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Kentucky

Movilización ciudadana en EEUU contra la deportación de un profesor gijonés

Pineville, localidad minera de los Apalaches, lleva al Senado evitar la expulsión del docente por culpa de una errata en la renovación del visado

Ernesto García y su mujer, Ana Isabel González, con su hija Adelaida entre ambos, el día de su graduación en la “high-school”, el año pasado.

El profesor de Secundaria Ernesto García García cambió las aulas gijonesas por las de una cuenca minera. No las asturianas, sino la de los Apalaches estadounidenses, donde ha estado impartiendo clases de español en Pineville (Kentucky). Después de nueve años, está a punto de ser deportado a España junto a su mujer y su hija, decisión contra la que se ha movilizado toda la comunidad de esa pequeña localidad montañosa al otro lado del Atlántico.

Ernesto nació en Ávila, pero se siente asturiano por los cuatro costados. De muy pequeño llegó a Asturias con su familia. Primero a Alles, en el Oriente. Luego, con 5 años, a Gijón, donde a la postre fue profesor en la Fundación San Eutiquio durante 19 años y luego impartió clases en institutos públicos de la región, entre ellos el Calderón, también en GijónTras una primera experiencia de un año, en 2005, en EE UU, volvió con su mujer, la gijonesa Ana Isabel González, y con su hija menor, Adelaida, en 2012. Con 59 años, los últimos tres en Pineville, Ernesto explica que “habíamos hecho planes ya para acabar, jubilarme aquí en cinco o seis años y regresar” a su piso del barrio gijonés de La Calzada.

Unos planes truncados por un error en la renovación del visado. Russell Thompson, superintendente de la institución educativa, explicó a este diario que hubo una errata en el formulario de envío de la solicitud de un nuevo visado como trabajador esencial. En vez de poner que García es “a secondary teacher”, un profesor de instituto, los responsables pusieron que era “a post-secundary teacher”, es decir, un profesor de niveles universitarios. “Estuvimos intentando registrar ese cambio, pero han desestimado el caso porque se terminó el plazo. Ahora estamos intentando que el caso se reabra porque todo esto se basa en un pequeño error”, señala Thompson, que asegura que el gijonés es “un profesor fenomenal” de español.

El apoyo no lo tiene solo del resto del profesorado, sino también de los alumnos y de toda la comunidad. “Quieren que me quede a toda costa”, explica Ernesto García. Pero la familia ya está buscando vuelo para regresar, porque si permanece más allá del plazo que le han dado las autoridades, tendría muy difícil obtener un nuevo visado. No obstante, confía en que los representantes políticos atiendan a las peticiones que están recibiendo de toda su comunidad desde que “empezaron los alumnos a movilizarse” en las redes sociales y con una recogida de firmas en Change.org. Una campaña que ha hecho que lo hayan entrevistado varios canales de televisión estadounidenses, entre ellos uno de ámbito estatal.

Sin poder contener la emoción, el profesor gijonés destaca que “es conmovedor, no estamos recibiendo más que muestras de apoyo, quieren que me quede a toda costa”, e incluso los vecinos de Pineville han enviado cartas al líder del Partido Republicano en el Senado, Mitch McConnell, senador por Kentucky, suplicándole que interceda por él.

Pese a su preocupación, se muestra “satisfecho” por un trabajo que no solo ha sido el de enseñante, sino también el de transmitir la cultura, poniendo en contacto a sus alumnos con los del Instituto de La Calzada. Unos alumnos estadounidenses que “saben qué es la sidra y cómo se escancia”.

Volver a empezar en España con 59 años no es la mejor perspectiva, pero quien peor está llevando la situación es su hija Adelaida, que llegó a EEUU con 9 años y que a punto de cumplir ahora los 19 “se siente americana al cien por cien, tiene aquí a sus amigos y a su novio”. Sus dos hermanos mayores se quedaron en España.

Salvo el año pasado, por el covid, la familia regresaba cada verano a Gijón. Ahora puede ser un regreso no deseado, pero Ernesto García le resta dramatismo: “Somos inmigrantes privilegiados comparados con los que cruzan el Río Grande o, en España, con los que cruzan el Estrecho”.

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