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¿Durará la pandemia cinco años?

Si la “gripe rusa” de 1889 la causó un coronavirus, la fase pandémica del COVID podría estar en su ecuador

Ilustración de la gripe rusa en “Le Petit Parisien”, 12 de enero de 1890. Biblioteca Nacional de Medicina, EE UU.

“¿Cuánto tiempo va a durar la pandemia de COVID? Si nos basamos en la historia, cinco años, de 2019 a 2024”. Este es el audaz planteamiento de la epidemióloga Sandra López-León, quien para lanzarlo se basa en la pandemia de “gripe rusa” de 1889 a 1894. Esta científica americana, coautora junto a la gallega Sonia Villapol de varios trabajos relevantes sobre COVID persistente, apunta a un reciente estudio español sobre la misteriosa pandemia de finales del siglo XIX, que concluye que no fue causada por un virus de la gripe, sino por un coronavirus humano, el OC43, uno de los que actualmente provocan resfriados. Si esto es así, podría dar pistas sobre la duración de la pandemia de COVID-19: estaríamos en el ecuador.

“Para predecir, lo mejor es basarnos en la historia, así que yo diría que sí va a durar 5 años”, apunta a FARO López-León, médica con doctorado en Epidemiología y Genética. Para su vaticinio se apoya en el estudio del científico vasco Anton Erkoreka y sus colaboradores, publicado el pasado 13 de junio en la revista “Infectious Disease Reports”. En él se propone como agente causante de la pandemia de 1889 un coronavirus bovino que saltó entonces al ser humano y que hoy se conoce como OC43. El trabajo de Erkoreka, historiador de la medicina y experto en la “gripe española” de 1918, aporta datos sobre la afectación de esta pandemia –la primera en la que se utilizó ese término– en lugares de España como el País Vasco y Madrid, y extrae conclusiones sobre cómo podría ser el final de la actual pandemia de COVID.

López-León resume los principales paralelismos entre aquella pandemia y la actual: hubo cuatro olas importantes, y la máxima mortalidad se dio en la primeraSe expandió a todo el mundo muy rápidamente –entonces fueron 4 meses–. Se registraron síntomas respiratorios, gastrointestinales y neurológicos, y la infección produjo poca inmunidad. La mayor mortalidad se produjo en mayores de 65 años, pero hubo muertes en todas las edades. Muchos pacientes siguieron con síntomas –como fatiga, mareo, anorexia y neuroastenia– después de un año, de forma similar al COVID persistente que causa el SARS-CoV-2.

Sandra López-León cree que la actual fase pandémica del COVID durará un lustro, aunque no sabe si la globalización va a hacer que vaya más rápido, o al contrario, dure más. “Creo que la pregunta es: ¿cuánto tiempo llevará para que nos adaptemos al virus y que el virus se adapte a nosotros?”, reflexiona.

“Para predecir, lo mejor es basarnos en la historia, así que yo diría que sí va a durar 5 años”

Sanda López León - Médica epidemióloga

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Consultado por FARO sobre esta cuestión, Juan Jesús Gestal Otero, profesor emérito de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago, recuerda que la atribución al coronavirus bovino HCoV-OC43 como posible agente etiológico de la pandemia de 1889 “no es algo nuevo, pues ya se había realizado (por Vijgen L, et al.) en 2005, tras un estudio virológico genómico, al coincidir temporalmente la pandemia de gripe rusa con el paso de este coronavirus de la especie bovina a la humana, y haber sido en esa pandemia más pronunciados los síntomas neurológicos que en otros brotes de gripe y haberse demostrado que el HCoV-OC43 tiene neurotropismo y puede ser neuroinvasivo”.

Hay otras teorías. El autor del libro “Pandemias. Las epidemias que asolaron la humanidad” (Ed. Bolanda, 2021) menciona también que un estudio de arqueología serológica había atribuido la llamada “gripe rusa” a un virus gripal A H2N2. Y, modernamente, los datos serológicos y epidemiológicos sugieren que el virus pandémico de 1889 era del subtipo H3, posiblemente con un gen N8 (Valleron AJ et al., 2010).

La gripe rusa dejó síntomas persistentes, igual que el SARS-CoV-2

El científico gallego reconoce que el trabajo de Erkoreka y sus colaboradores es “interesante y oportuno”, ya que “si dicha pandemia hubiera sido causada por un coronavirus, podría darnos pistas sobre la posible duración de la actual pandemia, pues la de gripe rusa de 1889-1890 tuvo varias reapariciones en los cuatro años siguientes: marzo-junio de 1891; noviembre de 1891-junio de 1892; primavera de 1893, e invierno de 1893-1894, así como sobre su posible final”.

Sin embargo, hay aspectos en esta teoría que no le encajan al científico gallego, como la estacionalidad. “Lamentablemente el claro predominio estacional (otoño-invierno) de los datos que aportan de la gripe rusa no encaja con la falta de patrón estacional observado en la pandemia de COVID-19”, razona Gestal. Además, añade que la mayor mortalidad que observan en los pacientes de mayor edad en la pandemia de 1899 “es una característica típica de la gripe, además de haberse producido también en la COVID. Epidemiológicamente –añade el científico gallego–, con los datos que aportan nada indica que se tratase de una pandemia por coronavirus, salvo los síntomas neurológicos, aunque en conjunto la mayoría de la clínica encaja bien con un cuadro de gripe”.

Lo de la mortalidad en mayores como rasgo típico de la gripe es un aspecto que necesita una explicación, ya que la “gripe española” fue algo así como la excepción que confirma la regla. Como muchos lectores sabrán, la pandemia de 1918 se cebó en personas jóvenes, sobre todo en el grupo de 18 a 42 años, en el que ocasionó casi la mitad de todas las muertes de dicha pandemia. Este diferente patrón de mortalidad de la gripe de 1918, con alta letalidad en jóvenes, se explica precisamente por la pandemia previa de 1899.

Según la teoría del “pecado original antigénico gripal”, acuñada en 1960 por el virólogo estadounidense Thomas Francis, cuando entramos en contacto con un virus de la gripe respondemos produciendo anticuerpos frente a este virus y también frente al primer virus de la gripe que nos infectó. Esto explicaría esa mayor mortalidad en el grupo de 25-42 años, por haber sido el A (H3N8) el primer virus de la gripe con el que los pacientes en esa franja de edad contactaron en su infancia durante la pandemia “rusa” de 1889-1890.

“Nada indica que se tratase de un coronavirus, salvo los síntomas neurológicos”

Juan Jesús Gestal - Catedrático E. Med. Preventiva

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“Ese virus poseía, en una proteína interna, un epítopo inmunodominante de células T CD8+ [un tipo de linfocitos, células del sistema inmunitario], que también poseía la cepa pandémica de 1918, y cuando contactaron con esta produjeron una respuesta inmune desregulada que les provocó una tormenta de citoquinas proinflamatorias, activación de células inmunitarias y necrosis de células epiteliales –señala Gestal–. Todo esto deterioró las defensas del aparato respiratorio y aumentó temporalmente su susceptibilidad a bacterias respiratorias”. De esta forma, estos pacientes podían exponerse a cepas bacterianas frente a las cuales eran vírgenes inmunológicamente –ya que muchos habían estado aislados y salían por primera vez de sus pueblos por la movilización de la I Guerra Mundial– y desarrollar una neumonía bacteriana secundaria letal. En 1919 se decía que “la gripe condena y las infecciones secundarias ejecutan”.

De este modo, la mayoría de los nacidos entre 1875 y 1900 habían estado expuestos a la cepa de gripe pandémica 1889-1890 y tenían entre 18 y 42 años cuando ocurrió la onda de otoño de la pandemia de 1918, la más letal. “Los nacidos antes de 1875 probablemente habían estado expuestas a otros heterosubtipos de gripe A –agrega Gestal–, y los nacidos después de 1901 tenían menos probabilidades que los mayores de haber estado expuestas a la cepa pandémica rusa o de haber sido desplazadas por actividades relacionadas con la guerra, y pudieron haber tenido respuestas primarias de células T que controlaban la replicación del virus sin aumentar la susceptibilidad a la invasión bacteriana del tracto respiratorio inferior”.

Todas estas explicaciones se desmontarían si se demostrase que el agente responsable de la pandemia de gripe rusa de 1889-1890 fue un coronavirus. “Sería bueno que pudiera esclarecerse, como apunta Erkoreka, a partir de los órganos y preparados conservados en el Museo Vasco de Historia de la Medicina”, subraya Juan Gestal. Mientras tanto, perduran las dudas sobre la pandemia de 1889... y sobre la actual.

Pandemia de “gripe rusa”, 1889-1894

  • Patógeno causante:

    Virus de la gripe H3N8, aunque algunos estudios apuntan que fue el coronavirus humano OC43, que hoy causa resfriados, u otro virus de la influenza, el H2N2.

  • Origen:

    Se acostumbra a decir que esta pandemia se inició en noviembre de 1889 en San Petersburgo, pero en realidad se originó en mayo de 1889 en Asia Central, en la ciudad del imperio ruso de Bukhara, donde mató a dos tercios de la población.

  • Extensión:

    Se propagó por todo el mundo en unos 4 meses.

  • Duración:

    Hasta 5 años. Entre octubre de 1889 y diciembre de 1890, con reapariciones en marzo-junio de 1891, noviembre de 1891-junio de 1892, la primavera de 1893 y el invierno de 1893-1894.

  • Gravedad:

    Leve, comparable a la de las pandemias de gripe de 1957 y 1968. La tasa de letalidad de 1889 fue aproximadamente 0,15%, frente a 0,13% en 1957 y menos del 0,1% en 1969, letalidades unas diez veces menores que la de la gripe de 1918.

  • Víctimas mortales:

    Alrededor de un millón de muertos en todo el mundo.

Fuente: Libro “Pandemias” (Ed. Bolanda), de Juan J. Gestal

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