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Naufragios

Marineros de todas las flotas urgen mejorar su seguridad: "Estamos igual que en los 50"

Reivindican un grupo de trabajo ambicioso para renovar protocolos: "Mis apuntes del año 96 son los mismos que se estudian ahora" | Abogan por comunicaciones digitales, señales de alarma de colisión o balsas con radiobaliza

Tripulantes del 'Argos Georgia', con el buque a punto de hundirse.

Tripulantes del 'Argos Georgia', con el buque a punto de hundirse. / Royal Air Force

Lara Graña

Vigo

El Montrove fue un buque congelador de poco más de 33 metros de eslora entregado en octubre de 1964 por la antigua Astano. Su última marea arrancó el 19 de julio de 1984, cuando partió del puerto de La Luz (Las Palmas) con 16 hombres en la tripulación. A bordo llevaba piezas de repuesto para otro pesquero, el Porlamar, que fue el que dio la voz de alarma: ni había recibido esas piezas ni sabía nada de los compañeros. Era ya día 13 de agosto. Nunca más se supo nada del Montrove.

Han pasado más de cuatro décadas y unas cuantas revoluciones digitales y tecnológicas. Pero un escenario así, el de una desaparición en alta mar, no es ningún argumento de ciencia ficción para el sector pesquero actual. Más bien una espada de Damocles que se levanta día tras día sobre miles de marineros en caladeros de todo el planeta. "¿Cómo cojones fuimos capaces de encontrar las balsas del Villa de Pitanxo?", ilustra un oficial del caladero de NAFO. "Porque las localizó el portugués [en referencia al Novo Virgem da Barca], fue por eso. Murieron de frío porque estuvieron horas a la deriva, no se llegó a tiempo". No hay un sistema de radiobaliza a bordo de las balsas salvavidas, que es el dispositivo —también denominado EPIRB, por Emergency Position Indicating Radio Beacon— que envía una señal digital (satélite) y analógica para marcar la posición de socorro. Tampoco en los trajes de supervivencia. Y no las hay porque la normativa no lo requiere. Así que las balsas del Pitanxo fueron localizadas por suerte, como sucedió también con las del palangrero Pico Tres Mares, hundido a mil millas de la costa de Chile en marzo. De este 2025, sí.

Ricardo (no es su nombre real) es oficial en otro arrastrero congelador y opera en aguas gélidas, prácticamente árticas. "Tenemos que llevar un sistema obsoleto de comunicación, el Inmarsat. Hemos llegado a estar incomunicados durante días porque a partir de cierta latitud no da señal. Me harté de llamar durante días y días y no me contestó nadie. Si nos llega a pasar algo nadie hubiese sabido dónde buscarnos". Puso proa al sur y abandonó la zona. Todavía lleva el Inmarsat, para nada. Pero es obligatorio. "Estamos con normativas de hace 50 años. Damos pena". Para cuando desapareció el Montrove el Convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar (SOLAS) llevaba diez años en vigor (1974). No se ha hecho uno nuevo —ha sido sometido a cambios, a remiendos— desde entonces.

FARO ha contactado esta semana con cargos de a bordo que operan o lo han hecho en todos los caladeros, desde Malvinas, Mar de Bering, el Índico, el Pacífico suroriental, Mauritania o las Georgias del Sur. Es un clamor. "Podríamos hacer un buen equipo entre todos, un grupo de trabajo de verdad. Con gente experta en seguridad, ver los problemas que hay y adaptarnos, renovar los sistemas y protocolos, pero no se hace", expone Ángel —tampoco es su nombre real—, el que participó en el operativo del Pitanxo. Y remacha José, desde algún punto en la costa mauritana, que acaba de vivir el naufragio del Tafra 3. "Pasan cosas y no progresamos en nada. Con el Pitanxo no se sacó nada en limpio, nada. Estamos totalmente obsoletos y nadie pelea por nosotros".

Los dispositivos

Una de las demandas que exponen los marineros consultados es la de mejorar los protocolos de abandono. "El que tenemos dice que el cocinero cogerá agua y víveres, ¿se supone que en medio de una emergencia se tiene que poner a cortar cachos de queso para las balsas? No tiene ningún sentido", exponen desde otro pesquero de Terranova. "La formación es bastante mala. En un puerto como el de Vigo, que presume de ser el más importante de Europa, tendríamos que ser la cuna en materia de seguridad. Pero damos vergüenza y pena". Apunta Ángel que sus apuntes del año 1996, cuando obtuvo su primera titulación, "son los mismos letra por letra que los de hoy". "No llevamos radiobaliza en las balsas pero sí un aparejo, por si nos da por pescar".

Figuremos que se produce una vía de agua masiva en un pesquero del caladero de NAFO (como el Pitanxo, con 21 muertos) o cerca de las Georgias del Sur (Argos Georgia, 13 fallecidos). ¿Cómo lanzar la emergencia? Hay buques que llevan a bordo el costosísimo sistema vía satélite Iridium, y buena parte de la flota ha optado ya por los satélites de la red de Starlink, con red en cualquier parte del mundo. Pero no son obligatorios. "Se podría diseñar una aplicación móvil, porque nosotros ahora usamos el teléfono, para emitir una señal satelital inmediata de emergencia", propone Ricardo. Como el pitido Es-Alert que se lanzó por las danas en Valencia y Madrid, por ejemplo. Con posición geográfica y con avisos dentro del propio barco, "porque en máquinas a veces hay mucho ruido". En el siniestro del Tafra 3, en el que fallecieron cinco marineros, ni siquiera se activó el botón distressed que va en las telefonías. "Claro que se puede hacer, pero aquí no se actualiza nada desde los años 50". La rapidez en la asistencia es vital. "En aguas gélidas la supervivencia es de minutos".

Y lanzarse al agua en una balsa no es lo mismo que hacerlo en un bote cubierto, que ya han empezado a instalar pesqueros españoles, como el vasco Egunabar. Pero no es obligatorio, claro. "Nosotros —expone Ángel— tenemos una línea de vida en cubierta", de modo que los marineros van trincados para evitar caídas al agua. Pero, de nuevo, son mejoras realizadas por propia voluntad de cada casa armadora. Como la compra de trajes de inmersión de última generación, que permiten resistir en aguas congeladas bastante más que los escasos 5 minutos de los que llevan a bordo la mayoría de los pesqueros. "¿Cómo es posible —remacha José— que los trajes sigan estando en un pañol en la proa, y no más accesibles? ¿Cómo no obligan a un sistema de alarmas de proximidad, aparte del radar, que salte ante un riesgo real de colisión?".

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