Dos meses del rescate más especial del Oceanogràfic
En junio, las belugas Miranda y Plombir llegaron a València desde Ucrania El equipo trabaja en su adaptación y comunicación con el resto.

Fernando Bustamante

"¿Cómo están mis chicos?". Plombir (un macho de 15 años) y Miranda (una hembra de 14) salen rápidamente del agua al escuchar estas palabras de Andrea Ortolà. Su cuidadora les espera subida a una plataforma con dos cubos repletos de comida y muchas ganas de divertirse. Andrea conoce a estas dos belugas desde hace dos meses, pero sólo hay que observar la sonrisa en su rostro para descubrir que en poco más de sesenta días han establecido un vínculo muy especial. Ambos animales llegaron al Oceanogràfic el pasado mes de junio tras un difícil rescate iniciado en Ucrania. Concretamente, un grupo de especialistas del acuario valenciano y de los acuarios americanos de Georgia Aquarium y SeaWorld llevaron a cabo un arriesgado operativo para rescatar a estas dos belugas que se encontraban en el Delfinario NEMO de Járkov, una ciudad devastada por la guerra, que había sufrido nombrosos bombardeos a pocos kilómetros.
Durante los pocos minutos en los que Ortolà responde a las preguntas de este diario, se puede observar como ambas belugas reconocen su voz e, incluso, la miran en determinadas ocasiones. "Perdona", responde en un momento de la entrevista, en el que desvía la mirada para observar qué están haciendo. Sin duda, Andrea se ha convertido en una especie de "madre" para estos dos animales, que van adaptándose a su nuevo hábitat. Ellos no son las únicas belugan que residen en el Oceanogràfic. Kylu y Yulka son indudablemente las estrellas del acuario. Ambas viven en el Ártico, una de las zonas más visitadas de este espacio, que cada día recibe a cerca de 9.000 personas.
Plombir y Miranda todavía no han establecido contacto con Kylu y Yulka ni con el resto de visitantes. Sin embargo, nadan curiosas alrededor del espacio en el que habitan y, en alguna ocasión, observan a sus compañeros. "Aún no se ha establecido contacto directo, pero sí que se ven a través de las puertas. Poco a poco iremos introduciéndolas en otros recintos, pero primero necesitamos que estén adaptados al medio, ya que en Ucrania sólo tenían una piscina, mientras que aquí pueden nadar en varias", reconoce la cuidadora. Añade: "El objetivo es que convivan todas juntas".
Aunque todavía no comparten el mismo espacio, el equipo sí que ha observado como la comunicación se va adaptando al entorno. Durante estos meses, han descubierto que los sonidos de las belugas ucranianas son muy distintos al de las valencianas. "Miranda y Plombir se comunican como delfines porque han estado con delfines, por lo que sus llamadas de contacto son más parecidas a las de esta especie", indica Daniel García-Párraga, director de Operaciones Zoológicas del Oceanogràfic de València. Para profundizar en este tipo de sonidos, se introducen micrófonos subacuáticos. "Nos sorprendió porque la comunicación era muy diferente", afirma. Por eso, el equipo estudiará durante los próximos meses cómo se desarrolla esta comunicación con el objetivo de conocer qué belugas adaptan su lenguaje. "Queremos ver, dentro de la plasticidad del lenguaje, si nuestras belugas adoptan parte de esos silbidos o si las ucranianas adoptan el formato de lenguaje de las valencianas", indica García-Párraga. En sus palabras, "muy probablemente las ucranianas adopten los sonidos de las valencianas". Sin embargo, Kylu, la más joven, ya ha empezado a copiar vocalizaciones de Plombir. "Le estamos escuchando hacer muchas vocalizaciones. Por su parte, Plombir también copia algunas de Kylu y Yunka", afirma Andrea.
Adaptación al medio
La cuidadora todavía recuerda cómo fueron las primeras horas de aquel rescate y la preocupación que existía entre el equipo. "Realmente lo que más nos preocupaba es que se adaptaran bien a la instalación porque es otro ambiente con otras belugas", afirma Andrea. Cabe recordar que Plombir y Miranda nunca habían vivido con otras de su especie. Por suerte, en el Oceanogràfic viven en un "medio enriquecido y con acrílicos". Además, el equipo del acuario está mejorando su relación con ellos a través del juego. Fueron los cuidadores del antiguo acuario quienes les enseñaron cómo relacionarse con los animales. "Nos iban enseñando cómo comunicarnos porque aquí utilizamos gestos distintos a los que ellos utilizaban", afirma.

Europa Press
Ambos se han ido adaptando poco a poco al espacio, a pesar de llegar de una zona inestable en situación de guerra, y tras un transporte largo y complejo. "Enseguida se adaptaron a la instalación, a su nuevo hogar y al cuidado de sus cuidadores", indica la cuidadora, quien agradece la implicación del equipo ucraniano.
Tras la llegada, el equipo veterinario inició un chequeo médico a ambas belugas para ver cómo se encontraban. "Vinieron un poquito delgados", recuerda. Sin embargo, el Oceanogràfic no cuenta con una báscula para conocer su peso, por lo que "era estimado a través de una fórmula que nos indicaron los veterinarios", añade. "Veíamos por la estética y la forma de su cuerpo que estaban delgados, pero con la dieta han ido ganando peso", recalca. Plombir y Miranda son sometidos a distintos controles para conocer distintos parámetros y, en el caso de que sea necesario, llevar a cabo una medicina preventiva.
Para establecer este primer contacto tan necesario, el equipo hizo uso de los alimentos u actividades que les gustan a ambas belugas. "Nos basamos en el refuerzo primario, que es la comida para ir reforzando la relación", indica.
Dieta variada
El Oceanogràfic ha ido adaptando la dieta de ambas belugas a su actividad y temperatura. Allí vivían a 25 grados, mientras que en València la temperatura ronda entre los 14 y los 17 grados, por lo que tienen más gasto calórico. Ante este cambio, el equipo ha decidido darles una mayor cantidad de alimentos. Su dieta es bastante variada, ya que se alimentan de merluza, bacaladilla o pota, entre otros.
A primera hora del día, Andrea se encarga de proporcionarles su dosis de energía y llevar a cabo el control médico necesario. Tras coger fuerzas, Plombir y Miranda se enfrentar a sesiones y programas de enriquecimiento, del cual carecían en Ucrania. "Es muy importante tanto para su bienestar como para el enriquecimiento ambiental", explica.
Cada día es una experiencia distinta para ellos, ya que van aprendiendo distintas facetas y actividades. Y también lo es para sus cuidadores, que reconocen que "la línea roja ya la hemos pasado" y ahora "hay que ir adaptando e introduciendo las novedades". Sin duda, la adaptación ha sido un éxito. Sólo hay que ver el rostro de Andrea y los movimientos de Miranda y Plombir para darse cuenta que el Oceanogràfic ya se ha convertido en su nuevo hogar.
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