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A mesa puesta

Semana de cuchillo y tenedor en Valencia, con un final que nos recuerda que incluso lo que comemos tiene consecuencias

Gadea Fitera

Gadea Fitera

Ha sido una de esas semanas en las que una se da cuenta de que en Valencia la vida social empieza (y muchas veces termina) alrededor de una mesa. No sé si es herencia mediterránea, costumbre adquirida, o simple placer, pero aquí todo se habla, se entiende, y se negocia mejor con un plato delante.

La primera parada de la semana fue en el restaurante Alegal, que además de dar de comer bien tiene algo que no todos los sitios consiguen, personalidad. Es sin duda uno de los restaurantes más bonitos de Valencia, con esa estética art decó tan bien llevada, donde predominan los tonos dorados, las líneas geométricas, los espejos estratégicamente colocados y una iluminación tenue que hace que todo el mundo parezca más interesante (y más favorecido, que también se agradece).

Nada más llegar me encontré con el crítico gastronómico Pedro García Mocholí, acompañado de Adela Sáez y Álex Valmaña. Siempre es buena señal coincidir con gente que sabe de lo que habla, porque una automáticamente se pone en modo observación, qué piden, qué comentan, si levantan una ceja o sonríen en silencio.

La nueva carta de Alegal mantiene esa línea de cocina cuidada, sin estridencias, pero con intención. De esas que no necesitan hacer ruido porque saben lo que hacen. Y mientras probábamos platos y comentábamos la jugada, pensaba que hay restaurantes que no solo alimentan, sino que construyen un pequeño universo donde uno se siente a gusto sin saber muy bien por qué. Por no hablar de que estoy totalmente IN-LOVE con su cuarto de baño (¿se puede decir que una se ha enamorado de un baño?)

Si el día que me muera voy al cielo, allí quiero que estén esperando junto a la tarta de manzana de Fabian, el puré de patatas de Joël Robuchon, y el tomate nitro de Dani García, el pan con mantequilla y pimienta de Alegal. Decir también que el steak tartar y las croquetas de puchero estaban buenísimas, pero el postre de Kinder es algo totalmente supremo.

De ahí pasamos a otro registro completamente distinto, pero igualmente interesante, la inauguración de Forja, el nuevo concepto gastronómico situado prácticamente frente al aeropuerto de Manises. Un lugar que por ubicación podría parecer de paso, pero que aspira (y probablemente consiga) convertirse en destino.

Forja juega en otra liga, con un espacio amplio que pretende crear una experiencia inmersiva, recreando un mundo onírico y un punto salvaje, a través de la selva que se refleja en sus paredes y las columnas que como árboles ramificados sostienen el techo. Para mi el resumen es que se trata de un restaurante de producto de temporada, para comer bien y con una carta de vinos interesante.

El restaurante forma parte del ecosistema SKY, que han llevado adelante Antonio García, Vicente Beltrán, Héctor del Barrio, Emilio del Barrio, y el conocido Pablo Montoro como director gastronómico.

De lunes a viernes a mediodía funciona como Business Lunch Club, pensado para ese público ejecutivo que necesita comer bien sin perder el ritmo del día, y de jueves a sábado se transforma en The Place to Be, con música en directo, DJ sets que se mueven entre el jazz y el blues, coctelería de autor y un ambiente mucho más social y lleno de sorpresas.

La inauguración fue un derroche de fantasía, con bailarinas llenas de plumas, música en directo, y muchas caras conocidas. Nada más entrar me encontré con David Escolá, Paco Ballester y Carlos Gascó. Muchas influencers del mundo foodie como Natalia Reyes, Marii Reyes, Maria Scals Polop, o Karolina Kokleviciute.

No quisieron perderse la velada el ex futbolista Paco Camarasa, acompañado de Elena Martínez, Juana Valiente, y el conocido humorista Raúl Antón (que yo personalmente adoro sus videos sobre la ruta del Bakalao)

Entre los platos, me quedo sin dudarlo con el arroz meloso de setas de temporada con carrillera de cerdo y trufa. También muy recomendable el steak tartar de solomillo con tuétano a la brasa, y de postre, una versión muy nuestra, la naranja valenciana con granizado de horchata y hierbabuena.

Después de tanto comer (y reflexionar sobre lo comido, que eso también lleva su tiempo) decidí compensar con un poco de cultura, que eso a mi me alimenta el alma tanto o más que lo otro.

Hasta el 11 de abril pueden ustedes visitar en la galería The GRAPA – Valencia la exposición “El efecto mariposa” de Silvia Viana. Ya conocen ustedes la teoría, un pequeño gesto puede desencadenar consecuencias imprevisibles a gran escala. Pues bien, Viana toma esa idea y la lleva a un terreno mucho más incómodo y necesario.

A través de sus obras, plantea cómo cada decisión tiene un impacto que va mucho más allá de lo que percibimos. La exposición no es especialmente complaciente, pero tampoco pretende serlo. Invita a mirar de frente los mecanismos del capitalismo global, ese sistema donde poder, acumulación e indiferencia conviven con una naturalidad que a veces asusta. Y lo hace sin estridencias, sin moralinas fáciles, pero con suficiente fuerza como para que uno salga de la galería pensando un poco más de la cuenta, que tampoco viene mal.

Estuve allí compartiendo estos profundos pensamientos con Alejandra Garijo, mi querido Marc Insanally, Irene Alfonso, Ana Valcárcel Gómez, Isabelle Dudzinski, Inma Rodríguez García, Carlos Roquite y Nuria Marín Luque.

Al final me di cuenta de que la semana había tenido cierto hilo conductor, el de las decisiones. Qué comemos, dónde vamos, qué apoyamos, qué ignoramos. Por eso es importante pensar siempre antes de hablar o actuar. Recuerden ustedes que somos esclavos de nuestras palabras (y actos, añadiría yo), pero dueños de nuestros silencios.

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