Entrevista

Enrique Ponce: "Ahora que me retiro ya puedo decir que he sido el número 1"

La frase del titular la afirma sin ruborizarse un torero para la historia. A sus 52 años viene de indultar un toro en la plaza francesa de Istres.

Con más de 30 años en la cima, Enrique Ponce pone fin este año a su gran carrera como figura del toreo. Lo hará pasando por las plazas más importantes en su vida. Alicante es una de ellas

El diestro valenciano Enrique Ponce, fotografiado en la localidad francesa de Istres. | INFORMACIÓN

El diestro valenciano Enrique Ponce, fotografiado en la localidad francesa de Istres. | INFORMACIÓN

josé germán estela Alicante

Se le ve muy bien, contento, ¿se siente usted feliz?

Mucho. De hecho, yo siempre he sido un hombre feliz (risas). La felicidad es algo difícil de definir, pero para mí es un estado permanente de optimismo que te hace tener fuerzas para cumplir tus sueños, eso es la felicidad.

Y también sentirse querido es importante, ¿no?

Por supuesto, eso es fundamental. Actualmente me siento muy querido, estoy con quien quiero estar y vivo mi vida, por primera vez, como yo quiero.

¿Por primera vez?

Sí. Ahora soy dueño de mi tiempo. Mi madurez me ha hecho ver muchas cosas que antes no veía. Tras cuatro años retirado, he decidido acabar mi carrera en las plazas más importantes para mí. No hay más. Soy el dueño de mi vida y esa sensación para mí es maravillosa.

¿Entre esas plazas está Alicante?

Totalmente. Toreé mi primera vaca en Alicante con 12 años con la Escuela de Valencia. Mi abuelo Leandro estaba preocupado porque mi vaca era muy fuerte y se la cambió al becerrista de Nimes. Así empecé en Alicante. Cuando debuté como matador de toros corté cuatro orejas a una corrida de Núñez del Cuvillo y prácticamente no he faltado a ninguna Feria de Hogueras. Así que sí, es una plaza muy importante en mi vida.

Supongo que su amistad con el maestro Manzanares padre también contribuyó a su apego por Alicante…

Totalmente. Para mí Manzanares era como un padre y sé que para él yo era como un hijo. Nos encantaba hablar de toros hasta que salía el sol, de la técnica, de los encastes, de la parte espiritual del artista y del alma de los toreros cuando rozan la perfección. Era un verdadero genio.

¿Siente usted que ha llegado a esa perfección como torero?

Llegar a la perfección no lo sé, pero lo que sí que he logrado es torear como yo he soñado el toreo y eso sí te puedo decir que no lo consiguen todos los toreros. Muchos se pasan la vida buscando ese punto que no logran coger nunca. Se les escapa para siempre, pero yo sí lo he logrado, por eso ahora mismo estoy toreando mejor que nunca. Y te digo algo más, ahora que me retiro, viendo mis cifras y mis logros, ya puedo decir que he sido el número 1..

Lo dice sin ningún tipo de rubor…

Es que los hechos están ahí. Yo he toreado más de 30 años, eso son tres vidas de toreros, muchos no superan los 10 ó 12 años a mi nivel. Te hablo de estar en activo en la élite del toreo, dando la cara cada tarde. Va a ser muy difícil que alguien iguale esas cifras.

Lo suyo es la historia de toda una vida toreando…

Pues imagínate. Yo no recuerdo el día que dije que quería ser torero porque con 5 años ya cogí un capote. Luego mi abuelo insistió en que para ponerme delante de una vaca tenía que torear de salón perfecto y con 10 años me dejó torear. Y desde ahí hasta hoy.

Con una carrera tan impresionante, parece que da más pena decir adiós. ¿Se siente preparado para ese momento?

Por supuesto. Tengo claras muchas cosas. Una de ellas es que no me voy a cortar la coleta. Ese gesto no va conmigo. Respeto a los toreros que lo hacen, pero como yo me siento torero y lo seré siempre, no creo que deba cortar con el vínculo que me une a mi profesión. Pero estoy preparado para decir adiós. Ahora viviré todo lo que no he podido vivir antes.

¿Cómo hablarán los libros de Enrique Ponce cuando pasen cien años?

Pues, hombre, hablarán bien o eso espero… (risas) No lo sé ni me preocupa ahora mismo. Sé que mi historia como toreo ya está escrita, que me queda esta última página de 2024 para cerrar el libro de mi vida torera. Que no le puedo estar más agradecido a mi profesión, por todo lo que me ha dado: el cariño de la gente, conocer a personajes increíbles, sentirme querido en cada plaza, en cada ciudad… eso es un privilegio para una persona de carne y hueso. Aunque los toreros parezcamos héroes mitológicos, cuando te quitas el traje de luces eres una persona más. Y como una persona más me iré dando las gracias y viviendo la segunda parte de mi vida, con los míos, aunque te digo una cosa: siempre seguiré soñando, no sé vivir de otra manera.

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