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Canarias

De jefe en un hotel a vivir en las calles

Francisco J. E., de 73 años, deambula y pernocta por San Gregorio al no tener vivienda | Sufre constantemente abusos físicos y robos al no poder defenderse

Francisco J.E,, un señor de 73 años que malvive en las calles del barrio de San Gregorio.

Francisco J.E,, un señor de 73 años que malvive en las calles del barrio de San Gregorio.

“Todavía no me explico cómo he llegado a esta situación”, expresa Francisco J. E., con la mirada perdida. “He trabajado durante toda mi vida, pero ahora parezco un pordiosero”, admite con la mirada triste mientras se mira las manos, que están cubiertas de heridas encostradas. Su pelo canoso está a medio teñir de verde, porque alguien lo roció con un spray. Le cuesta moverse, pero se apoya con su bastón y cada vez más le falla la memoria. Sin embargo, se acuerda perfectamente y con mucha nostalgia de su pasado.

Trabajó durante más de 40 años para una gran empresa del sector de la hostelería

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“Trabajé durante más de 40 años en el sector de la hostelería”, expresa orgulloso, detallando que fue durante mucho tiempo jefe de personal de una conocida compañía de hoteles y apartamentos. Bajo su mando se encontraban unas 50 personas, pero tras su quiebra perdió el trabajo. “Después de eso estuve un tiempo haciendo trabajos sin asegurar, pero me pude jubilar a los 61 años porque la ley lo permitía a quien tuvieran cotizados más de 30 años”, sostiene.

Detalle de su pelo teñido de verde tras sufrir un acto de abuso callejero. La Provincia

Sobre cómo llegó a su situación no sabe contestar con certeza. “Ha sido mi mala cabeza”, lamenta. Tras separarse de su mujer empezó a vender sus propiedades, repartidas en diferentes municipios de la Isla. “Con ese dinero he podido vivir las últimas décadas”, añade. Sin embargo, en los últimos ocho años calcula que todo empezó a ir cuesta abajo. Durante un tiempo estuvo viviendo en un piso de alquiler, en Hoya la Chanza, pero según relata el propietario del edificio de viviendas donde residía se murió y “sacaron a todos los vecinos de esos pisos”.

Tomaduras de pelo

Después intentó alquilar con su pensión otra vivienda. “Entregué 550 euros para la fianza, me dieron la llave de un buzón y nunca más volví a ver al arrendador”, expresa incrédulo. Pero no es la única vez que le han tomado el pelo. Cada vez que cobra su paga mensual acaba siendo desvalijado por sus conocidos e incluso ha llegado a pagar por residir en habitaciones compartidas en edificios abandonados. “Estuve con dos señores que no me dejaban ver ni la televisión”, recuerda con horror. Ahora asegura que está viviendo en otro cuarto de un edificio de San Gregorio, pero varias personas lo vieron durmiendo ayer cerca del mercado municipal. Lo increíble es que Francisco continúa sonriendo y mantiene el buen humor, soltando chistes sobre su situación caso como si no le afectase.

En una ocasión entregó 550 euros para alquilar un piso y jamás le dieron las llaves

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“Es como una suite”, sostiene riendo sobre la habitación. Por otro lado, el señor, que apenas come mira se termina con apuro medio bollo al que le han invitado. “No puedo más, ¡para mi esto es como un almuerzo!”, expresa con una sonrisa. Usualmente consigue sus almuerzos del restaurante La Pizza, que expone varios tápers de pasta, arroz o ensalada de martes a domingo.

Francisco asegura que jamás ha solicitado ayuda en el área de Servicios Sociales, porque no cree que lo necesite. En la calle ha sufrido abusos físicos y robos, pero a veces admite con resentimiento que “para lo que me queda por vivir tampoco importa”. Sobre su familia explica que “están haciendo sus vidas, mis hijos ya son adultos”, asevera. No espera nada de nadie, aunque recuerda con mucha nostalgia su vida pasada y tiene el sueño de recuperar cierta dignidad.

Tengo aún algunos bienes que son herencia de mi padre, pero no he podido recuperarlos porque hay muchos problemas familiares”, expresa con tristeza. Lo único que desea es vivir en un sitio estable, donde “vivir tranquilo y poder resolver finalmente mis problemas”, añade.

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