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Federico Martinón-Torres | Doctor en Pediatría y miembro del Comité Asesor de Vacunas de la OMS

“Los padres no deben preocuparse porque la vacuna en los niños es segura”

“Ya se han administrado a millones de menores, sobre todo en EE UU, sin incidencias” | “El debate no estaba en la seguridad sino en la prioridad de vacunar a los sanos”

Federico Martinón-Torres en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS). / XOÁN ÁLVAREZ

Si hubo dudas sobre vacunar o no a los niños de 5 a 11 años era por una cuestión de priorizar los recursos, según explica Federico Martinón, experto en vacunación. Era evidente para menores de riesgo pero para los niños sanos no era urgente. Ahora la vacunación general en este tramo de edad será realidad. Martinón-Torres indica que no hay motivos para preocuparse: “la seguridad de la vacuna está garantizada”.

–¿Es una vacuna distinta a la de los mayores?

–Sí. En los ensayos clínicos pudimos comprobar que con una dosis más baja, en concreto un tercio de la dosis que se utiliza en los adultos, es suficiente para producir la misma protección.

–¿Supone algún riesgo la vacunación en este tramo de edad: de 5 a 11 años?

–Ninguno distinto de los riesgos habituales de cualquier vacuna. Específicamente, además de los datos que tenemos de los ensayos clínicos que permitieron que las agencias reguladoras aprobasen la utilización de estas vacunas en esta edad, desde entonces se ha administrado a millones de niños, principalmente en Estados Unidos; más de cuatro millones de niños de 5 a 11 años han recibido esta vacuna y no ha habido ninguna incidencia de seguridad, por rara que fuese, que se hubiese podido escapar en los ensayos clínicos.

–¿Por qué había dudas?

–Las dudas no son sobre la seguridad de la vacuna, que pueda ser perjudicial para los niños o que pueda no funcionar. Las dudas se centraban en la prioridad de vacunar a los niños sanos frente a la COVID.

–En los niños sanos...

–No tengo ninguna duda de que los niños que tienen factores de riesgo en esta edad, igual que los adultos, (podemos hablar de inmunodepresión, fármacos debilitantes del sistema inmune, déficit o enfermedades neurológicas graves...) son prioritarios. Igual que los adultos. Esos niños tendrían que estar ya vacunándose y no tengo ninguna duda a ese respecto por el beneficio franco que para este grupo tiene. Luego está la vacunación también prioritaria para los niños de estas edades que son convivientes en entornos donde hay personas con inmnunodepresión o de muy alto riesgo aunque estén vacunadas, porque estrechamos el cerco de protección a su alrededor. Y después está el niño sano en este grupo de edad. Efectivamente, el beneficio directo de la vacunación es menor porque se defienden mucho mejor de la enfermedad por sí solos (mejor que los adolescentes y que los adultos) y es ahí donde surge la duda si pensamos en el beneficio directo que pueda tener. Pero también hay otros beneficios que hay que considerar.

–¿Cuáles?

–Que los niños estén protegidos ante la posibilidad de que en algún momento haya nuevas variantes que sí sean específicamente dañinas para los niños. Que estén protegidos y puedan tener una vida más plena, que no tengan que hacer las cuarentenas como cuando no están vacunados, que puedan viajar... de alguna manera, que la enfermedad y el contexto pandémico interfiera menos en sus vidas. Aunque el riesgo de enfermedad es muy bajo, no es cero. De todos modos, lo que quería explicar es que la vacunación COVID es mucho más prioritaria en los pacientes de alto riesgo allí donde estén, es decir, que más prioritario que vacunar a los niños sanos es, sin duda, vacunar a cualquier adulto o a cualquier persona de cualquier edad con factores de riesgo, independientemente del lugar en el que vivan, precisamente para evitar situaciones como las que estamos viviendo en la actualidad con ómicron o lo que pueda venir. Es la única forma de acabar de una vez por todas con esta pandemia.

–¿Deben preocuparse los padres?

–No. Insisto. No es un tema de seguridad. Es un tema de priorización. El debate no está en que la vacuna pueda hacer daño a los niños, en absoluto, sino en que prioricemos los recursos para otras cosas, bien sea para otras vacunas en los niños o para vacunar a otras personas por COVID que lo necesitan más allí donde estén.

“Los que contagian son los adultos: lo sospechábamos desde el inicio de la pandemia y no ha cambiado”

–¿No vacunarlos podría ser perjudicial para el futuro?

–Las autoridades aprueban la vacunación en este tramo de edad, nos facilitan la vacunación gratuita de nuestros hijos. Evitar vacunarlos no va a conseguir que esas dosis vayan a otros sitios donde puedan ser más prioritarias o que en vez de esa vacuna le pongan otra que no es gratuita y que es importante. No funciona así. Es decir, tampoco vamos a desaprovechar esta oportunidad porque, insisto, que sean menos prioritarias en el niño sano que en otros grupos no quiere decir que no sea buena, que no sea beneficiosa o que tenga algún riesgo para el niño.

–¿Los niños son contagiadores?

–No. Los que contagian son los adultos. Ese paradigma, de momento, el que sospechábamos desde el inicio de la pandemia, no se ha modificado. Esto no quiere decir que un niño no pueda infectar. Pero es mucho más eficaz en el contagio el adulto que el niño. Lo que ocurre es que al no estar vacunados y al haberse relajado las medidas de control pues, evidentemente, es más probable encontrar casos en las personas no vacunadas que en las vacunadas. Por lo tanto, los niños, al no estar vacunados, es más normal que veamos más casos. Pero no son ellos el motor de esta pandemia; no hay datos para pensar que sea así.

–Usted propone incluir otras vacunas en el calendario infantil.

–Hay vacunas que están aprobadas para estas edades y son más prioritarias que la vacunación COVID. Esto no quiere decir que la vacunación COVID sea mala, sino que tenemos que aprovechar el impulso y el momento para actualizar los calendarios vacunales de los niños y que se incluyan todas las vacunas de las que se pueden beneficiar: meningococo B, meningococo ACWY en el adolescente y en el lactante, papiloma en los varones, rotavirus en los lactantes... Si tenemos claro que podemos y que debemos vacunar a los niños sanos y nos lo podemos permitir, pues creo que es un buen momento para reflexionar sobre actualizar el calendario.

“Si toca ahora otra vacuna pueden separarse una o dos semanas”

–¿Qué efectos puntuales, tras su administración, puede tener la vacuna en los pequeños?

–El perfil de seguridad es bueno y no es diferente de otras vacunas: molestia local (dolor en el punto de inyección), sensación de malestar, febrícula... son algunos de los efectos habituales.

–Ellos pasan normalmente el coronavirus sin síntomas.

–Precisamente el hecho de que sea mucho menos grave, habitualmente asintomático en este grupo de edad, es uno de los argumentos que hace que la vacunación en este grupo sea menos prioritaria. Y también el papel que tienen en la transmisión. Pero, insisto, no quiere decir que no sea bueno.

–¿Cómo está la situación en otros países?

–Estados Unidos ya lo está haciendo, Israel también y ahora otros muchos europeos. Fuera del contexto europeo hay otros países que utilizan otro tipo de vacuna y ya están vacunando también a los niños a partir de los tres años, sobre todo en el continente asiático.

–En caso de que el niño tenga que poner ahora una de las vacunas del calendario, además de la del coronavirus, ¿pueden administrarse en los mismos días o conviene espaciarlas?

–Sabemos que no hay interacciones significativas entre las vacunas COVID y las otras vacunas por un principio general de vacunación y porque se trata de una vacuna que llamamos inactiva, es decir, que no contienen material vivo; no esperamos interferencias. En general no hay problema en la coadministración. No me preocuparía. Generalmente, ante la duda, se suelen establecer periodos arbitrarios entre vacunas. Si tienen dudas se puede separar una o dos semanas la administración de una vacuna con la otra. Pero en el caso de estas vacunas hay muy bajo riesgo y no creo que sea importante fijar intervalos.

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