Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Necrológica

El ginecólogo que acabó con los fracasos

Fallece a los 66 años el prestigioso ginecólogo alicantino Rafael Bernabeu

El doctor Rafael Bernabeu

El doctor Rafael Bernabeu

Toni Cabot

Le quedó grabado un buen día leyendo uno de los escritos del doctor Marañón: El médico que solo sabe de medicina ni de medicina sabe. A esas alturas, más que marcarle el camino, la sentencia no hacía más que confirmar una sana obsesión por el saber que se le instaló desde niño. Con todo, fue la medicina la ciencia que acaparó su atención desde que, con pocos años, a su padre, representante de comercio afincado en el alicantino barrio de El Pla, se le ocurrió regalarle un bonito libro de tapa dura con el título “El cuerpo humano”, que contenía un gráfico detallando el recorrido del espermatozoide hasta el ovocito y que completaba la secuencia con el nacimiento de un pequeño ser. Impactado con la ilustración, no es difícil adivinar que en aquel instante despertó en él la vocación por la medicina y la ginecología, ciencia que acabó encumbrándolo como uno de los mejores especialistas que ha dado el país.

Para llegar a ese punto, el joven Bernabeu empezó desde abajo, contribuyendo con los gastos de la carrera como porta-camillas, recepcionista y celador en la clínica Vistahermosa, a cuya cafetería comenzó a acudir en el segundo año de Medicina para familiarizarse con especialistas que no tardaron en abrirle la puerta de sus quirófanos para que fuera aprendiendo.

Aquellos trabajos, que combinó con actuaciones musicales como batería del grupo «Símbolo», fueron pagando la carrera, completada en València, donde se especializó en ginecología durante su estancia en el hospital La Fe.

El doctor Bernabeu con un paciente

El doctor Bernabeu con un paciente / L-EMV

Con el título debajo del brazo, Rafa Bernabeu regresa a Alicante, entra en contacto con Alfredo Gómez de Cádiz, uno de sus grandes maestros, y se adentra en la medicina reproductiva en una época en la que casi todos los casos acababan en fracaso.

El momento coincide con la llegada de los primeros niños por fecundación in vitro, conocidos como «bebés-probeta», y Gómez de Cádiz le ofrece entrar en su equipo asumiendo la sección de fertilidad, que por entonces lucía el dudoso honor de ser el patito feo de la especialidad.

Así, alternando consultas en ambulatorios de la Seguridad Social, en la Casa del Pescador y en diversas policlínicas de la provincia (desde Calpe a La Vila Joiosa), Bernabeu entra de lleno en el mundo de la fecundación in vitro cosechando su primer éxito al traer al mundo en Vistahermosa al primer niño alicantino que vio la luz por ese método en agosto de 1988, y al que sus padres bautizaron como Rafael David, en honor al médico que había obrado lo que en ese tiempo era poco menos que un milagro.

A esas alturas, la labor profesional de Rafa comienza a traspasar fronteras. Eso sí, superando adversidades y obstáculos de primer nivel. Sin ir más lejos, el inicio encuentra piedras en el camino y un rechazo frontal por parte de la Iglesia Católica. Tampoco lo tiene fácil en el Colegio de Médicos, donde se ve obligado a acudir para dar explicaciones ante un comité ético que debía pensar que la fecundación in vitro era proporcionar latidos a algo parecido a Frankenstein. De hecho, uno de sus prebostes se atrevió a sugerirle que se fuera a Barcelona, Madrid o fuera de España, augurando un fracaso seguro «en este pueblecito de pescadores que es Alicante».

Pero a Rafa no solo no le asustaba el reto. Es más, estaba convencido de que si en otros lugares funcionaba la idea, él sería capaz de llevarla adelante en su tierra.

Con esa decisión, el médico que puso en marcha el primer banco de semen de Alicante, que fabricaba sus propios medios de cultivo, que peleaba día a día con la innovación al no disponer de casi nada en el mercado, dio otro paso de gigante al incorporar a su equipo a María Bonada, una bióloga de la clínica Dexeus que colaboraba durante un mes al año realizando fecundaciones in vitro, primero en Vistahermosa, y posteriormente en la clínica Bernabeu, un centro que Rafa se empeñó en construir a modo de «hospital que no lo parezca», entre Vistahermosa y la Albufereta, admirado por especialistas de toda Europa.

La onda expansiva de la clínica Bernabeu no se queda en Alicante. Rafael prolonga su sombra con nuevos centros en Elche, Cartagena, Benidorm, Madrid, Palma de Mallorca y Venecia, que actualmente funcionan con 250 profesionales completando miles de ciclos de fecundación in vitro.

Paralelamente, en Alicante crea una unidad de biología molecular y genética (Biotec), sociedad que ha puesto en el mercado varias patentes, que posee varios premios internacionales y que responde al concepto que le condujo desde muy joven a promover que la medicina debía ir siempre de la mano de la investigación y la docencia.

En la actualidad, el caso de éxito de Bernabeu ha traspasado fronteras. De hecho, la mayor parte de sus pacientes son extranjeras procedentes de más de noventa países, entre ellos algunos tan lejanos como Singapur y Japón.

Corredor de maratones por el desierto, únicamente un cáncer cruel detectado hace años le pudo apartar del camino y de su pasión, la medicina.

Inseparable de su media naranja, María Luisa, con la que contrajo matrimonio con poco más de veinte años, y devoto de sus dos hijas (Andrea, que ha seguido sus pasos en el campo ginecológico, y Somnica, una extraordinaria artista que enfocó su profesión en Bellas Artes), Rafa nos dejó ayer a la edad de 66 años. Como bien apuntaba su yerno Nacho Amirola, demasiado pronto para alguien tan grande. 

TEMAS

  • Alicante
  • fecundación in vitro
  • Cádiz
  • niños
  • Hospital la Fe
Tracking Pixel Contents