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Arqueología

Un grupo de investigadores descubre en Italia la tumba más antigua de una recién nacida europea

La bebé falleció hace 10.000 años, después de vivir menos de dos meses, según los primeros resultados de la investigación

El yacimiento donde se halló la tumba más antigua de una recién nacida en Europa.

En una gruta de Liguria, esa región italiana estrecha y empinada del noreste de Italia que se asoma sobre el mar Tirreno, se ha descubierto la que ahora se considera la tumba más antigua de un bebé nacido en Europa. El extraordinario hallazgo, que ha sido verificado y publicado en 'Scientific Reports', una revista del grupo 'Nature', fue dado a conocer esta semana por la Universidad de Bolonia, una de las entidades que han participado en la investigación.

La recién nacida, de sexo femenino, se cree que vivió unos 40 ó 50 días antes de fallecer hace 10.000 años, según han revelado los resultados del análisis por radiocarbono. Eso es, en la primera etapa del Mesolítico, la época de transición entre el Paleolítico y el Neolítico, sobre la que aún se tienen pocas informaciones y que coincidió con "una expansión de las áreas boscosas y aumento del nivel del mar".

Esto último es lo que gran interés ha despertado en los investigadores, que afirman que el descubrimiento está permitiendo arrojar luz sobre las estructuras sociales y las costumbres funerarias de los cazadores-recolectores, en "una fase crucial para la historia europea", antes de la aparición de las comunidades neolíticas de ganaderos y agricultores llegadas del Cercano Oriente.

Joyas y ornamentos

Más aún que, como se ha observado, hubo escrupulosidad en la sepultura de la niña. Tanto que junto a sus restos también se hallaron algunas joyas y ornamentos que los arqueólogos creen que la menor heredó pues estaban "desgastados". Entre ellos figuran 60 conchas perforadas, que "probablemente habían sido cosidas sobre un vestidillo o un petate de piel", así como cuatro colgantes y la garra de un búho real. Todo se encontró en la cueva de Arma Veirana, de 40 metros de profundidad, que tiene una curiosa forma de cabaña, y está ubicada en la localidad de Erli, en el valle de Neva. Por ello también los investigadores apodaron Neve a la bebé, una palabra que en italiano significa nieve.

El lugar donde se ubicaban los restos de la bebé Neve. EPC

"Este descubrimiento permite investigar sobre un excepcional rito funerario de la primera fase del Mesolítico, una época de la cual no se conocen muchas sepulturas, y testimonia cómo todos los miembros de la comunidad, también las pequeñas recién nacidas, eran reconocidos como personas a título pleno, y gozaban en apariencia de un trato igualitario", ha subrayado Stefano Benazzi, profesor de la Universidad de Bolonia. "Es un hallazgo de importancia que nos permitirá de llenar muchas lagunas (...) Entender cómo nuestros antepasados trataban a sus muertos tiene un enorme significado cultural y nos permite averiguar muchos aspectos de su comportamiento, como su ideología", ha añadido.

Análisis de carbono y nitrógeno

Algunos misterios ya se han empezado a esclarecer. De hecho, el análisis del carbono y del nitrógeno sobre las yemas dentales de la bebé también han dado informaciones sobre su madre. En particular se ha descubierto que la mujer mantenía una dieta basada en productos derivados de la tierra, como animales de caza, y no se alimentaba con pescado o mariscos. Además de ello, también se ha sabido que la progenitora sufrió algún tipo de estrés durante el embarazo, lo que detuvo el crecimiento de los dientes del feto entre los 47 y 28 días antes de nacer. El estudio del gen amelogenina, en cambio, ha revelado que la niña pertenecía al linaje de mujeres europeas conocido como haplogrupo U5b2b.

Curiosamente, la intrahistoria del hallazgo también ha permitido saber que la zona donde fue encontrada la bebé estuvo, por mucho tiempo, a la merced de saqueadores mientras que los arqueólogos la ignoraban. Esto se mantuvo así hasta 2006, cuando Giuseppe Vicino, del Museo Arqueológico de Finale Ligure, encontró algunos restos que le llamaron la atención y los entregó para que no se perdieran. Aún así tuvo que pasar una década más hasta que, en 2018, finalmente un equipo de investigadores de Italia, Alemania, Estados Unidos y Canadá, se puso manos a la obra y dio inicio a las excavaciones. 

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