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Un velero gijonés sufre la embestida de cuatro orcas en aguas gallegas

El patrón del "Urki 1" sintió "un golpazo tremendo" cuando los animales, que llevan 22 incidentes con barcos este verano, se pusieron a jugar con su timón

Un velero gijonés sufre la embestida de cuatro orcas en aguas gallegas

Un velero gijonés sufre la embestida de cuatro orcas en aguas gallegas

Incredulidad, impotencia y miedo. Por ese orden. Esas fueron las emociones que sintió el armador y patrón gijonés Alfonso Vega, quien tardará en olvidar lo vivido la noche del pasado martes cuando navegaba en su velero "Urki 1" y a seis millas náuticas al noroeste de cabo Prior (La Coruña) un grupo de cuatro orcas se ensañó con su barco, al que los animales causaron severos daños en el sistema de guía. El "ataque" de las orcas a la nave del gijonés hace el número 22 de los registrados en el último mes y medio en aguas gallegas, un fenómeno tan extraño e incomprensible -además de una amenaza para la navegación- que la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos (Cemma) ha encargado a un grupo de biólogos que investigue las razones por las que estos cetáceos, habitualmente pacíficos con los barcos, la ha emprendido con todo tipo de naves.

"Yo estaba en el puente de mando al gobierno del barco. Eran las 3 de la mañana, noche cerrada y, de improviso, sentí un golpazo tremendo, como cuando vas en coche y otro vehículo te da por detrás. La rueda del timón giró con tal fuerza que por la fricción me hirió las manos. Al ir a ver qué había pasado, las vimos: cuatro orcas, una jugueteando con el timón, otra siguiéndonos a popa y dos más, en los costados del yate", relata Vega, oriundo de Bilbao, vecino de Gijón y navegante experimentado. "Sólo había visto orcas anteriormente en viajes por el Pacífico, pero aquellas no tenían la actitud hostil de las que se cruzaron la otra noche en mi camino", apunta.

El armador del "Urki 1" hacía la travesía Finisterre-Gijón acompañado de un amigo y tuvieron el primer sobresalto del viaje pasada la medianoche: «Escuchamos el 'mayday' (señal de socorro) de un velero francés, el 'Amadeus', que estaba cerca de nosotros y nos dispusimos a ayudar en lo que fuera menester; al poco, Salvamento Marítimo de La Coruña nos informó de que ya había llegado la lancha de Cruz Roja, con lo cual nos retiramos y seguimos nuestro rumbo inicial, al norte», relata el patrón.

Advertidos de que el problema del barco francés había sido un encuentro con varias orcas que destrozaron el timón del velero, el marino gijonés y su acompañante tomaron medidas: "Nos pusimos el chaleco y aseguramos la línea de vida€ Por si acaso". Sabia decisión, pues las orcas, efectivamente, convirtieron al "Urko 1" en su siguiente objetivo. Así lo recuerda el patrón: "La pala del timón quedó destrozada en pocos minutos, además de registrarse daños en la limera y la mecha del timón, que quedó totalmente retorcida. Sin posibilidad de gobierno interno de la nave, las orcas juguetearon con el barco como si fuera una pelota golpeándolo aquí y allá, por popa, por los costados y hasta por la proa. Viendo hoy (por ayer) el track (trayectoria) del GPS resulta increíble lo que hicieron con nosotros: cuando empezó todo estábamos a 5,5 millas de la costa y acabamos bastante mar adentro después de haber hecho varios rizos".

El "Urko 1" fue el juguete de las orcas durante una hora que se le hizo eterna a los tripulantes: "Llegué a temer que se abriera una vía de agua en el casco, que es de fibra de vidrio. Pero el verdadero miedo ya no era que el barco se hundiera, si no lo que podrían hacer con nosotros las orcas una vez subidos a la lancha salvavidas". Afortunadamente, el robusto casco del "Urko 1" resistió y la lancha de Salvamento Marítimo acudió al rescate en cuanto puso a seguro al yate francés. "Durante el remolque a puerto, las orcas siguieron dando golpes al barco; solo se alejaron cuando estábamos a media milla del puerto de Cedeira, que es donde nos refugiamos", explica Vega, quien se deshace en agradecimiento al personal de la torre de Salvamento Marítimo de La Coruña.

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