Un espacio de creatividad más allá de los videojuegos
El IVAM ofrece durante todo el verano una sala de juegos para los niños y niñas de 0 a 3 años con el fin de desarrollar la experimentación espontánea y el juego compartido.

Un grupo de niños juega con algunas de las piezas. / Francisco Calabuig

Ver a un niño de preescolar con un teléfono en la mano se ha convertido en una imagen bastante habitual en la sociedad actual. Sin duda, y a pesar de su corta edad, estos menores saben cómo acceder a estos dispositivos para jugar a juegos o ver vídeos de manera rápida y sencilla. Además, durante el período vacacional, muchas familias hacen uso de estos aparatos para entretener a los más pequeños en su tiempo libre, por lo que no es extraño que pasen horas y horas frente a un teléfono. Sin embargo, algunos espacios de la ciudad ofrecen alternativas de juego para los menores con el fin de alejarlos de las pantallas.
Hasta el próximo 25 de agosto, una de las salas del IVAM se convierte en una juguetería, en la que los niños y niñas de 0 a 3 años pueden experimentar con los distintos objetos, espacios y experiencias de juego ofrecidos. Durante una hora, los más pequeños se convierten en protagonistas y dejan volar su imaginación a través de esta propuesta creada por Sara San Gregorio con el fin de desarrollar la experimentación espontánea y el juego compartido en la primera infancia. Concretamente, los menores experimentan con las luces, las formas o los distintos tamaños de las piezas.
Todas las mañanas un grupo de unas noventa personas, repartidas en tres sesiones distintas de alrededor de una hora cada una, se acercan al museo para disfrutar de este espacio, que se ha convertido en todo un éxito entre los más pequeños, muchos de los cuales todavía no saben ni andar. Entre las normas, los menores deben acceder al espacio descalzos para proteger el material, acompañados de una música relajante. Además, tras acabar la actividad, deben recoger todas las piezas y guardarlas en el lugar indicado.
«Les encanta venir porque es un espacio donde desarrollan la creatividad. En casa, acabamos tirando de pantallas, por lo que es una buena opción», reconoce Loreto Ayuso, quien acudió ayer a este espacio junto a sus tres hijas, sus dos sobrinas y dos amigos de estas para celebrar el cumpleaños de su hija mayor. «Es una buena opción para celebrar el cumpleaños, ya que son fechas complicadas. Además, aquí estamos fresquitas», señala. Ayuso, quien lamenta la falta de este tipo de espacios dedicados a los más pequeños en la ciudad.
Espacio para la conciliación
Estas actividades también suponen un espacio para la conciliación en las familias, ya que, como señala la responsable de actividades en el IVAM, Irene Llàcer, permiten que «las familias vuelvan a la vida cultural». Gran parte de las actividades realizadas en otros lugares están destinadas a menores mayores de cinco años, pero escasean las propuestas para la primera infancia (0 a 3 años).
Por su parte, la directora adjunta del IVAM -y ahora directora en funciones-, Sonia Martínez, también reivindica la necesidad de este tipo de proyectos. «Aprovechamos períodos vacacionales para este tipo de juegos libres, en los que ellos son los protagonistas, mientras que los padres les acompañan», afirma. Tras realizarse en el período navideño y el verano pasado con una gran afluencia de asistentes, ahora pretenden dar un paso más.
El IVAM instalará a partir de enero una sala con estos juegos de manera permanente con el fin de que los más pequeños «puedan experimentar». Así, durante los miércoles y los jueves, estará abierto a los centros escolares, mientras que los fines de semana podrán acudir las familias. Además, el museo también prepara una serie de kits con algunas de estas piezas para que se puedan utilizar en los propios colegios.

Dos bebés en una de las actividades. / Francisco Calabuig
Por su parte, el Centre del Carme Cultura Contemporània también incluye un espacio, reservado para niños de 0 a 3 años, que invita a participar, sentir, observar, investigar, descubrir, intervenir y recorrer. Bajo el nombre «Espai de Telles», se organiza a partir de cuatro mesas de luz recuperadas de los fondos del Consorci de Museus y a su alrededor se crea una volumetría que posibilita una mayor superficie de exploración y que busca su inspiración en la técnica del origami, ya que el suelo se repliega para que la actividad se despliegue para que los más pequeños sean protagonistas.
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