20 de marzo de 2020
20.03.2020
Crisis del coronavirus

Licor café para desinfectarse por dentro

Una panadería de Ourense invita a sus clientes a un chupito "por si acaso" evita la expansión del virus

20.03.2020 | 13:42
Camilo Álvarez brinda con un cliente a las puertas de la panadería Santa Rita de Arnoia.

"Coja un chupito y desinféctese por dentro, por si acaso". La panadería Santa Rita de Arnoia (Ourense) ha echado mano del licor café para combatir el desasosiego que acompaña al confinamiento impuesto contra la expansión del coronavirus.

En una mesita colocada a la entrada del establecimiento, junto a las instrucciones de seguridad y un dispensador de gel desinfectante, los clientes tienen a su disposición una botella de licor café y varios vasos. "Decía mi abuela que hay que reír, que para llorar sobra el tiempo", comenta Camilo Álvarez González, propietario de la panadería: "Así que decidí darle algo de alegría a esta situación y animar a la gente con un chupito", señala.

La producción en este establecimiento ha caído al 20% desde la declaración del estado de alarma. En una jornada normal de celebración del San José y Día del Padre, esta panadería despacharía entre 20 y 25 tartas. Este jueves, a las 11.30 horas, habían salido cuatro. Y frente a una demanda habitual de 35 brazos, uno de los pasteles típicos de este establecimiento, a la misma hora se habían vendido tres.

Así que al mal tiempo, licor café, la bebida que tiene su propio himno en Ourense y a la que, como dice la canción universal de Lamatumbá, "quen che pode decir non?". En la panadería Santa Rita han tirado de la retranca buscando en esta poción quitapenas la fórmula para robar una sonrisa a sus clientes y, "por si acaso", como puede leerse en las instrucciones, desinfectarlos también "por dentro".

Las instrucciones explicadas en la mesa exterior de la panadería son claras: mantener la distancia de un metro, usar el dosificador para la desinfección, entrar por la primera puerta, de uno en uno, y salir por la segunda. En el interior, salvando igualmente la distancia de seguridad, se despachan pan, empanadas y pasteles. Fuera, la espera se hace más amena para quien acepta la invitación del propietario.

"En un San José normal, de 11.00 a 13.30 horas era de locos, un no parar", apunta Camilo Álvarez, que recuerda que el año pasado era tal la cantidad de trabajo que un amigo de Ribadavia, al pasar el momento más fuerte le preguntaba "¿Ya respiras". Este año, tristemente, dice, "llevo respirando toda la mañana".

En cualquier caso, Camilo señala que, al contrario de lo que ocurre con otras actividades durante la crisis del coronavirus, ellos mantienen una producción mínima gracias al despacho del pan y el reparto diario a domicilio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook