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Reportaje

Lo que 'Sirat' no cuenta sobre cómo salir de un campo de minas

La Brigada Guzmán el Bueno, de Córdoba, dispone de una unidad de zapadores especializada en la detección y neutralización de este tipo de artefactos

Detección y lucha contra las minas

Detección y lucha contra las minas / Ramón Azañón

Adrián Ramírez

Córdoba

No suena nada. No hay pitido. No hay aviso. En un campo minado, la primera señal suele ser la peor: el instante en que entiendes que has avanzado demasiado. En la película 'Sirat', de Oliver Laxe, que está nominada al Oscar a mejor película internacional, todo cambia en segundos: un paso, una duda, demasiado ruido. Fuera de la pantalla, ese ruido existe de verdad. Y entonces casi todo depende de lo mismo: de lo que hagas —o de lo que no hagas— en los siguientes instantes.

Cómo actuar

La Brigada Guzmán el Bueno (BRI X) cuenta con una unidad de zapadores, encargada de localizar e inutilizar artefactos explosivos. Aunque en España no es un riesgo habitual, sí lo es en otros escenarios donde opera la brigada, como Líbano. El comandante Alejo resume el protocolo de actuación con una frase: "Es lo contrario a lo que se hace en la película". En el filme de Oliver Laxe —ojo, spoilers—, tras la primera explosión cunde el pánico y el grupo se mueve de forma desordenada, lo que activa más minas y desencadena una cadena de detonaciones.

Con formación nacional y europea y cerca de dos décadas de experiencia en este ámbito, Alejo insiste en dos ideas: mantener la calma y avisar. En 'Sirat', explica, el primer error es no darse cuenta a tiempo de que están en una zona minada. El propio paisaje —una planicie árida con restos de vehículos— ya debería disparar la alerta: "Es un entorno compatible con un campo de minas", señala.

¿Cómo confirmarlo? Más allá del contexto, Alejo cita dos indicios clave: por un lado, la presencia de señales en el terreno, "incluida la propia mina"; por otro, la existencia de "una baja o un herido". A partir de ahí, el primer paso es claro: alto inmediato. Sin moverse, hay que informar al resto de que se encuentran en un campo minado y dar aviso para que una unidad especializada pueda sacarlos de la zona. "La calma y la inmovilidad" no son una recomendación: son la diferencia entre salir o agravar el peligro. Es entonces cuando entra en acción el batallón de zapadores. Alejo explica que, sobre el terreno, el escenario puede dividirse en dos: que existan o no huellas visibles. Si las hay, en determinados casos podría autorizarse a las personas a retroceder sobre sus propias pisadas, aunque advierte de que no es un gesto tan intuitivo como parece: "Requiere formación específica y entrenamiento".

La BRI X recalca que, en una situación así, mantener la calma, no moverse y avisar al personal es esencial para salir con vida

Si no hay marcas, se recurre a la llamada técnica del sondeo. Los especialistas trabajan con procedimientos que permiten explorar el terreno con seguridad y, a partir de ahí, abrir una brecha: un camino seguro por el que evacuar a las personas, siempre bajo indicaciones y con un control estricto de movimientos. Para agilizar el trabajo, cuentan también con medios especializados, como detectores.

Las minas, el mejor soldado

"Las minas son el soldado perfecto", resume Alejo. "Requieren una inversión de entre tres y quince euros y un coste de retirada de entre 300 y 1.000". "Nunca duermen y pueden causar bajas en cualquier momento", añade.

El riesgo, además, no se limita a fuerzas estatales. Las minas —y artefactos similares— están al alcance de actores no estatales, y han sido empleadas por grupos rebeldes o terroristas. En este contexto, el comandante recuerda los IED (artefactos explosivos improvisados), cargas fabricadas de forma casera con un efecto comparable al de una mina. Han sido utilizados en distintos escenarios, desde ETA hasta Afganistán, donde la soldado Idoia Rodríguez murió tras la explosión de una carga colocada por los talibanes en su vehículo. Su peligrosidad, explica, radica en que "buscan un efecto concreto" y presentan "una amplia variedad de diseños y empleos". Alejo señala que estos artefactos pueden situarse en muchos puntos, aunque suelen aparecer en líneas de confrontación, posiciones defensivas, instalaciones abandonadas, infraestructuras como redes eléctricas o incluso poblaciones. En maniobras, apunta, no es infrecuente trabajar con este tipo de supuestos.

También hay múltiples tipos de minas: contra personal, contra carro, antimanipulación y hasta contra helicópteros. Y no todas se activan por contacto: algunas lo hacen por proximidad, por efectos sonoros, por radiofrecuencia o incluso por inducción electromagnética. "Muchas veces pensamos en el caso más clásico, pero no es el único ni mucho menos", recalca.

El procedimiento para localizar e inutilizar estos riesgos ha evolucionado en los últimos años y, según el comandante, hoy existe "un gran repertorio" de medios y técnicas. Aun así, puntualiza que no pueden detallar los procedimientos operativos ni los tiempos de actuación, porque "no son fijos" y dependen de cada situación y del margen disponible. En lo que no hay variación, concluye, es en la prioridad: "Siempre manteniendo las condiciones de seguridad".

La Guzmán El Bueno, una unidad preparada para detectar y desactivar minas

Evasión de un campo de minas. / Ramón Azañón

Si una persona entra en un campo de minas, el comandante de la Guzmán el Bueno, Alejo, advierte de que "una reacción impulsiva puede ser letal". Por eso, lo primero que se debe hacer es detenerse de inmediato, algo que debe replicar el resto del grupo. A continuación, el soldado que haya detectado el peligro tiene que gritar "¡minas!", una alerta que debe repetir el resto del equipo. El siguiente paso es informar a la cadena de mando para que active la intervención de personal especializado.

Cuando entra en acción la unidad de zapadores, se inicia un trabajo metódico desde la zona segura hasta la posición del personal atrapado. Para ello, realizan un sondeo progresivo con redes y objetos punzantes. "Este proceso será lento y controlado", explica Alejo. A medida que avanzan, las minas localizadas se señalan y se va delimitando un pasillo de seguridad por el que deben salir las personas. Esta operación debe repetirse tramo a tramo entre el punto seguro y el lugar donde se encuentran los afectados. Además, el batallón dispone de material especializado que agiliza la tarea.

La Guzmán El Bueno, una unidad preparada para detectar y desactivar minas

Apertura de brechas. / Ramón Azañón

Los zapadores, explica Alejo, son "claves para la movilidad de las fuerzas", ya que permiten que estas "puedan avanzar con seguridad". Para ello, disponen de distintos medios con los que abrir brechas, despejar áreas peligrosas —como un campo de minas— y crear un pasillo seguro por el que progresar. El comandante distingue tres grandes tipos de procedimientos: manuales (sondeo y detectores), explosivos (detonaciones controladas) y mecánicos (rodillos o arados en vehículos).

En este caso, la BRI X realiza una apertura de brecha mediante una manguera dragaminas explosiva ligera. La maniobra sigue una secuencia precisa: primero se lanza humo para ocultar el movimiento; después desembarca el pelotón y toma posiciones; a continuación se despliega la manguera, se repliega el personal y, una vez ejecutada la detonación, se cruza la brecha y limpia el núcleo urbano. Alejo explica que la manguera es un sistema que "proyecta una carga lineal sobre el terreno" y que provoca "una detonación controlada que neutraliza o activa los artefactos que se encuentran en la zona", como puede ocurrir con las minas.

La Guzmán El Bueno, una unidad preparada para detectar y desactivar minas

Amenaza de IED. / Ramón Azañón

El comandante Alejo alerta del riesgo que representan los artefactos explosivos improvisados (IED), que están "fabricados de forma artesanal e incorporan materiales destructivos letales". Estos dispositivos, advierte, "buscan sorprender" y "no se deben confundir con las minas de un campo de minas". Pueden ser desde rudimentarios hasta incorporar tecnología avanzada, lo que incrementa su peligrosidad y complica su detección.

Para contrarrestarlos existen distintos procedimientos. En este caso, la brigada aplica la técnica 0-5-25, que consiste en inspeccionar el entorno en tres radios de distancia para identificar indicios de amenaza. Además, se realiza el reconocimiento del itinerario con detectores. Para ello, el personal desembarca del vehículo y adopta una formación en V, manteniendo distancias de seguridad, mientras un zapador avanza con el detector sobre la zona de rodadura. Si localiza un posible artefacto, informa de inmediato y el grupo se repliega para señalizar la amenaza. A continuación, se retira el último zapador y se activa al equipo de desactivación de explosivos, que se encarga de neutralizar el dispositivo.

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