soledad no solo depende de un componente histórico o biológico, la sociedad también es uno de los causantes de que no aprendamos desde la infancia que el tiempo con uno mismo es bueno. "Nos educan de forma que nos dicen que cuando tengas una serie de triunfos en la parte estética, en la parte social y económica, podrás decir que has triunfado. Tener una familia, una estructura, unos hijos, una casa, un perro... si tienes esto y de pronto un día se rompe lo asociamos a un fracaso, a que no somos suficientes, a que no nos quieren y nos cuesta asumir esto", afirma Congost.

Y aunque puede parecer que la mentalidad de las generaciones ha cambiado con respecto al tema romántico, en palabras de la psicóloga, "No veo cambios, la dependencia emocional es uno de los principales motivos de sufrimiento y una de las causas de esto es el miedo a quedarnos solos, a dejar de tener esa persona que nos da esa cierta seguridad y hace que prefiramos estar mal acompañados". Además, concreta que "esto nos muestra que aun no sabemos enfrentarnos a la soledad, lo vemos como algo malo, pero siempre es buena, lo que es malo es el aislamiento porque somos seres sociales y necesitamos estar en contacto. Asociamos el quedarnos sin pareja con quedarnos solos, y la realidad no es esa, te quedas sin pareja, pero tienes que fomentar la parte social con otro tipo de relaciones que serán igual de nutritivas".

No saber estar con nosotros mismos es uno de los problemas más extendidos por la población, así como rellenar los espacios en soledad con personas o actividades como la televisión o el teléfono móvil. "Cuando te quedas contigo, cuando vives solo, es donde está realmente el aprendizaje, donde tratas de encontrar respuestas y es cuando haces el crecimiento, cuando maduras y tienes más claro lo que quieres y por qué. Debemos permitirnos esos espacios", sentencia la psicóloga.

Ser más consciente

Según las pautas de la experta, afrontar la soledad se cimienta, principalmente, "quedándote a solas. Para afrontar un miedo hay que atravesarlo. Vivir solos es una asignatura que nos aporta muchísimo aprendizaje, y también tratar de vivir determinados momentos de la vida de forma más consciente. A veces hacemos pequeños trayectos y ni nos damos cuenta, ponemos el piloto automático y ya. Hay que estar más presente, mirar a la gente, escribir sobre lo que sentimos, los miedos... conectar con la gratitud... son esos espacios introspectivos de reflexión y conexión".

"Tenemos referentes en los padres que no son sanos, el entorno nos sigue mostrando sus ideales de relaciones románticas y preferimos estar mal acompañados que solos"

Silvia Congost - Psicóloga

Más allá de esto, el machismo sigue instalado en aspectos de la sociedad como este. Que una mujer esté sola todavía sigue sin ser lo mismo que un hombre soltero para muchos. "Si va un hombre solo a un bar no pasa nada y si es una chica se ve mal. Una mujer soltera, a partir de determinada edad, es una solterona y el hombre un partidazo. Cuanto mayor eres es como que has construido más tu economía y si la mujer está sola es como "pobrecita, nadie la quiere". Lo vemos diferente, da rabia, pero sigue pesando esta cultura", sentencia la especialista.

Así, este miedo se ha convertido en una traba para muchos, que siguen en relaciones tóxicas o infructuosas por miedo a no tener a nadie. "Hay más parejas que no funcionan que al revés. Nadie nos enseña a pensar en este tema, la mayoría de personas que han decidido estar juntas es porque se han enamorado, pero tú cuando te enamoras no conoces a esa persona... no sabes cómo es... hay unos cambios químicos en el cerebro que hacen que quieras conocerla, por atracción y deseo, pero en el día a día es cuando la conoces. Puede ser que no te guste. Es una lotería y más cuando tú nunca te has preguntado qué es para ti lo imprescindible, cuáles son tus valores", comenta Congost, que además reitera que "tenemos referentes en los padres que no son sanos, el entorno nos sigue mostrando sus ideales de relaciones románticas y preferimos estar mal acompañados que solos. Se ve a diario. Tener una relación no es una necesidad, es una opción".

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