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Fauna

El verdadero valor de un oso en Asturias: trabajo, turismo e impulso a los negocios locales

Un informe evalúa el papel que la recuperación de la especie tiene en la economía de los concejos donde habita: 20 millones y 350 empleos

Los osos se comunican entre sí haciendo marcas en los árboles.

El oso atrae visitantes en Asturias, genera ingresos, crea empleo, capta recursos externos, dinamiza las economías locales, ayuda en la lucha contra el despoblamiento rural y favorece una imagen de excelencia ambiental. En definitiva, aporta riqueza. No es solo una frase, la Fundación Oso Pardo (FOP) y la Universidad de Oviedo han cuantificado la contribución directa del oso pardo a las economías de los territorios del Noroeste donde se asienta y la dependencia económica y laboral que diferentes actividades y negocios tienen de ese recurso en la actualidad. Los resultados del estudio científico se han publicado en el libro “Osos cantábricos. Demografía, coexistencia y retos de conservación”, referencia ineludible para conocer en profundidad la situación de la especie.

“La presencia de osos no solo contribuye a la imagen de calidad ambiental, sino que la avala. Haber logrado sacar al oso pardo de la situación crítica que vivía significa que Asturias, efectivamente, sí es un paraíso natural”, resaltó Guillermo Palomero, presidente de la FOP. El oso es una “especie emblemática”, cuya presencia implica “una naturaleza bien conservada, lo cual ya es en sí mismo un valor en los tiempos que corren”, añadió. Abogó por “poner en valor” al oso, con “sensibilidad y cuidado”, buscando que el turismo de observación, en alza, no interfiera en la vida los animales.

Palomero resaltó que la conservación del oso, aparte de ser una obligación legal, beneficia a la sociedad, ya que la especie es “un activo económico que atrae recursos económicos y visitantes”. Admitió que el plantígrado “no va a arreglar la situación económica de ninguna comarca”, pero sí puede tener “un papel activo en la ayuda a las economías rurales”.

El estudio publicado en “Osos cantábricos” incluye un muestreo que abarcó a 198 negocios ubicados en 32 municipios de Asturias, León, Lugo, Palencia y Cantabria, dentro del área de distribución de la especie. El informe revela que el 40 por ciento de los negocios muestreados percibe que su facturación y su clientela dependen, en algún grado, de la presencia del oso pardo. Y de ellos, el 18 por ciento se considera “altamente dependiente de la especie”, pues de ella depende casi la mitad de su facturación.

Los negocios dedicados a prestar servicios relacionados con turismo de naturaleza y ecoturismo y a gestionar equipamientos, educación ambiental y consultoría son los que tienen “mayor probabilidad de depender económica y laboralmente del oso”, señala el estudio.

Hay más: el oso pardo es un recurso productivo que contribuye a “generar o mantener empleo en aquellos casos en que más del 30 por ciento de la facturación del negocio está asociada a su presencia”. Con estos datos, la FOP y la Universidad han estimado que por cada millón de euros facturado en 2017 por los negocios que se declararon económicamente dependientes del oso se han sostenido o creado 17 empleos directos en el medio rural.

La extrapolación de los resultados indica además que, en el escenario de cálculo más conservador, el oso pardo contribuyó a generar 20 millones de euros de ingresos en el tejido productivo rural de 26 de los municipios estudiados, y a crear o sostener de forma directa 350 empleos equivalentes a tiempo completo (ETC), mayoritariamente cubiertos con residentes en la misma localidad del negocio.

Los autores de la publicación destacan que el proceso de recuperación del oso en España se ha visto acompañado de un cambio en la percepción social de la especie, al haberse comprobado su capacidad para dinamizar las economías locales de las zonas de montaña donde se asienta. El cambio del modelo turístico rural ha sido fundamental: ahora el visitante busca parajes bien conservados, y la observación de la naturaleza se consolida como complemento a otras actividades tradicionales.

El texto refleja que varios estudios realizados en el extranjero han concluido que el avistamiento de osos es ya una actividad económica con mayor impacto que la caza. Otros destacan su importante valor publicitario. Entre los aspectos positivos que el oso aporta a la sociedad es que otorga a los lugares donde habita una imagen de “excelencia ambiental”, lo que proporciona a esas zonas de montaña “una oportunidad de desarrollo económico y social que puede ayudar a luchar contra la despoblación del medio rural”.

Asturias es el territorio que saca más partido de la presencia de los plantígrado, refleja el estudio

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Entre las conclusiones del estudio figura que en la zona centro-occidental (Lugo, León y Asturias) casi la mitad de los negocios presentan dependencia económica del oso. Los municipios de Proaza y Somiedo, donde la imagen del oso se ha convertido en marca diferenciadora de sus territorios, son los que mantienen la mayor proporción de negocios con dependencia de la especie. En la zona centro-oriental (León, Cantabria y Palencia) la dependencia se reduce al 27 por ciento.

En Somiedo resulta “muy difícil” separar el efecto de la presencia de osos del hecho de que fue el primer parque natural declarado en Asturias, apuntan los autores. Por el contrario, en Proaza, donde en el año 1996 se inauguró la Casa del Oso, sede de la Fundación Oso de Asturias (FOA), la existencia de la Senda del Oso y el cercado creado para albergar a las emblemáticas “Paca”, “Tola” (ya fallecida) y “Molina”, tras la imposibilidad de reintroducirlas con éxito al medio natural, sí son “un fiel reflejo de la estrecha y directa asociación entre la especie y los negocios locales”.

“Asturias es donde mayor probabilidad existe de encontrar negocios dependientes del oso en su área de distribución, seguida de Palencia, León y Cantabria”, recoge la publicación de la FOP. En Lugo el tamaño de la muestra fue insuficiente, lo que imposibilitó obtener estimaciones coherentes.

Pero, ¿a cuánto ascienden los ingresos totales atribuibles a la presencia del oso? Según los propios encuestados, en 2017 a 1.402.890 euros; es decir, el 14 por ciento de la facturación total (9.923.197 euros). Por lo tanto, en el escenario más conservador posible, en los 26 municipios oseros analizados, el oso pardo contribuyó a generar “20,5 millones de euros de ingresos en los negocios locales, gracias a que una parte del tejido productivo se beneficia de la imagen y capacidad de atracción de la especie”.

Pero el oso también contribuye a la creación de empleo rural. El conjunto de negocios muestreados (198) aglutinaba en 2017 un total de 732 puestos de trabajo (equivalentes a 583 empleos a tiempo completo). La conclusión de los científicos fue que el 7 por ciento de todo el empleo existente en las actividades y municipios analizados se debía a la presencia de la especie, un porcentaje que está en línea con el mostrado en un estudio realizado por el Ministerio de Medio Ambiente ese mismo año.

En los negocios que manifestaron tener alguna dependencia económica y laboral del oso el porcentaje se eleva notablemente: por término medio, el 48 por ciento de los empleos se explican por la presencia del oso.

También se puso de manifiesto que el trabajo ligado al oso constituye una fuente de empleo para los habitantes del medio rural; el 62 por ciento del empleo neto creado gracias al oso recae “en personas que viven en el mismo municipio del negocio, ejerciendo de esta forma un impacto social positivo y contribuyendo a fijar población en estas áreas”.

Finalmente, el estudio incluye una estimación de la contribución del oso a la creación de empleo en la totalidad del territorio estudiado. De nuevo en el escenario más conservador posible, “en los 26 municipios oseros analizados el oso pardo contribuyó a generar o sostener de forma directa 350 empleos a tiempo completo del tejido económico local”, recoge la publicación.

Entre los retos de futuro figuran los de mantener la lucha contra el furtivismo, seguir apostando por las figuras de protección ambiental, intentar conectar las dos subpoblaciones oseras de la Cordillera Cantábrica, y fomentar la imagen positiva de la especie como elemento dinamizador de las zonas rurales y como símbolo de calidad ambiental.

A todos ellos hay que añadir uno más: esforzarse en reducir los conflictos entre osos y humanos, mediante la prevención de los daños y su indemnización justa y rápida, e intentando evitar encuentros fortuitos (e informando de cómo actuar en caso de que se produzcan) como el que acabó con una mujer herida grave hace unas semanas en Cangas del Narcea.

Los científicos ya han subrayado que el oso cantábrico no es agresivo. Es de hecho mucho más tranquilo, apacible y esquivo que los congéneres que habitan en otras partes del mundo, y solo en casos muy puntuales llega a atacar al ser humano, la mayor parte de las veces con la única intención de apartarlo y huir. De ahí que Palomero lamente que se “magnifiquen” este tipo de incidentes, porque “además, van en detrimento de la imagen de Asturias”.

En ese sentido, subrayó que la presencia de osos en un territorio, la biodiversidad en definitiva, “no es parte del problema del despoblamiento rural, sino de la solución”, porque puede generar “recursos económicos y empleo, si se actúa con inteligencia”.

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