El valenciano que sirve café en lengua de signos

Antonio Prieto se trasladó hace veinte años a Nicaragua. Allí conoció a varios jóvenes con discapacidad auditiva, que no encontraban ninguna oportunidad laboral. Él decidió abrir su propio centro social con una cafetería, en la que todos se comunican en lenguaje de signos. 

Antonio Prieto junto a algunos jóvenes.

Antonio Prieto junto a algunos jóvenes. / Levante-EMV

Saray Fajardo

Saray Fajardo

«Si no hay trabajo, lo crearemos». El valenciano Antonio Prieto lo tuvo claro cuando llegó hace unos años a Nicaragua, la ciudad que, en sus palabras, «me enamoró, pero, a su vez, me rompió el alma». Nacido en El Cabanyal, decidió probar suerte en Costa Rica, pero tres meses después se trasladó a Nicaragua. Allí Prieto conoció por casualidad a un niño con discapacidad auditiva, el cual, en aquel tiempo, tenía muy pocas posibilidades para encontrar cualquier oportunidad. Sin dudarlo, el valenciano contrató una profesora para que le ayudase en su día a día. En poco tiempo, a esa llamada también acudieron otros niños sordos. «Me di cuenta que cuando terminaban la escuela, no tenían nada más que hacer», señala Prieto, quien les animó a buscar trabajo. «Volvían llorando porque se reían de ellos cuando iban a buscar trabajo», recuerda.

Ante esta situación, el valenciano decidió apostar por ellos con la creación del Centro Social Tío Antonio, a través del cual promueve diversos proyectos de inserción laboral. El primero de ellos fue la venta de hamacas confeccionadas. «Empezamos cuatro niños sordos y yo. La primera hamaca fue horrible. Aprendíamos viendo vídeos de YouTube, que tardaban horas en cargarse», explica. Sin embargo, una de estas piezas confeccionada por una persona con discapacidad visual llegó a las manos del Papa Francisco. «Él avaló nuestro trabajo», indica. Ahora trabajan un total de veinte personas con distintas discapacidades.

Tras esta primera propuesta, Prieto dio un paso más y apostó por una cafetería, en la que los ocho trabajadores son personas con discapacidad auditiva. Sin embargo, esto no ha supuesto ningún impedimento para desarrollar el trabajo de la mejor manera posible. Bajo el nombre El Café de las Sonrisas, los clientes se comunican con los trabajadores a través del lenguaje de signos. Así, el recinto está lleno de pictogramas, en los que se recoge cómo se interpreta cada alimento. Además, el menú también está expresado en lenguaje de signos. «El mayor éxito es que hemos hecho fácil que la gente se entienda con gestos y lenguaje de signos para reivindicar que no hay barreras», afirma el valenciano.

El café de las sonrisas cuenta con un mural para aprender el lenguaje de signos.

El café de las sonrisas cuenta con un mural para aprender el lenguaje de signos. / Levante-EMV

Sin embargo, el camino no ha sido fácil, ya que, al principio, hubo ciertas dudas. «Ellos estaban asustados por lo que la gente les podía decir y los clientes eran reticentes», afirma. La situación ha cambiado completamente. En palabras de Prieto, «hemos hecho ruido y hemos provocado que la gente hable de inclusión laboral en Nicaragua». Añade: «La gente no tiene que venir porque sean sordos, sino porque sea una cafetería de calidad».

Tras el éxito, personas sordas de otros países se han puesto en contacto con él para iniciar sus propios proyectos. Prieto se encuentra colaborando con centros de Madagascar o Indonesia. «Es increíble que no haya restaurantes con estas características y esto sea novedoso», concluye.

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