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Un prestigioso cirujano no podrá operar más tras un accidente con la 'pilona maldita'

Ignasi F. Sanza es un reputado cirujano plástico, con 9.000 operaciones a cuesta y fundador de una clínica con su nombre pero un grave accidente le destrozó la muñeca y desde entonces no puede intervenir en sus pacientes

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Tiene hasta nombre. La 'pilona Marisa' (por un restaurante cercano) es un bolardo instalado entre la calle Colònia del Tibidabo y el Camino de Vallvidrera, en la parte más alta de la ciudad de Barcelona. El cono de forma tubular ubicado en medio de la vía permite que solo los vecinos puedan acceder a la travesía con su vehículo, ya sea coche o moto. Para algunos residentes es la “pilona asesina”. Explican que estos dispositivos (hay unos cuantos por los alrededores del parque de atracciones del Tibidabo) no funcionan bien, sobre todo cuando llueve, y suben y bajan a su antojo. Eso es lo que provocó que Ignasi F. Sanza, de 56 años, un reputado cirujano plástico catalán, con 9.000 operaciones a cuesta y fundador de una clínica con su nombre, tuviera un grave accidente en la noche del 18 de agosto del 2018. La muñeca le quedó destrozada y desde entonces no puede intervenir en sus pacientes.

Estas pilonas se activan con un mando a distancia que tiene cada uno de los vecinos de la calle. Cuando se accede con el vehículo, aprietan el botón y el tubo se baja, cambiando el semáforo de rojo a ámbar. Cuando salen, no hace falta el mando, pues el dispositivo detecta el turismo o la moto y el aparato desciende, permitiendo la circulación.  El problema es cuando el mecanismo se estropea y el cono baja y sube sin ningún control.

La reclamación al Consistorio

El cirujano plástico Ignasi F. Sanza ha reclamado a Barcelona Serveis Municipals, que depende del Ayuntamiento de Barcelona y que gestiona el parque atracciones del Tibidado, por su accidente. La respuesta inicial fue que el tubo había inspeccionado días antes con “resultado satisfactorio”. Un notario, sin embargo, constató el mal estado del asfalto y que dos bolardos entre ellos el del accidente, no funcionaban en enero del 2019, meses después del siniestro. Sanza ha puesto el asunto en manos del despacho de abogados de Sergi Mercè. La reclamación administrativa está en en plena tramitación. En el caso de no prosperar, no se descarta acudir a los tribunales de justicia.

Sanza vive en Villa Tibidabo, una torre modernista diseñada por el arquitecto Albert Joan Torner (1872-1957), probablemente a principios del siglo XX. En un pequeño monolito de piedra con el nombre de Richard Strauss conmemora la visita del célebre compositor, aunque, según cuenta este cirujano, sus estancias acogieron a la reina Isabel II. El médico adquirió hace unos años la casa a través de una subasta por el embargo de un banco cuando su profesión le daba unos buenos réditos económicos para poder mantenerla.

Ese 18 de agosto del 2018, su vida dio un vuelco. Esa noche, se montó en su moto para ir a una cena. Nunca llegó. La ‘pilona Marisa’ se levantó cuando pasaba por encima. Sanza se cayó con la mala fortuna que su muñeca quedó destrozada. “He perdido tendones, el nervio radial….”, relata. Después de cinco operaciones ahora mueve algunos dedos, pero no puede cerrar la mano, ni coger un vaso. En la muñeca tiene un enorme bulto. Es un trozo de pierna que le implantaron porque se le estaba pudriendo la mano. “Ya no puedo operar”, recalca. Este profesional reconocido en Europa y con 30 años de experiencia a sus espaldas únicamente puede pasar visitas médicas y asesorar a sus compañeros. Es posible que deba pasar de nuevo por el quirófano, pero como paciente.

Vehículos rotos o abollados

“Al día siguiente del accidente, las pilonas se desconectaron. No funcionaron más durante unos seis meses. Cuando reclamé al Tibidabo, me dijeron que el dispositivo que causó mi caída no estaba estropeado. Pero en una reunión de vecinos expliqué lo que me había pasado y salieron varias personas que habían tenido el mismo problema y sus coches habían resultado rotos o abollados. Sobre todo pasa cuando llueve”, recuerda Sanza. “En estos dos años, el Tibidabo me ha culpado a mí, como si fuera un loco. Se tiran la pelota con el Ayuntamiento. Las pilonas las puso el consistorio, aunque las reparaciones dependen del Tibidabo. Al menos que las arreglen”, denuncia.

“Estas pilonas necesitan un aceite para subir y bajar y cuando llueve se emulsiona, hacen mal contacto y hacen lo que quiere. Cambiaron las de hierro por otras de acero inoxidable, pero no hicieron los drenajes para el agua. Siguen sin funcionar bien”, precisa. “Si no las quieren arreglar, que las quiten. Queremos que no haya pilonas asesinas que dan miedo”, afirma Sanza. Su temor es que no solo los vecinos resulten heridos, sino el peligro que supone para las decenas de personas que visitan la zona. “El Tibidabo prefiere pagar la reparación de los coches, pero a mí me han destrozado la vida", sentencia.

Fuentes municipales reconocieron que se han producido "incidencias" con las pilonas del Tibidabo, pero pocas y de escasa importancia, menos la de Sanza. Insistieron que cuando estos dispositivos tienen alguna anomalía, los conos se quedan a ras de tierra y fuera de servicio. Cuando han resultado dañados vehículos, explicaron, se ha hecho cargo de la reparación la póliza de seguros. Según el Ayuntamiento, el equipo de mantenimiento refuerza las inspecciones a estos aparatos en las épocas de mayor afluencia a la zona y cuando se registra algún problema en alguna de ellas.

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