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La inocente invasión de las cigarras

Miles de millones de estos insectos emergen cada 17 años a la superficie para orquestar la banda sonora de la primavera en la costa este de EEUU

La inocente invasión de las cigarras

La inocente invasión de las cigarras

No hace falta llamar estos días a un entomólogo para saber qué está pasando en los parques y jardines de la ciudad, tomados por millones de visitantes de ojos saltones que emergen de la tierra cada 17 años para alegrar las tardes con un tamborileo metálico que puede ser más atronador que los motores de los aviones que aterrizan en el aeropuerto cercano de Ronald Reagan. “Mi amigo William es el experto en cigarras, pero te puedo decir que las hembras tienen el culo puntiagudo y los machos son los únicos que cantan.  ¿A que son bonitas? Tan regordetas y con los ojos rojos como los malos de los cómics”, dice Gianluca, un niño de ocho años mientras recoge cigarras con sus amigos en un parque de Washington ante la mirada un tanto aprehensiva de los padres. A todas les ponen nombre: Bob Junior, Billy Bob, Jeffrey…

Cigarras de la estirpe 2021

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El fenómeno es fascinante. Miles de millones de cigarras periódicas han vuelto a invadir la costa este de Estados Unidos sin tanques ni lanzas, desde Georgia, en el sur, hasta Pensilvania, en el norte, llegando hasta Illinois por el oeste. Las de este año pertenecen a la Generación X, documentada por primera vez en Filadelfia en 1715, cuando muchas de estas tierras no eran más que colonias británicas. Las 'generaciones', clasificadas con números romanos, son como una especie de árbol genealógico de las cigarras periódicas, que emergen a la superficie cada 13 ó 17 años tras pasar la casi totalidad de sus vidas bajo tierra, alimentándose de la savia de los árboles.

Gene Kritsky es uno de los mayores expertos mundiales en la materia. Lleva estudiando a estos insectos hemípteros desde hace 45 años, desde que uno de sus profesores de entomología le transmitiera su pasión por el ciclo vital de las cigarras. “Pensé que si era capaz de encontrar archivos históricos podría averiguar más detalles sobre cómo las generaciones de cigarras están relacionadas entre ellas”, dice este profesor de Biología de la Universidad de Mount St. Joseph, en Cincinatti (Ohio). Su ciclo vital es único. Las hembras ponen entre 200 y 400 huevos en pequeños orificios de las ramas de árboles y arbustos. Entre seis y 10 semanas después, nacen las crías, llamadas ninfas, que caen casi inmediatamente al suelo para cavar pequeños túneles verticales en la tierra. En el subsuelo pasan el grueso de sus vidas, embriagándose de la zarzaparrilla de las raíces como viejos bucaneros.

El ciclo de la vida de las cigarras

El ciclo de la vida de las cigarras

Breve vida adulta

Es la fase durmiente de sus vidas, sin duda la más placentera. Porque una vez transcurridos 13 ó 17 años, en función de la especie de cigarra periódica –hay también cigarras anuales—, emergen a la superficie en el mes de mayo, cuando la temperatura del subsuelo alcanza los 18 grados centígrados. Mudan entonces de piel dejando sus carcasas amarillentas en las hojas de los árboles y comienza así su brevísima vida adulta. Muchas de ellas son pasto inmediato de pájaros y otros depredadores, mientras el resto se dedica a aparearse frenéticamente ante de morir en un plazo máximo de un mes, regalando su nitrógeno y otros nutrientes al ecosistema. 

Los machos llaman a las hembras golpeando el  timbal de sus abdómenes y ellas responden con felices aleteos, una orquesta sexual que puede alcanzar hasta los 96 decibelios. Para poner tanto ruido en perspectiva, los conciertos de rock más atronadores de la historia se acercaron a los 130 decibelios. De modo que escuchar a las cigarras es como quedarse sordo viendo en su día a The Who o Motörhead. Pero no es su canto lo que más ha intrigado a los científicos, fascinados por los secretos de su reloj biológico. “Sabemos que las cigarras periódicas cuentan los años monitoreando los flujos de la savia que emana de las raíces de los árboles”, cuenta el profesor Kritsky, autor de varios libros sobre estos insectos.

Pistas sobre el cambio climático

“Son capaces de distinguir entre la fase de parada vegetativa del invierno y la floración de la primavera, y cada uno de esos ciclos lo cuentan como un año”. Su erupción periódica del subsuelo ha servido para aportar algunas pistas sobre el cambio climático. A principios del siglo XX emergían unos 10 días antes que ahora, según el profesor Kritsky, “lo que tiene sentido, porque nuestras primaveras son hoy más cálidas”. Pero los científicos no tienen todavía todas las respuestas sobre estas criaturas aladas ricas en proteínas que formaron parte del menú de los nativo-americanos. “Sabemos cómo cuentan los años, pero no cómo son capaces de recordar en qué año están. Esa es la gran incógnita que nos queda por despejar”, dice Kritsky.  

Antes que él, muchos otros compartieron su fascinación por las cigarras periódicas, documentadas por primera vez en Norteamérica en 1634 por los peregrinos que se establecieron en Plymouth (Massachusetts) tras llegar a sus costas en el 'Mayflower'. Las llamaron inicialmente “moscas grandes”, hasta que en 1715 se les puso el nombre de “langostas”, cuando aquellos colonos temerosos de Dios buscaron en la Biblia una respuesta a las plagas de cigarras que emergían periódicamente. Pasarían siglos hasta que la ciencia las distinguiera de las langostas, que pertenecen a la familia de los saltamontes y, a diferencia de las cigarras, se zampan vorazmente las cosechas. 

Sexualmente locas

Las cigarras tienen otra jugosa particularidad. Algunos machos se infectan con un hongo ('Massospora cicadina') que emerge en paralelo a las también llamadas chicharras. Les hace perder el abdomen y los genitales, pero las vuelve “sexualmente locas”, en palabras del profesor. No para aparearse, sino para esparcir el hongo que se instala en sus abdómenes. Lo hacen emulando el jovial aleteo de las hembras, lo que les sirve para contagiar a los dos géneros. Entre un 5% y un 10% se infecta, convirtiendo a estos bichillos en anfetaminas volantes, con las que comparten el ingrediente activo.  

Nada de eso ha disuadido a los restaurantes de la región que estos días vuelven a servir cigarras en sus menús. Los expertos sostienen que son totalmente inofensivas, bajas en grasas y ricas en vitaminas y proteínas. Generalmente se cocinan fritas y especiadas, como los chapulines mexicanos y se sirven en tacos o salteados asiáticos. Dicen que saben a espárragos fríos enlatados, pero aprovecharemos para reconocer que no las hemos probado. 

Tampoco el profesor Kritsky se las come desde 1987, ni siquiera durante las comidas opíparas que solía celebrar anualmente antes de la pandemia con la docena de expertos en cigarras periódicas que existen en el mundo. “Te seré sincero, me gustan estos insectos, me he ganado la vida gracias a ellos. Más que hambre me generan ternura”, confiesa el profesor con un deje de ironía.

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