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20 años de la ley antitabaco que cambió el ocio y la salud pública de España
En enero de 2006 se prohibió fumar en los interiores de bares, restaurantes y otros muchos centros y se acentuó el descenso en el número de consumidores de tabaco
Médicos, instituciones y activistas piden limitar los cigarrillos también en exteriores, mientras la hostelería se queja de un agravio comparativo con otros países

Gente fumando en la Sala Apolo de Barcelona el 29 de diciembre de 2005. / MARTA JORDI
Daniel G. Sastre
Quien tenga la edad suficiente para llevar 20 años en un empleo recordará seguramente la presencia del humo en su lugar de trabajo antes de la aprobación de la ley antitabaco que entró en vigor en enero de 2006. Y no solo en los lugares de trabajo; antes de ese año, se fumaba en los espacios interiores de bares y restaurantes, de los hoteles, de las universidades, de los hospitales, en centros comerciales, en los transportes.
Hasta ese momento, lo que parecía inconcebible es la situación actual. “Nadie puede discutir que el balance es positivo. Fue un gran cambio en la salud pública de nuestro país. Nadie echaría ahora marcha atrás, a pesar de toda la controversia que hubo en su momento”, dice Raquel Fernández Megina, presidenta de la asociación Nofumadores. Se refiere a algunos sectores, sobre todo el de la hostelería, que mayoritariamente se llevaron las manos a la cabeza con la ley. Semanas antes de su entrada en vigor, la Federación Española de Hostelería (FEHR) calculaba en 1.600 millones de euros los perjuicios que iba a acarrear a bares y restaurantes. También auguraba la pérdida de 20.000 puestos de trabajo.
“Es evidente que hoy está absolutamente normalizada e interiorizada” la ausencia de humo en interiores, admite Emilio Gallego, secretario general de Hostelería de España, la organización empresarial de referencia del sector. “En su momento, hace 20 años, nosotros hicimos dos tipos de observaciones a la ley. En primer lugar, que el impacto era grande desde el punto de vista económico porque su aplicación no fue progresiva ni gradual, y más en una situación de crisis. En segundo lugar, hicimos críticas a la marcha adelante y atrás con las zonas de fumadores”, añade.
En efecto, en la ley de 2006, aprobada durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, permitía algunas áreas de tolerancia con el humo, pequeñas y con ventilación acondicionada, en determinados locales. Una norma posterior, aprobada en 2010, acabó con esas excepciones.
La 'desnormalización' del tabaquismo
“En los últimos 20 años hemos avanzado mucho o muchísimo”, resume por su parte Esteve Fernández, secretario de Salut Pública de la Generalitat, que anteriormente fue el jefe del Programa de prevención y control del cáncer del Instituto Catalán de Oncología. “La ley de 2005 y la mejora de 2010 fueron saltos impresionantes. Han conseguido disminuir la prevalencia del tabaquismo, y han logrado en buena medida la desnormalización del tabaquismo: antes era normal ver a la gente fumar en todas partes”, recuerda.
También en los centros sanitarios. “En aquellos momentos”, justo antes de la aprobación de la ley antitabaco de 2005, “todavía había sitios dentro del hospital donde estaba permitido fumar”, subraya la doctora Enriqueta Felip, jefa de la Unidad de Cáncer Torácico y de Cabeza y Cuello dentro del Departamento de Oncología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. “Fue un cambio fundamental. Yo me dedico al cáncer de pulmón: entre el 85% y el 90% de los cánceres de pulmón tienen relación con el tabaco. Y, aunque siguen aumentando entre las mujeres, porque se incorporaron más tarde al hábito tabáquico, entre los hombres ya están disminuyendo”, afirma Felip. No solo eso: “Aproximadamente el 18% de la mortalidad por cáncer se debe al tabaco, porque también tiene una gran relación con el cáncer de vejiga, de páncreas, de esófago…”.
Mínimos históricos
Según los datos del Ministerio de Sanidad y del INE, el número de fumadores diarios ha caído de manera acusada desde la aprobación de la ley de 2005. En 2001 fumaba cada día en España el 31,7% de la población mayor de 15 años, un 40,3% de los hombres y un 23,2% de las mujeres. En 2011, el total de fumadores diarios se había reducido hasta el 23,9%. En 2023, último año con estadísticas disponibles, solo fumaba el 16,6% de los mayores de 15 años, un 20,2% de hombres y un 13% de mujeres. Pese al aumento de población del país, que hoy tiene casi nueve millones más de habitantes que en 2001, ese año fumaban en España 13,3 millones de personas, frente a los 7,1 millones, algo más de la mitad, de 2023. Cada año se baten los mínimos históricos.
Diferentes estudios situaron en el entorno del 20% el descenso de infartos de miocardio en los años inmediatamente posteriores a la aprobación de la primera norma. La efectividad de la ley antitabaco en la salud pública está, pues, clara, y también hay una mirada positiva global sobre ella 20 años después de su entrada en vigor. Las opiniones dejan de coincidir cuando se aborda el futuro de las medidas contra el tabaquismo.
El Ministerio de Sanidad presentó en septiembre un anteproyecto de ley que busca ampliar los espacios libres de humo y adaptar la normativa a los nuevos proyectos relacionados con el tabaco. El proyecto contempla la prohibición de fumar en playas, parques infantiles, campus universitarios y vehículos laborales, pero, como en 2006, el principal campo de batalla está en los bares y los restaurantes, que se verían obligados a impedir el uso del tabaco también en las terrazas.
Una excepción en Europa
En esta ocasión, las protestas de los hosteleros van sobre todo en dos direcciones: piensan que la nueva ley provocaría un agravio comparativo con los países del entorno y no ven claro que los perjuicios para la salud del humo del tabaco en exteriores sean equiparables a los que produce en las zonas interiores. “No entendemos el foco que el Gobierno ha puesto sobre nosotros”, dice el secretario general de Hostelería de España. “Nos parece un exceso que no está justificado. Evidentemente en un espacio abierto hay miles de sustancias que pueden ser perjudiciales, como el tráfico rodado, pero el humo del tabaco no supone un problema de convivencia, en las terrazas, entre fumadores y no fumadores”, sostiene.

Personas fumando en las terrazas del centro de la ciudad de Barcelona. / MANU MITRU
“Pero sobre todo a nosotros lo que nos parece más extemporáneo es que no procede por la comparación con el resto de países europeos. Solo hay una prohibición así en Suecia, y está claro que las condiciones de uso de las terrazas no son las mismas, allí se hace un uso mucho menos intensivo”, continúa Gallego. Su asociación tiene la esperanza de que la norma no salga adelante, porque “tiene un problema de técnica jurídica”: según Hostelería de España, la ley “es una intromisión en las competencias de las comunidades autónomas”, por lo que confían en que “la minoría catalana y la minoría vasca” se opondrán a ella en las Cortes.
El resto de entrevistados, que defienden sin matices un endurecimiento de la norma, saben que “ni en Portugal, ni en Francia, ni en Italia, ni en Grecia, ni en Alemania”, como recuerda el empresario, está prohibido fumar en los espacios exteriores de los negocios de hostelería. Pero no les parece negativo que España sea pionera en legislar al respecto; todo lo contrario. “Han pasado 20 años y el mundo ha evolucionado, y nos hemos quedado atrás. Tenemos que ganar para la salud también los exteriores, y desvincular el consumo de tabaco, también las nuevas formas de consumirlo, con el ocio”, sostiene la presidenta de Nofumadores. “¿Qué hay de malo en ser los primeros en aplicar una medida que va a ayudar a la salud pública?”, se pregunta también, antes de subrayar que la nueva ley “ayudaría a toda la ciudadanía, porque el 70% de los fumadores quiere dejar de fumar, o fumar menos”. “Y también a los no fumadores, incluidos los trabajadores de hostelería, donde también hay personas con afecciones oncológicas o respiratorias, o mujeres embarazadas”, añade Fernández Megina.
Contra el "cataclismo económico"
“Las concentraciones de humo en terrazas son inadmisibles”, asegura también el secretario de Salut Pública catalán. “Y por eso está justificada la nueva ley, y también por profundizar en la desnormalización del tabaco. Como en 2005 o en 2010, tampoco ahora habrá un cataclismo económico en la hostelería”, pronostica.
Incluso echan de menos en la nueva ley más progresos en un aspecto: el etiquetado genérico de los paquetes de tabaco. “Es una de las medidas más innovadoras que se han introducido en los últimos años en muchos países: Francia, el Reino Unido, Irlanda o México lo tienen. Se lo inventaron los australianos hace casi 15 años, y consiste en que el paquete pierda las características de la marca de tabaco. Es decir, que el Marlboro deja de ser rojo y blanco, y la fuente y el tamaño de las letras de los nombres de todas las marcas son los mismos, con el mismo color, y al mismo tiempo se hacen más grandes las imágenes y los mensajes de advertencia. Eso se ha visto que funciona, y es bueno, bonito y barato, pero en España hay mucha reticencia”, explica Esteve Fernández.
La doctora Enriqueta Felip también recuerda iniciativas como la que ha emprendido el Reino Unido, que aprobó una ley que prohíbe la venta de tabaco a los nacidos después de 2008. “El objetivo tiene que ser crear una generación libre de humo, y aquí incluiría también el vapeo”, dice. Los nuevos dispositivos crean controversia, porque aunque una parte de la industria y de los fumadores los ven como una alternativa menos dañina, las instituciones y los activistas piensan que son una puerta de entrada al consumo de cigarrillos tradicionales.
El tabaco en series y películas
En este sentido, también preocupa a los expertos una cierta relajación en la manera de enfocar el tabaquismo en los productos de ficción, sobre todo en los dirigidos a los jóvenes. En las series que abordan diferentes momentos históricos, como la recientemente estrenada ‘Anatomía de un instante’, que desmenuza el golpe de Estado del 23-F, sorprende la cantidad de los cigarrillos que se consumía entonces, y su ubicuidad. Fernández subraya que desde el Instituto Catalán de Oncología se han hecho dos estudios al respecto de la presencia del tabaco en películas, y llama la atención sobre la presencia de “imágenes gratuitas de fumadores”, aunque admite que es “difícil de legislar sobre asuntos como la publicidad o la presencia en internet” del tabaco.
Todos los que están preocupados por que continúe la ‘destabaquización’ en España y la mejora de los últimos 20 años no se revierta piden que los jóvenes no olviden los peligros del humo. “Aunque es verdad que no es una cosa que pase inmediatamente, el tabaco aumenta, de forma inevitable y clarísima, el riesgo de contraer algunas enfermedades”, recuerda Felip.
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