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Siete ríos que luchan como personas

La nueva batalla por la protección de los cauces fluviales pasa por darles el estatus de "persona" y "ser vivo", con todo lo que implica ante los tribunales

Siete ríos que luchan como personas

Siete ríos que luchan como personas

Todos los ríos tienen nombre, muchos una protección especial pero son solo un puñado los que ha alcanzado en los últimos años el estatus de persona, de ser vivo con derechos jurídicos reconocidos y equiparables a los humanos.

Estados Unidos

El debate nació de la desaparición total de uno de sus afluentes, el Little Wekiva, tras una fuerte sequía. El río se convirtió en un lodazal e hizo saltar todas las alarmas ambientales, y medio millón de vecinos apoyó su estatus de persona para poderlo defender en su nombre o «en el nombre del agua», como consta en la declaración. Ya se ha entablado la primera demanda, impulsada por la entidad Speak Up Wekiva en defensa del río para frenar la construcción de un macrocomplejo de apartamentos.

Ecuador

Los derechos de la naturaleza, en el sentido más amplio, están también reconocidos en la Constitución de Ecuador desde 2008, aunque no tenían ningún despliegue jurídico ni desde luego práctico hasta que una pareja extranjera, Richard Frederick Wheeler y Eleanor Geer Huddle, vivían en las inmediaciones del río Vilcabamba cuando las obras de construcción de una carretera cercana empezaron a derivar material al río, erosionaron su superficie, y causaron daños colaterales en forma de inundaciones. La pareja decidió acudir a los tribunales para apelar al derecho constitucional a favor de la naturaleza, concretamente en defensa del río, y así fue reconocido en sentencia de 2011 en el primer caso internacional de estas características.

Canadá

Pero los más habituales son los logros tras el trabajo coordinado de indígenas y ecologistas. El río Magpie, en Quebec (Canadá) fue reconocido en marzo como persona gracias a una alianza así. Según David Boyd, relator de la ONU para los Derechos Humanos y el Medio Ambiente y de origen canadiense, este movimiento no deja de ser una respuesta a los fracasos de distintos gobiernos a la hora de garantizar la protección de los entornos naturales.

Nueva Zelanda

Y lo mismo se puede decir del «río- persona» Whanganui, en Nueva Zelanda. Obtuvo su estatus en 2017 y está cotutelado por dos «guardianes»: uno en representación de la Corona y otro por la tribu Whanganui, que llevaba más de 100 años luchando por su reconocimiento. Pese a la reputada preocupación medioambiental manifestada por el gobierno de las Antípodas, el recurso a este nuevo instrumento jurídico apuntala la tesis de que no se asumía lo suficiente y la confianza en el nuevo artefacto legal.

Bangladesh

Pero para victorias legales, la de Manzill Murshid, abogado de Human Rights and Peace de de Bangladesh que si en agosto pasado lograba que la Corte Suprema reconociera al río Turag y el resto de cursos fluviales del territorio como «entidad viva con derechos legales», el 4 de febrero ganaba la apelación de Hameem Group y Anwar Group, que han de demoler distintas construcciones que impactan en el cauce del río y reducen la calidad de sus aguas. Con todo, la lucha por los derechos de los ríos de Bangladesh tiene sus aristas. Según relata Erin O’Donnell, académica de la Universidad de Melbourne, la reparación del río «puede topar con los miedos de expropiación de gente humilde que vive y trabaja en esas áreas, con lo que se enfrentará los derechos del río con los de la gente que vive a su alrededor».

India

Los ríos de la zona de Uttarakhand, están considerados como "persona moral" en el país y la Corte Suprema también estipuló que los "guardianes de los ríos" serían representantes del Gobierno y que actúan "como menores de edad legal que necesitan la protección parental", explica Erin O'Donnell.

Colombia

El Tribunal Constitucional de Colombia ha dado al río Atrato, el tercero más navegable del país, el reconocimiento de "entidad sujeto de derechos" para garantizar tanto su protección como su conservación y si se da el caso, su reparación de daños sufridos, y ya introduce la idea de los derechos "biolculturales", como apunta O'Donnell, "para enfatizar la conexión entre los derechos del río y los derechos de los pobladores que dependen de él". Y es que tiene un papel trascendental para el desarrollo de las comunidades pesqueras y su cultura.

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