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La chica del traje

Cómo sobrevivir en una València a 30 grados y pico

¿Y si buscamos maneras de hacer de las altas temperaturas algo más llevadero? Experiencias ‘beauty’, bodas de ensueño y una buena copa de vino ayudan a disfrutar del tórrido verano.

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Patricia Domínguez

Patricia Domínguez

El otro día me estaba tomando mi copa de vino semanal en el Club del Gourmet de El Corte Ingles ‘de ruinas’ junto a mi amigo Asis Echevarrieta. Estábamos dentro, con el aire acondicionado a tope porque siendo sinceros, no había muchas ganas de terraza. El calor en la calle era exagerado. Ha llegado demasiado pronto. Y a esas horas lo único que apetecía era estar en un sitio fresco y tranquilo.

Salir a la calle últimamente es toparse con la misma conversación en cualquier rincón: en la cola del supermercado, en las terrazas, en el ascensor… ¡Qué calor hace!. Y siendo sinceros, nadie se equivoca. Es increíble pensar que un 6 de julio se sienta como un 6 de agosto, y el único alivio es un poco de brisa en el mejor de los casos. Todo indica que esta sensación nos acompañará durante bastante tiempo.

Y pensé: ¿y si buscamos maneras de hacerlo más llevadero? ¿Y si cambiamos la perspectiva? ¿Y si, en lugar de resistirnos al calor, lo aceptamos como parte del verano y aprendemos a convivir con el? Porque si algo forma parte de nuestra cultura es precisamente eso: buscar cualquier excusa para para salir a la calle y disfrutar de un buen rato entre amigos.

Y en esa línea, la nueva pop-up de MAC convertía el calor en una excusa para salir y hacer algo distinto. Situada en pleno centro, Valentina Costa me explicó todo lo que se realizaba en este espacio, que estaba dividido en cuatro partes: primero, el Lip Combo Ready, donde gente como Naia Navarro podía probarse el lip liner y el gloss junto a maquilladores profesionales como Sandra Centeno. Después, el Phone Lab, un rincón en el que cada uno podía personalizar su funda de móvil dándole el toque MAC con charms como si fueran toppings para personalizar tu look, igual que eliges tu sombra o iluminador favorito. Más adelante, el Gift 4U, donde recogías un regalito especial. Y finalmente, el Ice Cream Break, en la tienda MAC de Pascual y Genís 24.

Durante el recorrido, te daban una tarjeta que iban cuñando en cada paso, y una vez la completabas, podías canjearla por un helado bien frío de fresa o frambuesa, que refrescaba a todo aquel que pasara por allí.

MAC lo tenía todo pensado. Hasta repartieron paraguas con el nombre de la marca para protegerse del sol abrasador como el que sujetaban EvaLago y Dana Hoyos. Un detalle que sin duda se agradece.

Y, por supuesto, a este evento no podían faltar algunas de las influencers del momento como Marta Cuéllar (@marta4cuellar) o Karolina Blondie (@karolinablondie) , entre otras, que no quisieron perderse esta experiencia beauty con sabor a verano.

Pero por mucho lip liner y gloss que llevemos, el calor sigue teniendo ese efecto inevitable: nos hace sentir pegajosos, incómodos, y con la sensación de que cualquier outfit, por muy pensado que esté, termina por deshacerse a los diez minutos de salir a la calle. La ropa se pega, el maquillaje se derrite, y lo único que apetece es volver al aire acondicionado.

Entonces, ¿cómo se sobrevive a este calor sin rendirse del todo al chandal o al moño improvisado?

Estamos acostumbrados a la lista habitual: beber agua con frecuencia, evitar la exposición directa al sol durante demasiado tiempo, aplicarse protector solar… En fin, todos esos consejos que te dicen en la tele, Chat GPT o cualquier persona que te quiera.

Pero, en esas situaciones también puedes recurrir a Voira, una marca valenciana que ha sabido encontrar ese punto medio entre funcionalidad y estética. Fundada este pasado abril por Empar Hoyo, tercera generación de una familia abaniquera, la firma ofrece una colección de seis abanicos con un diseño cuidado que combina tradición y modernidad: cada uno incluye cabo de piel y un charm con la inicial, pensados para convertirse en piezas personales y únicas.

Su objetivo es claro: reinventar el abanico, un símbolo cultural profundamente valenciano, y transformarlo en un accesorio moderno, deseado y funcional. Un gesto clásico que vuelve a tener protagonismo en los días de más calor , y, por qué no, en los looks más pensados del verano. Sin duda, un imprescindible este julio (y lo que queda por delante). Este tipo de accesorios nos vienen muy bien también para todas esas bodas de verano.

Imaginaros esto: ellos, impecables con sus trajes o chaqués (aguantando el calor como nunca aunque no lo digan), ellas con sus vestidos fluidos y coloridos con un tocado a juego con su abanico. Y los novios… bueno, ahí no podía faltar una boda fallera con un diseño fresco, estilo único como la de la fallera mayor infantil de València en 1996, Lucía Andrés Zarapico, que llevó un vestido con impronta propia y la del inolvidable Enrique Marzal, su particular padrino en la indumentaria a lo largo de toda su vida.

Reunió a numerosos amigos para su enlace con Javier Donat, con quien va a compartir vida después de años compartiendo pasión por las fallas, por la Falla del Regne y por los Teatre Faller, ya fuera detrás o delante de las bambalinas.

Allí estuvieron falleras mayores infantiles de València como Patricia Sanz (1986), Elena Corbellas (1991), Lorena Cervera (1994) y, por supuesto, su fallera mayor, Elena Muñoz (1996). Ambas están a punto de celebrar el 30º aniversario de una llamada telefónica que cambió sus vidas. Las que los llevó a lo más alto de la fiesta.

Un buen vino tambien se agradece en esta época, y Toni Sarrión lo confirma a través de la nueva añada de su exitoso Mestizaje blanco que presentó junto a Miguel Donat de Voravins en Mi Cub, uno de los locales más icónicos del Mercado de Colón. La añada de 2023 fue cálida mientras que la nueva de Mestizaje Blanco, gracias a las precipitaciones del pasado año, ha resultado ser más fresca, con más equilibrio y redondez y con mejor acidez y menos grado alcohólico. Para Toni Sarrión su perfil es «voluptuoso y aromático, es un vino vertical, más mineral y encuentra la frescura y plasma claramente su carácter mediterráneo».

Con todo esto creo que podemos decir que intentar sobrevivir a una València a 30 y pico no va solo de encontrar una buena sombra y aire acondicionado, sino de descubrir esos pequeños rituales que nos hacen olvidar, aunque sea por un rato, que nos estamos derritiendo: una copa compartida, un helado en una pop-up que convierte el calor en excusa para vernos las caras, un abanico que hace que vestirse para salir se nos haga menos cuesta arriba y unas bodas donde el catering y la buena compañía puede hacer de nuestro verano inolvidable.

Ah bueno, ¿y cómo se me pueden olvidar esos maravillosos tardeos tan nuestros? Donde el vino y los atardeceres nos hacen recordar lo mágico que puede ser el verano. Aunque para hablar de vino y atardeceres os lo contaré la semana que viene y aviso que viene con vistas incluidas (literalmente).

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