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Sovhispán, esos 'camaradas' rusos

La constitución en 1971 de esta empresa mixta hispano-soviética convirtió al puerto de Santa Cruz en una de las bases más importantes de la flota rusa en el Atlántico

El buque científico ruso ‘Kosmonaut Yuri Gagarin’, atracado en el Muelle Norte del puerto santacrucero. E. D.

Las ganancias de los astilleros; los gastos de los tripulantes soviéticos en todo tipo de establecimientos y tiendas o la actividad empresarial en los pequeños comercios dedicados al abastecimiento de los buques aún se recuerdan como una de las épocas más floridas del puerto santacrucero, aderezada por la larga sombra de su papel como espías que siempre acompañó a los directivos y asesores rusos.

Antes de que el 9 de febrero de 1977 España y la URSS normalizaran sus relaciones diplomáticas, en Canarias se gestionaba ya desde 1969 –periodo que se denomina como segunda época franquista y superada ya la fase de la autarquía–, el 50% del negocio del pescado de la URSS, que lucía una flota integrada por 1.500 buques de altura, alrededor de 15.000 marineros soviéticos y el apoyo de cerca de unos 200 técnicos.

El 3 de julio de 1971 se constituía Sovhispán en Barcelona. Aquella fue una empresa mixta hispano-soviética, con un capital social de catorce millones de pesetas, aportadas en un 50% por los organismos soviéticos Sovriflot y Prodingotr, y el otro 50% por las entidades españolas Compañía General de Tabacos de Filipinas y la Sociedad Vapores Suardíaz. Nacía con el objetivo de mejorar los servicios de abastecimiento y avituallamiento de los buques soviéticos que operaban en labores pesqueras en aguas próximas a Canarias (banco canario-sahariano y el golfo de Guinea) y para llevar a cabo todo tipo de actividades comerciales relacionadas con la pesca, si bien siempre estuvo presente la sombra del espionaje. El domicilio social estaba registrado en Santa Cruz de Tenerife, aunque la base de operaciones se ubicó en el puerto de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. Como firmas filiales tenía incorporadas a Iberles, Pesconsa y Soviemex.

Esta empresa desarrolló su actividad comercial en Canarias entre 1971 y 1993, reflejo de aquella época de Guerra Fría, cambios geopolíticos y latente amenaza nuclear. Para la Unión Soviética, representaba en el plano económico la posibilidad de disponer de una base operativa para su flota en el Atlántico centro-oriental. Además, la situación geoestratégica y geográfica del Archipiélago proporcionaba ventajas impositivas fiscales que justificaban la elección del emplazamiento. Y para la parte española, el avituallamiento en Canarias de la flota soviética, una de las más grandes del mundo, que representó entre el 25-30% de las escalas anuales de toda la flota extranjera en ambas islas. Esta situación dio lugar a la ampliación del comercio hispano-soviético, por un lado, y a la obtención de beneficios económicos directos e indirectos para la economía canaria, por otro constituidos por ganancias de los astilleros (Astican y Nuvasa); gastos de los tripulantes soviéticos en todo tipo de establecimientos y tiendas; actividad empresarial canaria de los pequeños comercios dedicados al abastecimiento de los buques soviéticos, y, finalmente, la oferta de puestos de trabajo que generaba la propia empresa Sovhispán, que actuaba como consignataria para la flota pesquera soviética y también para otras.

La profesora Irina Yányshev Nésterova en su trabajo Las relaciones hispano-soviéticas y la actividad comercial de Sovhispán en los puertos canarios, presentado en el Coloquio de Historia Canario-Americana de 2017, sostiene que la actividad comercial de esta empresa en los puertos de La Luz y de Santa Cruz «marcó una época» y subraya cómo «desde los 272 atraques en 1968, veinte años después se alcanzó la cifra de 1.754 entradas». Aproximadamente, cada buque inscribía en su rol una tripulación entre 30 y 80 marineros, que en los buques-factoría llegaba hasta los 260. Los gastos de estas tripulaciones en bienes de consumo deficitarios en la URSS cuando desembarcaban a tierra rondaban entre los 130 y los 170 millones de pesetas. En cuanto al volumen de los suministros de víveres con los que se aprovisionaba a la flota soviética, la profesora Nésterova refiere que se movían de 20 a 60 millones de pesetas, de tal manera que se estima una evolución de ingresos ascendente en los puertos canarios, desde los 66 millones de pesetas de 1968 hasta los 260 millones de 1980. Fue en aquella década cuando Sovhispán vivió su mejor época. En La Luz y Santa Cruz se llegaron a contabilizar hasta 1.200 escalas al año.

Desde 1973, de manera complementaria, se abrió una línea de vuelos chárter directos entre las islas de Tenerife y Gran Canaria con Moscú, para de esta manera agilizar el relevo de las tripulaciones de los pesqueros, una tarea que asumieron las compañías Aeroflot, por parte soviética, y Aviaco y Transeuropa por parte española, con pingües beneficios.

Pero además de pesqueros, también hacían escala transatlánticos de pasaje y barcos científicos. «Durante dos décadas, de mediados de los 60 y hasta finales de los 80, la presencia de la bandera mercante y pesquera de la URSS fue de notable importancia en los puertos canarios», afirma Juan Carlos Díaz Lorenzo, escritor y periodista, especialista en historia naval. La flota de pasaje realizaba cruceros para rusos a bordo de los buques de la serie Mijaíl Kalinin, Belorusiya e Iván Franko. «Durante bastantes años hicieron escala, sobre todo en Tenerife, trasatlánticos que enlazaban las ciudades de Odesa y La Habana, llevando y trayendo estudiantes cubanos», relata Juan Carlos Díaz Lorenzo. El tráfico se completaba, explica el estudioso, con barcos de carácter científico que buscaban bolsas de petróleo en el Atlántico y realizaban estudios geoquímicos en la zona, además de otros científicos que controlaban el seguimiento de satélites y controlaban los vuelos espaciales. «Era una flota de barcos de comunicaciones (los Comships), que participaron en varios proyectos espaciales soviéticos, unos buques espectaculares, como los casos del Kosmonaut Vladímir Komarov o el Kosmonaut Yuri Gagarin, siempre bajo sospecha de espionaje.

En enero de 1981, Yuri VIadomirovich Timofeiev, exdirector general de Sovhispán, era detenido en una prisión de la URSS, acusado de corrupción por delitos cometidos en el desempeño de su gestión. A través de Sovhispán habría recibido de forma ilegal más de 260 millones de pesetas que se atribuyeron con irregularidades de la empresa española Transáfrica, que se apresuró a desmentirlo.

Con la intervención de Focoex, Sovhispán se convertía ese mes de enero en una empresa mixta con el 75% de capital público soviético-español, en un entorno de mayor prosperidad. Después llegarían las reformas iniciadas en 1986 en la URSS con la perestroika, que culminaron con la redirección hacia una economía de mercado y la disolución del monolítico bloque soviético. Focoex compraba el resto de las acciones españolas de Sovhispán, pero no pudo reflotar la empresa, que desapareció en 1993 al decaer su principal actividad: la llegada de buques a los puertos.

Cambulloneros y ‘serafines’

Las tripulaciones de los pesqueros rusos aprovechaban el atraque y su día libre para saltar a tierra. Solían ir en grupos de 5 o 6 -reconocibles por sus rasgos e indumentaria-, ávidos por intercambiar caviar, cangejo, insignias del ejército, cámaras fotográficas o películas, por pequeños electrodomésticos y ropa, sobre todo los famosos vaqueros americanos, además de alcohol, y también hacer provisión de las alfombras de Almería que compraban en Sovhispan. Su llegada movilizaba a la ciudad, presta al suministro de víveres, la transferencia del dinero para las pagas y las ventas. Había lugares, como el bar La Marquesina, donde recalaban Nemesio El Ruso, que junto con el Borrachito y Juan Champín, el de Valleseco, fue de los primeros cambulloneros en chapurrear la jerga de los serafines -que así se conocía a los marineros rusos- para entenderse con ellos. Al subir a bordo o colocarse a la borda del barco pegaban a decir: «Ruski, priviet dobridén». Le echaban el ojo al material que querían, preguntaban con un «eskolka» y cerraban el amistoso trato con un «espasiva». Sus buenas perras se ganaban con los serafines, sobre todo aquellos que disponían del permiso del capitán para trapichear a bordo o bien lograban abarloar su lancha al costado del barco. También Casa Ñoño Bosmediano, en Las Palmas, aquella tienda de aceite y vinagre que se fue transformando en bar y en la que se servían tapas y comida, que se convertía en un lugar de trueque entre cambulloneros y rusos, a los que se ofrecían bebidas como vodka, ron, etc., a cambio de chatarra o pescado. | S.L.

Los espías que surgieron del frío

Pivoravov, marzo de 1977

  • La primera actuación contra un espía ruso se registró el 5 de marzo de 1977, cuando no había transcurrido ni un mes desde el establecimiento oficial de relaciones diplomáticas entre Moscú y Madrid. Yuri Pivoravov, delegado comercial, fue expulsado al descubrirse que se dedicaba a conseguir información sobre armamento y también industria pesada. 


Sveshnikov, abril de 1977

  • Gennadiy Sveshnikov, funcionario de la sociedad mixta de pesca Intramar, era sorprendido por agentes del servicio secreto militar en Aranjuez con material sobre las bases de utilización conjunta hispano-norteamericanas y se le invitó a a salir del país.


Yuri Isaev, abril de 1978

  • Yuri Isaev, otro delegado comercial, pero que bajo esa fachada escondía la condición de coronel del GRU (Servicio Militar de Espionaje), también fue conminado a abandonar España.


Yuri Popov, mayo de 1978

  • Por orden gubernamental, Yuri Popov, un ingeniero técnico acusado por las autoridades españolas de espionaje industrial, salió del país.


Vorobiev, mayo de 1978

  • Vassilievich Vorobiev, perteneciente a la agencia marítima Mar Negro, también abandonó España.


Makarov, febrero de 1979

  • El 1 de febrero de 1979, las autoridades españolas expulsaban a Yuri Makarov, director general de Sovhispán, por actividades irregulares. En diciembre se generó un incidente diplomático entre España y la URSS en relación con las presiones que el entonces director de Sovhispán en Tenerife habría recibido por parte de posibles agentes de servicios especiales norteamericanos, con el objeto de que solicitara asilo político en España. El 1 de noviembre el vuelo de Aviaco que cubría la línea Tenerife-Moscú fue desviado y aterrizó en Madrid, donde Makarov fue presionado por las mismas personas que lo hablan hecho ya en Canarias. Las autoridades españolas negaron rotundamente esta versión.


Suranov, febrero de 1980

  • Oleg Victorovich Suranov, director de Aeroflot en Madrid, era expulsado tras su detención por parte de los servicios de inteligencia del Ministerio de Defensa, acusado de espionaje. Fue sustituido en el cargo por Vasily Fedorin, también expulsado.


Krassilnikov, febrero de 1980

  • Fue expulsado pocos días después que el anterior, al ser considerado un agente del GRU, el servicio de inteligencia militar soviético. 


Efremenkov, marzo de 1981

  • VIadimir Illich Efremenkov, agregado de la embajada rusa en Madrid, era expulsado el 7 de marzo de 1981, acusado de pertenecer al KGB, la agencia de inteligencia soviética, por tratar de conocer la estructura de los servicios de información españoles. También por obtener datos sobre partidos políticos y personalidades de la vida pública española.  


Butckov, marzo de 1981

  • Yuri Ivanovich Bytchkovra, director general de Sovhispán, tenía su residencia en la ciudad de Las Palmas y fue deportado por actividades que afectaban a la seguridad nacional.


Goleviatenko, marzo de 1981

  • Yuri Goloviatenko, periodista de la agencia soviética Novosti, salió de España por propia iniciativa, ya que estaba quemado y consideraba que había sido descubierta su supuesta actividad de espionaje.


Suchkov, mayo de 1981

  • Vitaly Ivanovich Suchkov abandonó España el 13 de mayo de 1981. Ingeniero naval, se le consideró agente del GRU, residente en España desde 1977, asignado a la agencia marítima Mar Negro. Sus actividades de espionaje se centraban en el campo de la alta tecnología, electrónica y material de ayuda a la navegación.


Tirtishnikov, abril de 1982

  • Aquel mes salía del país Vladimir Lukin Tirtishnikov, ingeniero asignado a la oficina de la compañía aérea rusa. Su objetivo, obtener información sobre empresas industriales que fabricaban material militar o de electrónica avanzada, tanto en aeronaútica como también en sistemas de seguridad industrial.


Nikolayevich, abril de 1982

  • Fedorin Vasili Nikolayevich, director por entonces de la delegación de la compañía Aeroflot en Madrid, trataba de establecer diderenttes contactos relacionados con el suministro de material bélico norteamericano hacia España.


Kolesnikov, 1985

  • Yuriy Kolesnikov, agregado cultural de la embajada de la URSS en Madrid, fue expulsado por tratar de obtener documentos clasificados en español sobre investigaciones científicas, por los que habría pagado entonces casi unas 3.000 pesetas de la época a un integrante del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).


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