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El textil gallego impulsa la relocalización de la producción para ser más sostenible

Adolfo Domínguez lanza una estrategia de “nearshoring” | Inditex concentra el 50% de su fabricación en los países “de cercanía” | Portugal vuelve a liderar las importaciones

Mujer que trabaja en la industria textil.

El Consejo Intertextil Español y la Confederación Moda España constituyeron en noviembre el Observatorio del sector, un “acuerdo histórico” en el que participa el clúster gallego Cointega para llevar la tan necesaria transformación de la industria de la ropa a toda la cadena de valor. Como el resto del tejido productivo, es una actividad plagada de pequeñas y medianas empresas con un pie en la artesanía y otro en el consumo masivo que quiere aprovechar el maná de los Next Generation para acelerar su digitalización e implantar el modelo de economía circular. Al frente está Adriana Domínguez. La elección de la ejecutiva gallega como responsable del Observatorio no es casual. Desde que relevó a su padre en el timón de Adolfo Domínguez –pasó de directora general a consejera delegada y luego, en mayo de 2020, asumió la presidencia de la mítica marca con sede en San Cibrao das Viñas– aprovecha sus discursos públicos para hacer apología de la sostenibilidad. “Lo que ofende más mi sentido sobre una prenda de vestir es tirarla porque no te compensa lavarla. Me produce mucha desazón. Aunque la economía de una persona pueda sostener ese comportamiento, el planeta sencillamente no puede”, comenta tras subir a lo alto del staff en la compañía. Ya en aquel momento defendía la repatriación de la producción para minimizar el impacto del sector en el medio ambiente y ahora predica con el ejemplo.

Adolfo Domínguez ha revisado sus criterios de selección de los proveedores. En 2020 trabajó con 106 directos y el pasado 2021 los redujo a 83 para “crear una mayor eficiencia en los procesos y fortalecer las relaciones con los mejores de una forma estable y beneficiosa para ambos –señala la firma en su nuevo informe anual– que permita mantener y avanza año a año en el mayor control sobre los estándares de calidad y trazabilidad”. La red de proveedores se reparte por ocho países diferentes, principalmente China, India, Portugal y España y el objetivo es “aproximar la producción cada vez más en aras de alcanzar una mayor sostenibilidad”.

“Si algo hemos aprendido en este periodo de pandemia es que se puede seguir e incluso acelerar un proceso de transformación profunda de la compañía. Y eso hemos hecho”, asegura la propia Domínguez en la carta de presentación del informe. “Después de muchos años produciendo en otras zonas geográfica, hemos tomado la decisión de hacer nearshoring –anuncia–. Estamos atrayendo las producciones a cercanía, lo que nos permite acelerar aún más nuestra apuesta por la sostenibilidad, duplicando nuestras certificaciones en materias primas con nuestros proveedores”.

El suministro de la moda gallega crece con fuerza en Países Bajos, Francia e Italia

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El COVID-19 sí puede hacer mejor a la industria de la moda. Fue un doble shock. Se desplomaron demanda y oferta. Los confinamientos y la incertidumbre económica mermaron las ventas de ropa un 39,8% en 2020 y un 13,1% en 2021, reorientando las colecciones hacia modelos más casual y cómodos. La ruptura de las cadenas logísticas al inicio de la pandemia y el colapso de los suministros por la brusca recuperación posterior de la economía pusieron en tela de juicio el hasta entonces exitoso proceso de deslocalización hacia países low cost, especialmente los asiáticos. El textil es una de las catorce manufacturas seleccionadas por la Comisión Europea en su plan para la reindustrialización del viejo continente, pero alejada del fast fashion: “¿Por qué no apostar por prendas que no se rompen a los tres lavados?”, planteó Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo por el Pacto Verde Europeo, hace unas semanas.

Los problemas que todavía hay en el supply chain, agravados por el prolongado cierre del puerto de Shanghai ante la política de “cero COVID” de China, se notan en el abastecimiento del textil gallego, que regresa a Portugal –como ya sucedió en 2020– para fabricar. De allí vino el 18% de las importaciones de prendas en el primer trimestre. Turquía y Marruecos, considerados también mercados de cercanía para la industria de la moda, coparon el 15% y el 13%, respectivamente, de las compras de las empresas de la comunidad, según los recientes datos de la Secretaría de Estado de Comercio.

Bangladesh se mantiene como proveedor de referencia (14,5%), pero China baja hasta el 7,5% y crece extraordinariamente la importación desde otros puntos de Europa. Países Bajos, que no suele pasar del 0,5%, representa este año el 6,4%; Francia pasa también de esos niveles previos a más del 5%; e Italia duplica su cuota, hasta casi el 4%.

Inditex condiciona la cesta de la compra de la moda gallega. Sus volúmenes son tan grandes que cualquier cambio en su red de aprovisionamiento altera el total del negocio exterior. En 2021, según recoge el balance del último ejercicio fiscal, echó mano de 1.790 proveedores vinculados a 8.756 fábricas. “Una de las características diferenciadoras de nuestra cadena de suministro es que un elevado número de las fábricas en las que producimos nuestros artículos se encuentran en mercados de proximidad a nuestra sede de Arteixo”, señala el gigante presidido por Marta Ortega, en referencia a España, Portugal, Marruecos o Turquía, que acogen la mitad de las fabricas de corte, confección, tintado y lavado, estampación y acabado.

El número de fábricas creció en más de 200 con respecto a 2020 y son 600 más que en 2019 por “los esfuerzos de Inditex por profundizar en la trazabilidad de los procesos relacionados con la transformación de las materias primas”. Se incorporan, entre otros, centros de hilatura o tejeduría para “tener una radiografía cada vez más precisa de cada uno de los eslabones en la producción textil”.

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