Las chicas sufren por ser perfectas desde niñas

Un estudio internacional revela que tres de cada cinco pequeñas se sienten presionadas a no cometer errores y siete de cada diez familias cree que estas ideas bloquean su desarrollo

Una niña en un parque.

Una niña en un parque. / Eduardo Ripoll

El síndrome de la impostora del que cada vez se habla más, esa sensación que sienten algunas mujeres de no estar nunca lo suficientemente preparadas pese a ser excelentes, parece que no surge solo en el ámbito laboral y los círculos profesionales, sino que crece con las chicas a medida que pasan los años. Así lo revela un estudio internacional realizado a 61.500 familias de 36 países, entre ellos España. 

Entre otras cosas, tres de cada cinco niñas afirman sentirse presionadas por los mensajes de perfección de la sociedad, sienten que tienen que ser impecables siempre. Aunque se trata de una preocupación para todos los escolares, tanto las familias como sus hijos e hijas reconocen que las niñas se enfrentan a mayores presiones por ser perfectas y se preocupan más por no cometer errores: el 75 % de los padres afirma que las niñas se enfrentan a una mayor presión que los niños, y el 62 % de los niños cree que se espera que sus compañeras sean más perfectas que ellos.

A esto se añade el peso del perfeccionismo y la ansiedad por cometer errores, que sienten el 72 % de las alumnas; un dato en el que las familias están de acuerdo, ya que el 71% afirma que son más propensas que los niños a frenar el desarrollo de sus ideas debido a estas presiones. Esto afecta a siete de cada 10 niñas.

Ser mejores y ‘señoritas’

En este sentido, para las españolas de seis a doce años sus preocupaciones se centran en «ser buena en el colegio» y «tener buenos modales», y estos objetivos también ejercen la mayor presión sobre ellas según datos del estudio, realizado a nivel mundial por el Grupo Lego y dado a conocer recientemente. Más del 60% de estas niñas tiene entre sus objetivos «ser buena en la escuela» frente al 52 % de los niños.

Son las familias de niñas quienes piensan que «ser buena en el colegio» (66%) y «ser considerada guapa» (43%) aparecen con más frecuencia en la lista de los objetivos de sus hijas. Sobre esto, casi dos tercios de las niñas afirman que el lenguaje que oyen les hace preocuparse por cometer errores o refuerza la necesidad de ser impecables. Más concretamente, la sociedad es siete veces más propensa a atribuir términos como «dulce», «bonita», «linda» y «hermosa» exclusivamente a las niñas. Mientras que términos como «valiente», «guay», «genio» e «innovador» tienen el doble de probabilidades de atribuirse exclusivamente a los chicos. 

En lo que se refiere al lenguaje que más se usa en los medios de comunicación españoles para referirse a las mujeres, hay ciertas palabras que aparecen con más frecuencia: «charlatana», «divertida», «creativa», «servicial», «empática» y «perfecta». Por su parte, las palabras usadas con más frecuencia para describir a los hombres son «educado», «arriesgado», «divertido» y «creativo» e «independiente».

Por eso, desde el Grupo Lego proponen poner el foco en la importancia de adaptar el lenguaje en relación a las niñas y reclaman «un cambio social para garantizar que las niñas puedan cumplir sus aspiraciones creativas y jugar de forma imparable». Y es que, además de las cuestiones relacionadas con la perfección, el estudio también afirma que tres cuartas partes de las niñas más pequeñas (el 76 %) se sienten seguras de su creatividad, pero este porcentaje disminuye conforme avanza la edad. 

Andrea Mezquida Ortega, psicóloga experta en psicología LGTB y con perspectiva feminista, apuesta, también, por «educar y criar en la igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres, desde la infancia» y da contexto a estos datos. «Debido a las exigencias del sistema patriarcal en el que vivimos, a las mujeres se nos permiten menos libertades que a los hombres, desde pequeñas. A los niños se les cría con la idea de que pueden comerse el mundo: pueden ser exploradores, aventureros, viajeros, conducir un camión… que el mundo está lleno de posibilidades para ellos.

Pero a las niñas se les educa en los cuidados de los demás, en la servidumbre, en la complacencia y en no llamar mucho la atención», afirma. «En lugar de presentarnos un mundo de oportunidades, desde que somos pequeñas se nos envía el mensaje de que el mundo, en nuestro caso, está lleno de peligros», añade. «Desde pequeñas es posible que desarrollemos ya el síndrome de la impostora, aunque no en el ámbito laboral, obviamente, sí en el ámbito académico o, en este caso, lúdico», asegura la psicóloga.

Dificultades en la vida adulta

Estos datos, junto a otros que revelan que desde Primaria se abre una brecha de género en áreas como las matemáticas, hacen que después también haya menos estudiantes que opten por carreras Stem (ciencia, tecnología, ingenieras y matemáticas) que son las que dan acceso a profesiones, en la edad adulta, menos remuneradas. Por lo que la percepción que tienen las niñas pequeñas de si mismas puede condicionar para toda una vida.

«A la consulta acuden adolescentes y mujeres adultas con este síndrome de la impostora y con sensación de fracaso por haber hecho caso a su entorno y no haber estudiado o trabajado en lo que realmente querían», lamenta Mezquida.

Prefieren ser imaginativas y valientes

 El 80 % de las niñas consultadas en el estudio internacional del Grupo Lego afirman que tendría menos miedo a probar cosas nuevas si los errores se elogiaran más como oportunidades de aprendizaje; mientras que nueve de cada diez creen que su confianza aumentaría si los adultos se centraran más en el proceso creativo que en el resultado final. Las niñas afirman sentirse animadas por elogios como «imaginativa», «valiente» e «inspiradora».