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Feminismo

La revolución femenina de las canas

De izquierda a derecha: Andie MacDowell, la reina Letizia, la ‘influencer’ Carmen Gimeno, la periodista e ‘instagramer’ María Font y Carolina de Mónaco.

La actriz estadounidense Andie MacDowell sorprendió en la pasada edición del festival de Cannes pisando la alfombra roja y estrenando en público su melena con las canas luciendo al natural. Sus asesores trataron de disuadirla, pero finalmente la intérprete de 63 años decidió no ocultar los signos del paso del tiempo en su cabello. “La edad en mi rostro, para mí, ya no coincidía con la que tenía. Aceptar mis canas es un acto de confianza y me da poder”, manifestaba la protagonista de “Cuatro bodas y un funeral”, entre otras exitosas películas de Hollywood.

MacDowell es la última celebridad en sumarse al carro de una tendencia que ya venía gestándose hace tiempo –hace años que Rosa Oriol, la propietaria de la firma de joyería Tous, se convirtió en referente femenino del pelo plateado en España–. En los últimos meses hemos ido descubriendo también como Sarah Jessica Parker dejaba a la luz sus raíces repletas de mechones blancos exhibiendo un peinado con el cabello hacia atrás sujeto en una trenza larguísima antes del rodaje de la nueva temporada de “Sexo en Nueva York”.

La propia realeza no es ajena a la revolución de las canas, que muestra con elegancia en su melena long bob la mismísima Carolina de Mónaco e incluso la reina Letizia, cuyos mechones enteros de pelo blanco han suscitado diversas interpretaciones. Algunos apuntan a que se trata de un gesto en sintonía con la gravedad de la pandemia, por el que trataría de dar una imagen menos formal y más cercana a la realidad de la crisis sanitaria. Otros sostienen que la consorte de Felipe VI pretende lanzar el mensaje de que no quiere ser perfecta, que se siente cómoda con su edad y que es libre para mostrarse como desea en sociedad.

Las redes sociales no son ajenas a esta tendencia y cada vez hay más influencers que se han decidido a abrazar sus canas y animar a sus seguidoras a imitarlas. “A mis 57 años no escondo mis arrugas, no oculto mis canas y no necesito artificios para sentirme satisfecha conmigo misma”, manifiesta con convicción la influencer de moda, docente y licenciada en Bellas Artes vasca Carmen Gimeno, quien luce una media melena de color blanco nuclear. 

No es la única: la mexicana Katya Campos compartió en su canal de Youtube su transición al pelo canoso y ofrece consejos a sus seguidoras sobre los mejores cuidados; Mariana Trevijano, farmacéutica de profesión, es referente del movimiento internacional Silver Sisters que promueve la cabellera plateada, y la periodista María Font Oliver no dudó en compartir orgullosa en Instagram el proceso de cambio de su melena castaña a blanca.

Teniendo en cuenta de que seis de cada diez mujeres deciden teñirse el pelo cuando empiezan a asomar las primeras canas, tal vez las defensoras de la melena plateada han querido en un primer momento buscar la originalidad que se pierde al ajustarse a los estándares de moda. El sociólogo de la Universidad de Vigo Benxamín Porto nos remite a su colega francés ya fallecido, Pierre Boudieu, estudioso de la sociología de la vida cotidiana, quien llegó a la conclusión de que una de las motivaciones y necesidades humanas es la distinción, es decir, la necesidad de resaltar la identidad personal dentro del grupo social al que se pertenece. “De esta manera se explica el gusto por el arte, el ocio, las cirugías, los tatuajes, etc. Como una reafirmación de la identidad personal e individualizada manifestada en gustos distintivos que resaltan la diferencia dentro de la masa amorfa”, expresa Porto.

Emancipación de la tradición

“Posiblemente ha contribuido a esta identidad a través de los cabellos grises el empoderamiento femenino como emancipación de la tradición que ocultaba o manifestaba las señales del tiempo vivido”, afirma el sociólogo gallego, quien destaca que “en nuestra cultura el cuerpo se ha cosificado convirtiéndose en un signo y una mercancía que a su vez es un lenguaje que expresa el narcisismo visible de cada uno”.

Teniendo en cuenta que “determinadas figuras populares de los medios y la publicidad contribuyen a crear modelos corporales y estéticos que son socializados como ideales”, según sostiene Porto, no es de extrañar que en la calle se imponga también esta tendencia.

Así lo constata la peluquera viguesa Mara Costas, quien considera que la revolución de las canas femeninas será solo una moda pasajera que desaparecerá en cuanto nos quitemos las mascarillas. “La pandemia genera tristeza y la onda ecológica influye –aunque se puede optar por tintes naturales–, pero personalmente creo que el pelo gris no favorece y en cuanto pase la crisis se volverá al tinte”.

Esta profesional con más de 50 años de experiencia no ve detrás de esta tendencia ninguna reivindicación de igualdad de género. “Las demandas feministas, tal y como vemos en las manifestaciones, están llenas de color, tanto en pelos teñidos como en caras pintadas. El empoderamiento de la mujer es un hecho, está ahí y está bien, aunque el machismo se resista”, continúa.

Las clientas que deciden dejar de teñirse alegan estar aburridas de darse el color tres veces al mes. “También hay que cepillarse los dientes varias veces al día, pero respeto su decisión”, comenta Costas, quien señala que un cabello blanco también precisa cuidados “Lo que menos me gustan son las canas encrespadas, hay cantidad de alisados como el de células de manzana que lo evitan; cuando alguien decide dejar de teñirse es horrible ver la raíz blanca y el resto de la melena de color, lo que se soluciona con mechas contrastadas con bases oscuras hasta que llegue el blanco definitivo. Después hay que cuidar el pelo, cortarlo, aplicarle productos para que no amarilleé y demás”.

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