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La mantilla "fallera" de la reina Letizia: entre el protocolo y la solemnidad

La firma valenciana Santos Textil, junto a la andaluza Lina Sevilla, estuvieron detrás de la confección de la mantilla que lució la Reina en la primera misa del Papa León XIV. Se trata de una prenda tradicional cuyo uso oscila entre actos religiosos y festivos, siempre cargada de simbolismo y profundamente vinculada a la estética cultural española

Los reyes de España saludan a León XIV tras la misa de inicio del Pontificado

EFE

Amparo Soria

Amparo Soria

Valencia

Que las prendas tengan entidad propia no es tan común. Pocos elementos del vestir tienen tanto simbolismo como la mantilla, un complemento cuyo uso está ligado a la tradición, con la suspicacia que eso puede significar en algunos contextos. En otros, sin duda, es casi un requerimiento, ya que su uso está vinculado al recogimiento religioso y a la solemnidad de ciertas festividades desde hace casi cuatro siglos, y su uso ha sobrevivido al paso del tiempo con las mismas intenciones: respeto, identidad, distinción y sofisticación. Desde las procesiones de Semana Santa hasta la ofrenda de las Fallas, pasando por los eventos vaticanos más destacados como los de este fin de semana, hasta las bodas o los complementos de invitada, la mantilla sigue siendo protagonista en el imaginario colectivo de la tradición festiva en España.

Ha sido la misa de inicio del pontificado de León XIV de este fin de semana cuando esta prenda ha vuelto a ser el centro de la atención. El uso de la mantilla negra en las mujeres está recogido dentro del protocolo eclesiástico, mientras que las blancas están reservadas a las reinas católicas regentes, entre ellas doña Letizia. Pese a que España es un país aconfesional, las relaciones diplomáticas y de protocolo con el Vaticano llevaron a la reina a llevar esta prenda que apenas ha usado desde que llegó a Casa Real, pero que domina con soltura. Hoy se ha sabido que la prenda está confeccionada por la marca valenciana Santos Textil, especialistas en indumentaria valenciana, en colaboración con Lina Sevilla, tienda histórica y referente en mantillas.

El por qué de la mantilla en pleno siglo XXI

Carlos Milla, graduado en Historia del Arte y Diseño de Moda, además de docente en la escuela Barreira de Arte y Diseño, asegura que se trata de un elemento "con una carga histórica muy importante que, aunque su uso hoy en día sea residual, se mantiene en ocasiones puntuales". La morfología más habitual suele ser la española, que es rectangular, pero también existe la de media luna, que es redondeada, y la triangular. Su uso dependerá del acto donde va a utilizarse: "Si son actos tradicionales, los modelos deben ser los históricos, como la media luna o el terno, que tiene volantes. Si es Semana Santa o para una boda, yo usaría la española o la de pico", señala el historiador de moda.

Respecto al color, el especialista considera que tienen que ver más con la moda que con las leyendas que las asignaban a un estado civil de soltera o casada, si bien es cierto que en el luto siempre se optaba por el negro. Respecto a los materiales, más de lo mismo: cada etapa ha tenido un fetiche. "La moda imperio puso de moda los tejidos ligeros y se hacían con batista, pero en el siglo XIX, con la fiebre del encaje, se primó este tejido en tonos negros, gracias también a los primeros tintes sintéticos que se empezaron a desarrollar a partir de los años 50", explica. Además, reconoce que ahora las más comunes son las de encaje o de tul bordado, más transparentes, pero recuerda que existen las de terciopelo o las de madrás.

Victoria Federica con teja y mantilla en La Maestranza de Sevilla cuando fue nombrada madrina. Después, Jackie Kennedy junto a la Duquesa de Alba.

Victoria Federica con teja y mantilla en La Maestranza de Sevilla cuando fue nombrada madrina. Después, Jackie Kennedy junto a la Duquesa de Alba. / GTRES/Getty Images

En este sentido, el indumentarista valenciano Pau Torres apunta que la mantilla también se adapta a la geografía: esos tejidos más gruesos se usan en climas más fríos. "Pasa igual con los trajes regionales, que aun siendo parecidos, hay alteraciones según la localidad donde se usa... lo mismo sucede con las mantillas, que usarán terciopelo, por ejemplo, que abriga más", señala.

El antes y el después de Carmina Ordóñez

A priori, y salvo excepciones muy aventuradas, los colores tradicionales son y serán el negro y el blanco. Existen excepciones y un punto de inflexión que recuerda Carlos Milla: Carmina Ordóñez en la boda de su hijo Fran Rivera, en la Catedral de Sevilla, luciendo una mantilla de encaje azul a conjunto con su vestido y que rompía el protocolo. Precisamente, por el carisma, porte y actitud de la madrina, este hecho ha trascendido en la historia de la moda, siendo una anécdota que ha trascendido en el imaginario colectivo de la moda tradicional.

Carmina Ordóñez y Fran Rivera en el día de la boda del joven, donde ella era la madrina y lució una mantilla azul, rompiendo el protocolo.

Carmina Ordóñez y Fran Rivera en el día de la boda del joven, donde ella era la madrina y lució una mantilla azul, rompiendo el protocolo. / L-EMV

La forma correcta de ponerla: tapando el pelo

Los dos especialistas recuerdan la primera premisa del uso de la mantilla: tapar el cabello como gesto tradicional y religioso de respeto. Aunque su uso se haya relajado y no sea tan estricto, el propósito de llevar hoy en día una mantilla sigue siendo el mismo, por lo que Milla y Torres apuntan a que debe cubrir el cabello. "La española, que es rectangular, hay que poner uno de sus lados más largos sobre la frente, mientras que la media luna y la triangular, el lado recto debe ponerse sobre la cabeza", explica Milla.

Torres apunta a que dependerá también del resto de complementos: "Las flamencas en la Feria de Abril usan las más largas porque las tejas son más altas que las de las falleras, que pueden usar formas más versátiles, pero siempre tapando el cabello".

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