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La ciencia se conjura contra el efecto mariposa que aniquila el planeta

Los expertos urgen a los líderes políticos y a la ciudadanía a abordar de manera conjunta la crisis climática y la pérdida de biodiversidad de las que depende la supervivencia humana

Desertización en un paraje natural de Suráfrica / REUTERS

Eran vasos comunicantes prácticamente taponados por un sinstentido más político que científico. Hasta que quizás por la pandemia o puede que por los preocupantes síntomas que exhibe el planeta, la lógica se ha impuesto y ahora empiezan a ir de la mano. La pérdida de biodiversidad y la lucha contra el cambio climático se han unido gracias al esfuerzo y el trabajo de algunos de los mejores expertos internacionales en la materia. El pasado 10 de junio presentaron un informe bajo el amparo de las dos organizaciones puntales de cada una de estas cruzadas: la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). Por extraño que parezca, jamás antes habían colaborado en un proyecto común a pesar de que sus áreas de conocimiento se basan en un mismo precepto: la supervivencia del planeta y de todos los seres vivos que la habitan, evitando un efecto mariposa de causas evitables y consecuencias catastróficas.

"Visión más global"

Algo que puede parecer obvio, como cuidar más mejor el planeta y sus espacios naturales para poder perpetuar la especie, en este caso se lleva a un nivel de detalle que nos apela tanto a políticos como a ciudadanos. Empezando por los gobernantes, en cuyas manos están las decisiones que pueden cambiar el curso de las cosas. Victoria Reyes-García es profesora ICREA en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y es una de las científicas que ha colaborado en este trabajo. En conversación con este diario, sostiene que uno de los principales valores del informe es ofrecer "una visión más global" del problema, surgida de la conexión y la investigación conjunta de disciplinas y expertos que hasta ahora realizaban sus estudios de manera estanca.

Terreno árido en el Lago Sun Moon, en Taiwan REUTERS

Para que se entienda, pone como ejemplo la configuración del Gobierno. "Si te fijas en el reparto de ministerios, tenemos uno para Agricultura y Pesca, otro para la Transición Ecológica y otro para Industria. Y no tengo muy claro si se relacionan entre sí a pesar de que todos tienen algo que ver con el problema que hemos puesto sobre la mesa". La política, pues, no está organizada de manera que la crisis climática y la supervivencia de la biodiversidad se aborden de manera conjunta. Pasa un poco lo mismo, prosigue, con los objetivos de desarrollo sostenible (los ODS). "Algunos de ellos pueden ser contradictorios entre sí. Por ejemplo, acabar con el hambre en el mundo y proteger el 50% de la tierra. Si te pones a cultivar para alimentar a la población, esa conservación no puedes llevarla a cabo. O el tema del riego para la agricultura y al mismo tiempo mantener el ecosistema fluvial intacto. Todos los objetivos, de manera individual, puedes ser interesantes y loables, pero falta la visión de conjunto. No sé hasta qué punto se han trabajado de manera unificada para darse cuenta de que la biodiversidad afecta al clima y también a los humanos". En definitiva, de que todo está relacionado, y que una mala decisión tomada aquí, puede afectar a un rincón situado a miles de kilómetros, y viceversa.

Causas y consecuencias

Esa visión global, prosigue, es la suma de la mirada a corto plazo de los ecologistas y la previsión a 20 años de los climatólogos. Es decir, solo maridando presente y futuro se pueden garantizar ambas cosas. Y no se trata de salvar a los pajaritos porque son bonitos, sino de preservarlos para salvar al ser humano. O lo que es lo mismo: "Las causas y las consecuencias de lo que sucede en la biodiversidad están unidas, y todo el abordaje de esta cuestión debe hacerse con un componente de justicia social, es decir, que las decisiones políticas no desfavorezcan a determinados sectores de la población". Sabe bien de lo que habla, puesto que Reyes-García es experta en comunidades indígenas duchas en el arte de vivir de y en la naturaleza sin explotarla, sin una acción extractiva que la desertice.

En esta línea, el informe insta a detener la pérdida y degradación de ecosistemas, ya que puede "contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por el ser humano entre 0,4 y 5,8 gigatoneladas de CO2 al año". La restauración de ecosistemas ricos en carbono y especies es asimismo una opción "barata" y "rápida" de mitigar el calentamiento global, indican los expertos. La científica de la UAB reclama a los gobiernos respuestas más ágiles ante esta crisis conjunta. Las ayudas que la Unión Europea mandará a los estados miembros, por ejemplo, son un buen ejemplo, asegura Reyes-García, puesto que permiten condicionar la subvención a un uso sostenible de los recursos.

Un nuevo guion

El informe crea una narrativa nueva sobre el problema, da una visión de conjunto que los expertos esperan que pueda trascender al ámbito de la política. "Nuestro deseo es que nuestro trabajo tenga efecto en las grandes políticas, y luego cada país ya irá adaptándolas, pero lo importante es dar el mensaje de que cada acción tiene sus efectos". Pone como ejemplo el debate sobre la nueva factura de la luz y el comentario generalizado sobre encender la máquina de lavadora para ahorrar. "¿Por qué no se habla sobre los programas cortos o sobre el uso de agua fría en lugar de caliente? La gente debe darse cuenta de que vivimos en un planeta que tiene límites".

"La tierra y el océano ya están haciendo mucho absorbiendo casi el 50% de las emisiones de CO2 humanas. Pero la naturaleza no puede hacerlo todo", resumió Ana María Hernández Salgar, presidenta de IPBES, en la presentación del informe.

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