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Platón, filósofo de la antigüedad: "La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos"

El pensador ateniense, que vivió en el siglo V a. C., insta a poner el foco en nuestro interior y en lo realmente importante, en vez de vivir con una sensación de constante insatisfacción por lo que no tenemos

Estatua de Platón, gran filósofo de la antigüedad con influencia en el pensamiento occidental pese a que vivió en el siglo V a. C.

Estatua de Platón, gran filósofo de la antigüedad con influencia en el pensamiento occidental pese a que vivió en el siglo V a. C. / Levante-EMV

Marga Vázquez

Marga Vázquez

Platón es uno de los grandes filósofos de la antigüedad y, pese a que vivió en siglo V antes de Cristo, su influencia en el pensamiento occidental sigue vigente y es, de hecho, enorme. Sus enseñanzas son múltiples y diversas, aunque hay algunas que han conseguido mayor grado de popularidad que otras. Una de sus frases más célebres habla de la felicidad y de la vida interior y contrapone los deseos e impulsos frente al dominio de uno mismo y el autoconocimiento.

La sentencia resume a la perfección uno de los pilares más profundos del pensamiento de Platón: "La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos", una idea permanentemente presente en sus diálogos y, de manera especial, en La República, casi con toda probabilidad su obra más conocida y donde se incluye el archifamoso mito de la caverna.

Qué quiere decir Platon

Lo que quiere decir Platón con esta frase es que una persona no es pobre sólo cuando posee pocos medios materiales, sino cuando nunca tiene suficiente y, por lo tanto, jamás va a estar satisfecho. Siempre querrá más y esos deseos desmedidos dominarán su vida hasta el punto de adueñarse por completo de su voluntad.

La expresión está íntimamente ligada a otra sentencia lanzada por Platón y que hace algún tiempo saltó al imaginario popular gracias al anuncio de una conocida marca de muebles y decoración: "No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita".

Con aquel spot, la firma hacía hincapié en los nuevos valores de los hogares españoles y en cómo se redefine y entiende la prosperidad y la felicidad: poner el foco en el disfrute de las pequeñas cosas de la vida, de la familia, de los amigos, del hogar... en vez de centrarse en la consecución y acumulación de bienes materiales que apenas proporcionan un goce instantáneo que poco aporta al interior del ser humano.

Y eso es precisamente lo que Platón quiere decir, ya que el filósofo ateniense no habla de manera exclusiva de medios económicos, sino que va mucho más allá al afirmar que "la pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos".

Vida interior frente a frustración

El problema para Platón es el crecimiento de los deseos hasta el punto de apoderarse de la voluntad humana y hacer que el alma pierda su equilibrio. Para él, la pobreza no es sólo económica, sino interior. Una vida en la que el querer constante, el deseo sin límite, es el faro que guía los pasos de un ser humano, hace que éste se torne extremadamente dependiente del exterior para conseguir la felicidad. Y la dicha no está fuera, sino dentro de uno mismo.

En este punto, la enseñanza de Platón se vuelve tremendamente actual. Nuestra vida de hoy en día, sometida a un entorno que de manera constante genera deseos y donde la comparación entre personas es continua, lo que entendemos como suficiente cambia una y otra vez sin tiempo a adaptarnos y provocándonos una persistente sensación de insatisfacción.

Traducido de otro modo: personas a las que no les falta el alimento y, por tanto, no pasan hambre (una de las necesidades reales que el ser humano sí debe cubrir), que tienen acceso a la tecnología y que gozan de un mundo repleto de opciones, viven sin embargo en una permanente sensación de carencia, descontento y frustración debido a lo que no poseen, en vez de centrarse en lo que sí tienen y lo que realmente es importante para la vida, más allá de lo superfluo.

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